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Artículo

La psicosis, difícil de detectar en las personas con discapacidad intelectual

Señales que nos pueden alertar
Carlos Peña-Salazar

Dr. Carlos Manuel Peña Salazar

Psiquiatra adjunto en unidad de hospitalización en salud mental y discapacidad intelectual (UHEDI). Neurólogo adjunto responsable de interconsultas en área de salud mental.
Parc Sanitari Sant Joan de Déu
Regina Vila Badia

Dra. Regina Vila Badia

Psicóloga postdoctoral del grupo MERITT. Unidad de Investigación y Desarrollo.
Parc Sanitari Sant Joan de Déu
Psicosis y discapacidad intelectual

¿Qué es la discapacidad intelectual y cómo se evalúa?

Tradicionalmente, el coeficiente intelectual (CI) ha sido el criterio básico para realizar el diagnóstico de las personas con discapacidad intelectual, diferenciando las categorías de ligera, moderada, severa y profunda. No obstante, con el paso del tiempo, las puntuaciones del coeficiente intelectual han ido perdiendo peso, gracias a la importancia de otras dimensiones como la interacción de la persona con su entorno, la conducta adaptativa, el contexto o los roles sociales (Navas et al., 2008).

Por este motivo, se habla de discapacidad intelectual cuando la inteligencia y la capacidad para funcionar en la vida cotidiana de un niño o niña se encuentran por debajo del nivel esperado en niños y niñas de edad similar (Martorell et al., 2021). 

Actualmente, las diferentes guías clínicas, como el DSM-5 y la CIE-11, contemplan tres criterios para la realización del diagnóstico de discapacidad intelectual:

  • Deficiencias de las funciones intelectuales, como el razonamiento, la resolución de problemas, la planificación, el pensamiento abstracto, el juicio, el aprendizaje académico y el aprendizaje a nivel de la experiencia.
  • Deficiencias del comportamiento adaptativo, que producen un fracaso en el cumplimiento de los estándares de desarrollo y socioculturales para la autonomía personal y la responsabilidad social.
  • Inicio de las deficiencias intelectuales y adaptativas durante el periodo de desarrollo.

Las causas de la discapacidad intelectual son muy diversas, y por eso las personas con una discapacidad intelectual son un grupo altamente heterogéneo. Por otro lado, la pluridiscapacidad también es muy frecuente.

Discapacidad intelectual y psicosis

Una revisión sistemática y metaanálisis sobre la prevalencia de los trastornos mentales a nivel mundial, constató que alrededor del 30% de las personas han experimentado en algún momento de su vida un trastorno mental (Steel et al., 2014).

Si nos centramos en aquellas personas que tienen un diagnóstico de discapacidad intelectual, el porcentaje se sitúa alrededor del 34%, siendo los trastornos del estado de ánimo los más frecuentes (6,7 %), seguidos de los trastornos de ansiedad (5,5 %), la esquizofrenia (4,8 %), el trastorno psicótico no especificado (3,9 %) y los trastornos de personalidad (2,8%) (Mazza et al., 2020). Un estudio de Cooper et al. (2007) también encontró los trastornos del estado de ánimo (6,6%), seguido de los trastornos psicóticos (4,4%) y los trastornos de ansiedad (3.8%), como los más prevalentes en las personas con una discapacidad intelectual.

Webinar discapacidad intelectual

Personas con discapacidad intelectual y problemas de salud mental

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Por lo que se refiere a la psicosis, las personas con discapacidad intelectual tienen una probabilidad tres veces mayor de presentar este trastorno, comparado con la población general (Aman et al., 2016). Concretamente, en un estudio realizado con 142 personas con discapacidad intelectual, el 20% de éstas presentaban un diagnóstico de trastorno psicótico no detectado previamente (Peña-Salazar et al., 2020). Uno de los motivos de la gran comorbilidad entre estos dos diagnósticos es que comparten algunas de las causas y orígenes (etiopatogénesis), como, por ejemplo, determinadas afecciones genéticas (fenotipo conductual).

¿Cómo detectar psicosis en las personas con discapacidad intelectual?

Es muy importante poder detectar y diagnosticar correctamente una psicosis a una persona con discapacidad intelectual, ya que en la actualidad hay tratamientos que pueden resultar de gran eficacia y aliviar muchos de los síntomas que causan malestar en estas personas. No obstante, dada la presentación variable de algunos síntomas (equivalentes conductuales) relacionados con la discapacidad intelectual, realizar el doble diagnóstico (diagnóstico dual) puede ser complicado (enmascaramiento diagnóstico)

Las personas con discapacidad intelectual tienen una probabilidad tres veces mayor de presentar un trastorno psicótico que la población general

Es importante tener presente que la sintomatología positiva, como por ejemplo las alucinaciones y los delirios, puede confundirse a veces con las fabulaciones, los amigos imaginarios u otras características que pueden presentar las personas con discapacidad intelectual y que no responden a una psicosis (por ejemplo, en el síndrome de Down). Por otro lado, los síntomas negativos propios de los trastornos psicóticos (indiferencia emocional, embotamiento afectivo, retraimiento emocional y social, etc.) pueden confundirse con largas institucionalizaciones, falta de estimulación, efectos adversos y no deseados de algunos medicamentos o comportamientos relacionados con niveles graves de discapacidad intelectual. El principal riesgo de atribuir alguno de estos comportamientos a una supuesta psicosis es el de «medicalizar» y dar un tratamiento poco acertado.

Por el contrario, la psicosis puede pasarnos desapercibida en las personas con discapacidad intelectual grave o severa, si ponemos demasiado énfasis en los síntomas de primer orden de este trastorno (alucinaciones y delirios), ya que estos síntomas requieren de capacidad verbal y de una habilidad cognitiva desarrollada (Martorell et al., 2021). En base a estas dificultades diagnósticas, se recomienda la utilización de criterios diagnósticos especializados (DM-ID-2, DC-LD), y de escalas diagnósticas o entrevistas semiestructuradas (Batería PAS-ADD).

psicosis

¿Qué son los trastornos psicóticos?

Cabe destacar que en la mayoría de estudios realizados con personas que tiene un trastorno psicótico, tener un coeficiente intelectual inferior a 70 es un criterio de exclusión, y esto genera un sesgo, un infradiagnóstico en las personas con discapacidad intelectual, que dificulta el conocimiento de la comorbilidad entre estas dos patologías.

Por todo esto, para realizar un diagnóstico correcto y un tratamiento farmacológico y psicoterapéutico adecuados, se recomienda llevar a cabo una formación complementaria especializada en discapacidad intelectual y salud mental.

Las alucinaciones y los delirios, puede confundirse a veces con las fabulaciones, los amigos imaginarios u otras características que pueden presentar las personas con discapacidad intelectual y que no responden a una psicosis

Señales de alarma

Las personas con una discapacidad intelectual leve/moderada presentan señales de alarma muy similares a las personas con funcionamiento intelectual normal, si bien pueden ser más complejas de identificar debido a las dificultades en la expresión verbal y al solapamiento diagnóstico que genera la discapacidad intelectual. Estas señales de alarma preceden a los síntomas psicóticos (pueden iniciarse unos días o incluso semanas antes) y son muy relevantes para poder ofrecer una atención precoz de la psicosis.

Las señales de alarma más habituales son las siguientes: 

  • Sentirse más tenso, con más miedo o estar más ansioso. 
  • Aceleración de los pensamientos: tener muchos pensamientos a la vez, no poder concentrarse en una sola cosa. 
  • Estar más callado y aislarse. 
  • Sentirse bajo de ánimos, con menos ganas de hacer cosas o estar más irritable. 
  • Estar más cansado. 
  • Tener sensaciones extrañas que me hacen estar confundido. 
  • Tener poca hambre, perder peso. 
  • Tener olvidos frecuentes. 
  • No tener sueño de repente. 
  • Descuidar el aspecto físico. 

En los casos de personas con una discapacidad intelectual moderada/grave, las señales de alarma se focalizan más en cambios en los patrones basales de conducta, y suelen asociarse a conductas desafiantes.  Algunas des estas señales pueden ser

  • Elevada ansiedad psicofísica.
  • Auto o heteroagresividad.  
  • Destrucción de objetos. 
  • Hábitos atípicos.
  • Empeoramiento de conductas repetitivas.
  • Conductas relacionadas con el retraimiento o el negativismo.
  • Pérdida de habilidades aprendidas.
  • Sensación de temor o miedo.
  • Afectación del ritmo sueño vigilia.
  • Afectación de ingesta alimentaria.