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Claves para combatir la soledad no deseada

Sobre cómo acompañamos a las personas mayores durante el confinamiento por COVID-19
SOM Salud Mental 360

Redacción

SOM Salud Mental 360
personas mayores y covid19

La soledad no deseada, especialmente en colectivos vulnerables, comporta sentimientos de intenso sufrimiento, repercutiendo en el bienestar y calidad de vida de las personas.  Este fenómeno se ha agravado con la irrupción de la COVID-19.  Es por ello que, durante el confinamiento de la población impuesto por la pandemia, se pusieron en marcha redes de apoyo para paliar las consecuencias de la soledad. Muchas de ellas se mantienen ante la perspectiva de un invierno con pandemia.

En el encuentro digital «Acompañando la soledad» quisimos visibilizar esta situación. Moderado por Isabel Grimal, directora de enfermería del Parc Sanitari Sant Joan de Déu (PSSJD), participaron María Alcáñiz, enfermera del sociosanitario Sant Joan de Déu Esplugues; Pilar Soleto, trabajadora social de la Fundació Nostra Senyora dels Àngels; Jordi Ramón, enfermero especialista en salud mental del Centro de Salud Mental de Adultos  (CSMA) de Cornellá; Gabriela Estropa y Albert Quiles, integradora social voluntaria y director gerente respectivamente de la Fundació Amics de la Gent Gran.

En primer lugar, Isabel Grimal ha introducido el concepto de soledad no buscada y agravada por la pandemia. En 2019, en España vivían solas unos 2,5 millones de personas en “situación de confinamiento permanente” debido al envejecimiento poblacional y a los cambios que se han producido en las estructuras familiares en la sociedad actual. En 2050 se prevé que el 38 % de la población española sea mayor de 65 años. A lo largo del encuentro, ha señalado la dureza de vivir en soledad (aspecto que puede impactar independientemente de la edad) y la necesidad de incrementar los recursos públicos para prevenir y paliar la soledad no deseada, así como sensibilizar a todos los estratos de la población.

María Alcáñiz, en un video introductorio, explica como abordaron desde el sociosanitario Sant Joan de Déu el acompañamiento a sus usuarios durante el estado de alarma. El 90% de sus residentes tenía un nivel de soledad medio/alto y en el centro existía un clima generalizado de ansiedad ante la ruptura de las dinámicas habituales. A través del proyecto “Conecta emociones” se pudo realizar un acompañamiento personalizado a través de video llamadas diarias entre los usuarios y sus familiares.

Pilar Soleto García, explica cómo se organizó la Fundació Nostra Senyora dels Àngels para dar apoyo a los usuarios que tutelan (960 personas, siendo el 71% de las mismas mayores de 81 años y estando el 90% ingresado en residencias).  Tras el caos inicial al no permitirse los contactos presenciales, se fueron establecieron nuevos canales de comunicación a través de las nuevas tecnologías. Observaron que algunos usuarios habían presentado un mayor impacto que otros con la restricción de las relaciones sociales. Señala la necesidad de sacar de la invisibilidad a las personas mayores y reclama más recursos para combatir la soledad.

Jordi Ramón Rizo ha presentado el estudio que él mismo ha liderado desde hace 7 años en el CSMA Cornellá, “Impacto de una intervención grupal en la percepción de soledad de las personas mayores". Demuestra que las actividades grupales y comunitarias en edades avanzadas, en las que se trabajan aspectos como los hábitos saludables o la estimulación cognitiva, aportan beneficios tales como una mejora en la calidad de vida y el sentimiento de pertenencia a un grupo. Durante los meses de confinamiento las intervenciones del programa se adaptaron las necesidades de las personas con el soporte de la tecnología y fomentando el apoyo mutuo. Señala el componente estigmatizante de la soledad “una muerte en vida”.

Gabriela Estropa y Albert Quílez han remarcado la importancia del voluntariado con las personas mayores para paliar los sentimientos de soledad.  La Fundació Amics de la Gent Gran lleva más de 30 años trabajando con personas mayores y vulnerables. Durante el confinamiento, realizaron acompañamiento telefónico y valoran muy positivamente la experiencia. Gabriela Estropa resalta que la soledad no es exclusiva de las personas mayores e invita a visibilizar el trabajo de los auxiliares de geriatría y a que la población se implique en acciones de voluntariado.

Para finalizar, Albert Quílez manifiesta su preocupación sobre cómo se están gestionando las intervenciones ante las nuevas olas de la COVID-19. Refiere que las organizaciones deben aprender de la experiencia y hacer las cosas diferentes: además de asegurar las medidas básicas de prevención, existen acciones presenciales que no se pueden omitir y que “son tan esenciales como la comida”. Hay que ser precavido pero creativo puesto que, para las personas mayores, “si no mata el virus, mata la pena”.

 

Puedes ver el encuentro digital completo en «Acompañando la soledad»

 

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