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Han dado a conocer ya los datos recogidos en los dos primeros meses de pandemia, cuando se estaba en confinamiento y el inicio de la desescalada ¿Qué conclusiones han obtenido?

«Efectivamente, el pasado mes de noviembre, dimos a conocer estos primeros resultados a la comunidad científica con el artículo COVID-19 Pandemic: Increased risk for psychopathology in Children and Adolescents?. La revista donde el artículo está siendo revisado antes de su publicación, solicitó la difusión online de una versión no revisada del manuscrito (preprint), algo muy común, dada la urgencia de conocer los datos relacionados con la COVID-19.

Nuestro objetivo inicial fue valorar si todos los factores estresores del confinamiento y de la crisis asociada a la COVID-19 llevaron a aumentar las alteraciones en las emociones y en la conducta de los niños y adolescentes y en concreto el riesgo de presentar un problema de salud mental. Para ello, iniciamos un estudio longitudinal, es decir, un estudio que recoge los datos a lo largo de los meses. Iniciamos el estudio a principios de mayo y lo cerraremos en enero del 2021, pero hemos analizado ya los datos de la primera evaluación de las familias que participaron, que son los datos que hemos dado a conocer.

De este primer estudio, hemos observado que el riesgo de presentar un trastorno de salud mental en la población infantil y juvenil podría haber aumentado en más del doble en relación a lo reportado durante el año anterior a la pandemia. En concreto, registra un incremento del 13% al 34.7% de riesgo de sufrir un trastorno de salud mental, principalmente con síntomas de depresión y ansiedad. Esto no significa que hayamos diagnosticado trastornos de ansiedad ni de depresión, sino que hemos encontrado un aumento significativo en estos síntomas, en comparación con lo reportado antes de la pandemia. Además, lo esperable es que este porcentaje disminuya a lo largo de los meses, y parte de lo observado forme parte de un proceso de adaptación. Por lo tanto, necesitamos la evaluación a lo largo de los meses posteriores para entender si este riesgo -basado en la observación de padres- se ha mantenido».

La pandemia de la COVID-19 y la salud mental de las mujeres

¿Estos síntomas han aparecido en todas las edades por igual?

«No, uno de los datos más interesantes precisamente es la diferencia entre niños y adolescentes.

Los niños y niñas de entre 4 y 9 años tienen el doble de probabilidades de tener síntomas significativos (riesgo de trastorno mental) en las áreas que hemos preguntado: ansiedad, depresión, hiperactividad, conducta, que los adolescentes.

Entendemos que la menor afectación de los adolescentes puede relacionarse con su mayor desarrollo en diversos niveles. Por ejemplo, los adolescentes disponen de mayor dominio de herramientas con las que mantener sus círculos sociales y de una mayor capacidad de autogestión de sus propias rutinas diarias, mientras que estas habilidades están todavía en desarrollo en los niños más pequeños, dependiendo en mayor medida de los padres y/o cuidadores. De hecho, los síntomas de ansiedad y estrés en padres o cuidadores predecían en nuestro estudio mayores niveles de síntomas generales (ansiedad, depresión, hiperactividad, conducta) en los niños más pequeños (menores de 9 años).  Otro aspecto a destacar es que la interacción de los niños más pequeños es más interactiva, más física, y más basada en el juego que los adolescentes, aspectos que fácilmente quedaron reducidos en el confinamiento con el cierre de las escuelas y parques.

Una de las limitaciones del estudio fue la escasa representatividad de los niveles socioeconómicos más bajos, que no nos permitieron evaluar la relación entre este factor y el aumento del riesgo de desarrollar un trastorno mental. Otros estudios sí señalan esta relación y por lo tanto, parece que estaría justificada una mayor supervisión en esta población doblemente vulnerable».

niños

¿Por qué es importante detectar este riesgo a edades tempranas?

«Sabemos que, ante situaciones de alto estrés, las respuestas normales de los niños y adolescentes pueden implicar cierto grado de expresión de ansiedad (incluyendo miedos, inquietud y otras expresiones de ansiedad (somatizaciones, como dolores de cabeza o barriga), también tristeza, o incluso pueden presentar ciertas conductas que llamamos regresivas (conductas como escapes de orina nocturnos cuando ya lo controlaban y que reaparecen por efecto del estrés).

En el Hospital Sant Joan de Déu Barcelona, se había vivido un aumento consultas por problemas de salud mental en los últimos años, relacionado con la crisis económica y social del 2007, especialmente en poblaciones más vulnerables.

Ante esta nueva situación, en seguida nos planteamos cómo iba a impactar la COVID-19 en la salud mental de los niños y adolescentes, y cómo podía afectar también a los servicios de atención si se producía un augmento significativo de usuarios.

Teníamos claro que queríamos recoger los datos sobre lo que estaba sucediendo, considerando también que, para algunas familias, con niños sanos o con niños enfermos, quizás el confinamiento había sido positivo».

¿En qué nos puede ayudar conocer estos datos?

«Cuando estábamos preparando este primer artículo, surgió todo el debate público sobre si los niños y niñas debían volver a la escuela. Nos pareció que estos datos eran nuestra pequeña aportación a todo el conocimiento que se va generando sobre el impacto de la COVID-19 y que finalmente deben contribuir a la toma de decisiones. Algunas de estas medidas pueden implicar una mayor sensibilidad para la detección de síntomas en poblaciones más vulnerables, como podrían ser los niños y niñas».

Si se vuelve a producir un confinamiento, ¿qué consejos puedes dar a las familias?

«Es difícil dar consejos generales pero lo importante es estar atentos a los signos de alarma. Por ejemplo, si la angustia de un niño o niña dura mucho tiempo y empieza a interferir en su vida normal, hay que pedir ayuda, consultando inicialmente con el médico referente.

En el estudio, y según las puntuaciones obtenidos por los niños y niñas y los adolescentes, facilitábamos a los padres o cuidadores unas recomendaciones generales precisamente con el objetivo de prevenir la aparición o el empeoramiento de síntomas relacionados con las emociones y de la conducta. Las recomendaciones incluían desde facilitar rutinas, dar espacio a los jóvenes para poder hablar de sus preocupaciones con los progenitores, aumentar la calidad del tiempo compartido entre ellos, estrategias de relajación y hasta herramientas para poder aplicar límites de una forma más consistente en función de las dimensiones más afectadas en el menor. Obviamente, no existe una única recomendación, sino que ésta dependerá de la sintomatología presentada por el niño o niña o adolescente. Finalmente, es necesario tener en cuenta que, para el bienestar de cualquier niño o niña y adolescente, será importante que los progenitores presenten unos adecuados mecanismos autoregulatorios y adaptativos.

En el Hospital Sant Joan de Déu, las distintas unidades de Psiquiatría y Psicología Clínica han facilitado recomendaciones específicas para las personas atendidas y padres. No obstante, debe tenerse en cuenta que, a diferencia de la mayor parte de los participantes del estudio, estas recomendaciones van dirigidas a población clínica (con un diagnóstico formal de trastorno mental)».

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El objetivo del estudio EmCoVID19 es conocer cómo está afectando la pandemia de la COVID-19 a la población de entre 4 a 18 años y determinar cuál es el riesgo de presentar un trastorno mental. A través de un cuestionario online, las 1.500 familias participantes han respondido sobre las emociones y la conducta de sus hijos e hijas durante el confinamiento, en la desescalada y durante los meses siguientes. El estudio, integrado en el proyecto Kids Corona, finalizará en enero del 2021, con lo que se dispondrá de un estudio longitudinal con el que comparar la situación antes de la pandemia y la variación a lo largo de los 9 meses después de estallar la crisis sanitaria. Este estudio, impulsado desde el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, tiene como investigadores principales a la Dra. Esther Via y al Dr. Xavier Estrada Prat. Hemos hablado con la Dra. Via para conocer los primeros resultados.

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