¿Cuántas personas sin hogar hay en España?

«Es muy difícil dar una cifra exacta, hablamos siempre de aproximaciones que dependen, además, de qué entendemos por sin hogar. Las organizaciones que trabajan con temas de exclusión social y sinhogarismo dan la cifra de unas 30 mil personas. En la última Encuesta sobre las personas sin hogar 2022 del INE, se contaron 28.552 personas durmiendo en la calle o atendidas en centros asistenciales de alojamiento y restauración. Pero estas cifras siempre son sesgadas, es imposible saber cuántas personas hay en cada una de las categorías de exclusión residencial.

En el caso, por ejemplo, de la situación extrema de sinhogarismo, la de dormir en la calle, es muy variable. Hay personas que pasan un tiempo en la calle, pero alternan esta situación de sinhogarismo, pero con techo, con lo cual es una situación temporal, fluida, y de la que además sabemos poco. Hay pocas ciudades que tengan datos fiables sobre las personas que duermen en sus calles, además los datos no se actualizan en los mismos períodos y suelen depender de voluntades políticas municipales y de la implicación de las entidades sociales. Así que estamos hablando de datos parciales. De la realidad de las personas atendidas en recursos sociales, tenemos los datos del INE, pero no incluyen los recursos que son del ámbito privado.

El otro gran problema es que buena parte del sinhogarismo es oculto. Hay personas en situación de vulnerabilidad residencial extrema, que llevan mucho tiempo en esta situación, pero que no están físicamente en la calle ni atendidas en recursos para personas sin hogar. Están alternando pensiones, con casas de familiares o conocidos, con breves momentos en situación de calle para volver otra vez al alquiler de habitaciones, etc. Así que es muy difícil dar una cifra, aunque es importante intentarlo.»

Esta fragilidad residencial no está en el imaginario colectivo cuando hablamos de sinhogarismo…

«Todas estas situaciones quizás no encajan en el estereotipo de la persona durmiendo en un banco de un parque durante años, pero son situaciones que se acercan mucho a este sinhogarismo y que rompen proyectos vitales. Por ejemplo, familias desahuciadas que pasan a una situación de mala vivienda o vivienda insegura, que son otras categorías de exclusión residencial, y para las que desarrollar un proyecto de vida satisfactorio es muy complicado. Es el caso de familias viviendo en una única habitación, personas que se van mudando de casas de amigos, personas que viven en locales cedidos sin condiciones de habitabilidad…

Y cuando observamos el fenómeno con perspectiva de género nos damos cuenta de la importancia del sinhogarismo oculto. En los recuentos sobre las personas en situación de calle, las mujeres siempre representan entre un 10 y un 15%. Con este dato podríamos pensar que el sinhogarismo afecta menos a las mujeres que a los hombres, pero la realidad es que los procesos de exclusión residencial masculinos y femeninos son muy distintos. Las mujeres priorizan tener un techo, aunque tengan que convivir en situaciones de relaciones de poder y abuso muy perjudiciales para ellas, antes que quedarse en la calle por inseguridad que supone. Para una mujer, estar en la calle es más peligroso que para un hombre y, por lo tanto, hace lo que sea para evitarlo, pero eso no significa que esté mucho mejor en la situación que se encuentra. Nos hace darnos cuenta que no todo es visible, que este sinhogarismo de calle es solo la punta del iceberg.»

Repensar el modelo de acogida migratoria

En el último Anuario Metropolitano de Barcelona afirma que han podido constatar que la población migrada está más desprotegida ante la exclusión de la vivienda...

«En los últimos años tratábamos de explicar que el sinhogarismo es un problema de vivienda y que debíamos superar el paradigma de la atención a las personas sin hogar como personas que tienen una situación vital extremadamente complejas y que, hasta que no solucionen todo esto, no podrán sostener una vivienda. A día de hoy, yo ya no me atrevo a decir a mantener de manera rotunda esta afirmación porque el sinhogarismo es un problema de vivienda, pero también de acogida migratoria.

En una ciudad como Barcelona, en la que los datos son bastante sólidos, el 70% de las personas que duermen en la calle y las que son atendidas en los recursos sociales son de nacionalidad extranjera. El incremento del sinhogarismo está protagonizado básicamente por población migrada, ya que el volumen de población de nacionalidad española sin hogar es el mismo hoy que en 2008.

En el caso de la población migrada, nos encontramos no solo un problema de irregularidad, que también, sino con un problema de desarraigo, de soledad, de ruptura de las redes de apoyo cuando los procesos migratorios fallan. La mayor parte de las personas migrantes que están en nuestras ciudades ni pasan por los servicios sociales ni están en situaciones de calle. Están en situaciones de relación con el mercado laboral sensiblemente más precarias que el resto de población y sufren una acumulación de factores de exclusión social más intensa, pero estos no son los factores que les llevan a la calle. Eso sí, hay más vulnerabilidad y esto se acaba concretando en que la exclusión social severa la viven en mayor proporción la población migrante que la autóctona.» 

¿Cómo ha evolucionado el fenómeno del sinhogarismo en los últimos 20 años?

«En el caso de la ciudad de Barcelona, a través de los servicios sociales, los recuentos y algunas investigaciones recientes, observamos que el incremento notable que se da de personas durmiendo en la calle hasta 2018 está protagonizado por personas migrantes de países comunitarios. Hay un incremento de personas de países extracomunitarias, pero es inferior al de los países comunitarios.

A partir de 2018, estas proporciones se han ido equiparando. Se puede relacionar con la intensificación de las llegadas de personas en situación de irregularidad en la frontera sud, en situaciones muy precarias, y por unos movimientos migratorios marcados por irregularidad, represión, problemas de salud mental derivados de la dureza del viaje. Aquí sí se produce un aumento de personas de origen africano que están en situación de calle.

En cuanto a la acogida en los propios recursos de atención a personas sin hogar, el problema es que son recursos que se han convertido en la última red de protección. Ante el fallo de todos los sistemas de protección y de acogida migratoria, la red de atención a personas sin hogar se acaba convirtiendo en el último recurso para personas que no tienen nada más.

Muchas veces se lanzan a la opinión pública mensajes en los que se intenta reforzar el estereotipo de la persona extranjera como «la aprovechada» de la abundancia del sistema del bienestar español y para reforzar esta idea se agarran a las estadísticas de personas atendidas en los dispositivos para personas sin hogar o a la evidente racialización de las colas de las personas que van a buscar comida. Pero, en realidad, es todo lo contrario: es que no hay nada más para estas personas, solo queda la última red de asistencia que son los espacios para no dormir en la calle y los repartos de comida porque nada más funciona.»

Y ¿hacia dónde vamos?

«Yo estoy muy preocupado por las limitaciones que tienen los sistemas de acogida migratoria tal y como están planteados. Vamos a tener a más personas solicitando acogida internacional en un sistema que deniega de forma sistemática las solicitudes. Estas personas pasan a ser personas migrantes irregulares y no tienen derechos de protección social. Todas estas denegaciones acaban en las puertas de los servicios sociales. Pienso que estamos ante una necesidad urgente de repensar nuestro papel como sociedades de acogida. Las políticas europeas tienden a ser cada vez más restrictivas y el discurso de rechazo, que se va filtrando cada vez más, solo genera más exclusión. Un mayor rechazo no va a frenar los flujos migratorios, y menos en un contexto de conflictividad global, más la crisis climática, más todo lo que vaya apareciendo en los próximos años.»

Parece un fenómeno difícil de abordar ¿cómo debe ser el modelo de atención a las personas sin hogar?

«Antes, la lógica de la intervención social era ver el sinhogarismo como un fenómeno de calle, que sucede en el espacio público, que debía ser abordado por los servicios sociales y que se soluciona con alojamiento temporal, como un espacio donde poder trabajar su recuperación. Toda esta lógica ha ido evolucionando con los años al conocer mejor el perfil de las personas atendidas (que no están de paso, sino que se quedan en las ciudades) y al entender que las problemáticas de estas personas no se solucionan en días ya que haber pasado por la situación de sinhogarismo en la calle añade complejidad a la situación de estas personas por el impacto que tiene en su autoestima y en su salud mental y física. Por tanto, limitar un alojamiento a tres días como se hacía antes, no tenía sentido. Otro paso significativo llegó con el reconocimiento de los derechos humanos y el valor de aspectos como la privacidad, la autonomía de la persona, su capacidad para tomar decisiones, etc. Lo que se ha querido evitar es la institucionalización, especialmente con la llegada de modelos de atención como el Housing First, una metodología que se ha convertido en el paradigma de lo que debería ser la atención a las personas sin hogar con necesidades muy complejas.

Toda esta evolución se ha implementado en la atención a las personas sin hogar en los casos de calle, pero también nos ha ayudado a entender que los servicios que ofrecemos a otros tipos de sinhogarismo, menos cronificado, se pueden organizar de otra manera y transitar hacia una atención centrada en la persona.

De forma paralela a esta evolución en la atención, nos encontramos un incremento de demanda brutal a causa de la crisis de vivienda, que empieza en 2008, y de la que la capa de población de rentas bajas nunca ha salido. Esto ha hecho que estas transformaciones en los servicios sean imposibles de llevar a cabo en algunos centros por un exceso de demanda y por cargas de trabajo de los equipos.»

¿Qué se necesita para llevar a cabo este cambio de modelo?

«En Europa no hay ningún país que haya logrado reducir el sinhogarismo excepto Finlandia. Pero hay que explicar bien el caso de la estrategia de Finlandia, que empezaron a implementarla hace casi 30 años. Hay que tener en cuenta que se llegó a un acuerdo de país entre todas las administraciones, desde el gobierno hasta los municipios, para no utilizar el sinhogarismo como arma política. Esto es bastante atípico en Europa, pero fue clave para que todo el mundo remara en la misma dirección.

Por un lado, pusieron en marcha una estrategia masiva de solución residencial a personas sin techo con un modelo de Housing First y ahora solo mantienen tienen un albergue de emergencia consiguiendo que prácticamente no tengan personas durmiendo en la calle. Por otro lado, y casi más importante que el Housing First, se realizó una estrategia de prevención muy agresiva, con mucha dotación económica, para evitar que personas en situación de alta vulnerabilidad social se quedaran sin hogar, a través de un parque potente de vivienda social, programas de acompañamiento y de ayudas económicas. Es decir, en Finlandia se han preocupado de que el barco no se llenara de agua en vez de hacer cubos cada vez más grandes.

Aquí tenemos tareas importantes por hacer: hacer frente a la exclusión social y al problema que tenemos con el mercado de la vivienda, que es un problema de regulación legislativa. En España llevamos muchos años perdidos en políticas de vivienda porque la estrategia ha consistido en construir vivienda pública para venderla como vivienda de protección oficial, de manera que las administraciones públicas no han acumulado un parque de vivienda para usos sociales en alquiler. Ampliar el parque de vivienda pública es absolutamente imprescindible para hacer frente a la situación, junto con cambios en el enfoque de la acogida migratoria. Debemos preguntarnos qué estamos haciendo para que ser migrante en Europa y, concretamente, en España sea tan duro y ponga a la gente en riesgo de acabar en la calle con mucha más facilidad que a las personas autóctonas.»

¿Qué papel tenemos la sociedad civil? ¿Cómo se puede combatir el prejuicio y la aporofobia?

«Pienso que la construcción de un objeto de estudio y de un objeto de intervención social que se llama personas sin hogar ha sido como muy efectivo para separarse del mismo. Por ejemplo, cuando hablamos de derecho a la vivienda hay unos actores sociales implicados (sindicatos de inquilinos, la plataforma de afectados por la hipoteca), pero cuando hablamos de sinhogarismo los actores son otros. No son las personas afectadas, porque su capacidad organizativa es mínima, son las entidades que atienden a estas personas sin hogar y eso nos sitúa en una mirada distinta porque son “los otros”. Es decir, podemos empatizar con una persona a la que le suben el alquiler, pero no con “los otros” porque eso no me puede pasar a mí, pero debemos entender que el problema de raíz es el mismo.

Se trata de entender que es un problema de vivienda, no de marginación social y mucho menos de comportamientos marginales, de relación con la delincuencia o con hábitos fuera de las normalidades establecidas por la sociedad. Romper esta barrera de entenderlo como un problema de vivienda y comprender la realidad de las personas migrantes y cómo toman decisiones, nos ayuda a empatizar un poquito más.»

Sobre el modelo de atención a las personas sin hogar en Cataluña 

¿Cómo se define este nuevo modelo de atención que están elaborando?

«La elaboración de este modelo de atención a las personas sin hogar en Cataluña surge de la toma de consciencia política de que esta realidad debe abordarse en el conjunto del territorio, aunque ya sabemos que las personas que están en la calle se concentran en las metrópolis. En este sentido, se empezó a trabajar en esta estrategia en 2016. En 2023 se pondrá a disposición el modelo de atención con el que todas las áreas sociales básicas de Cataluña puedan trabajar con unas directrices comunes en caso de detectar un problema de sinhogarismo en sus zonas.

Para disponer de este modelo se pretende llegar a un consenso entre las organizaciones sociales que trabajan en el tema y las administraciones públicas implicadas sobre cuál es la forma de abordar la situación. Básicamente se plantea trabajar sobre el proceso de recuperación de estas personas, con un modelo centrado en la persona. Se aborda el contacto inicial y la provisión de necesidades básicas y la acogida, como momentos para trabajar el vínculo con la persona, y se propone un plan de recuperación, llevado a cabo desde la solución de residencia en la que esté la persona, consensuado con ella y que toca diferentes aspectos de la vida: acceso a la salud, aspectos legales o de acompañamiento en la reconstrucción de vínculos familiares o red de apoyo, por ejemplo. El objetivo es llegar a la fase de salida en la que se pueda hacer un seguimiento desde los servicios sociales del municipio donde resida la persona. Hay que tener en cuenta que este proceso no es lineal, que las personas en esta situación de calle vienen y van y que hay que ir moldeando la intervención.

El modelo se está diseñando junto a otras áreas de la Generalitat, como el Departament de Salut, los servicios de protección a la infancia o los servicios penitenciarios para evitar que el fin de un proceso de institucionalización de una persona le lleve a una situación de calle.»

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 23 de Noviembre de 2022
Última modificación: 23 de Noviembre de 2022

En marzo de 2022, la Generalitat de Catalunya aprobó el marco de acción para el abordaje del sinhogarismo en Cataluña 2022-2025, apostando por el desarrollo de una actuación pública que pretende garantizar el derecho de las personas a una vivienda digna, y teniendo en cuenta la diversidad y las especificidades territoriales y locales, así como la individualidad, las necesidades y las expectativas de cada una de las personas atendidas. El Dr. Albert Sales es el coordinador de la elaboración del modelo de atención a las personas sin hogar de la Generalitat de Catalunya, que se pondrá a disposición en 2023.

Este sociólogo, politólogo, doctor en criminología, profesor e investigador en el Institut d’Estudis Regionals i Metropolitans de Barcelona (IERMB), lleva años investigando la exclusión social en las zonas urbanas y desarrollando proyectos para diferentes entidades del sector social y las administraciones públicas. Hablamos con él sobre el modelo de atención y el fenómeno del sinhogarismo.