«Quiero ayudar a otros precisamente porque he llegado hasta aquí». Esta es toda una declaración de intenciones de alguien que, con solo 14 años, ha pasado por dos tentativas de suicidio y que, a pesar de la montaña rusa que supone el proceso de recuperación, tiene claro que todo pasa y que se puede salir de esta situación.

La llamaremos Julia, el nombre más puesto a miles de niñas nacidas en España el mismo año de su nacimiento porque su caso, lejos de ser una rareza, es lamentablemente una realidad más que presente entre la población pre adolescente, adolescente y joven. La muerte por suicidio ya era la primera causa de muerte entre la población adolescente a nivel mundial pero la pandemia de la COVID-19 ha sido una apisonadora para la salud mental de este grupo de población y han aflorado como nunca las tentativas de suicidio, las autolesiones y otros problemas de salud mental, como los trastornos de alimentación.

Lo menos importante en la historia de Julia es saber qué la llevó a tener un comportamiento suicida porque las causas de éste son numerosas y complejas, casi siempre relacionadas con situaciones vitales altamente estresantes o con problemas de salud mental. Lo relevante de este testimonio es entender que Julia puedes ser tú, tu amiga, tu hija y que hablar abiertamente sobre este problema, reconocer las señales de alerta y pedir ayuda puede salvar muchas vidas.

«He podido llegar a la fase de recuperación después de muchas caídas y luchas», nos cuenta Julia, «a veces tengo pensamientos y crisis, cosa normal, pero si yo he podido pasar por ello pienso que cualquier persona puede hacerlo. Mi mensaje es que se puede, aunque cueste».

Regalarse tiempo para recuperarse

El confinamiento y las restricciones sociales han sido la pólvora que ha hecho estallar situaciones personales que se iban cociendo a fuego lento. En el caso de Julia, desde quinto o sexto de primaria, es decir, con 10 u 11 años.  «Empecé a sentirme desplazada de los demás, eso me hizo madurar antes y se me juntaron muchas circunstancias», nos explica Julia, «ahí empezaron las autolesiones».  Esta joven de voz tímida pero contundente en su mensaje pone sobre la mesa una de las grandes asignaturas pendientes en salud mental, el estigma que lo acompaña y el silencio.

«Si se hablara de ello ya en la infancia no nos cogería tan por sorpresa cuando aparece un problema de salud mental, que no entiendes lo que te pasa. Esto no sucede con otras enfermedades, que los niños son capaces de entender y reconocer», apunta Julia.

Julia recibía ayuda psicológica desde que se empezó a autolesionar, pero cuando llegó el confinamiento todo cambió: horas de encierro en su habitación, nulas relaciones sociales, desorden en la rutina de alimentación y sueño. «En ese momento yo pensaba que estaba muy bien, pero mirando atrás, ahora me doy cuenta que estaba muy mal y no me daba cuenta», explica esta amante de la música y la danza.

El momento de intentar a hacer vida «normal» después del confinamiento para una persona con dificultades para relacionarse con otras personas y con problemas de salud mental previos fue para Julia una caída libre. «Recuerdo el mes de agosto, que fuimos a mi pueblo, como el peor, volví a autolesionarme a diario y cada vez me encontraba peor», recuerda Julia.

En octubre de 2020, Julia hizo una primera tentativa de suicidio que se repitió poco más de un mes después. «Dejé la medicación que me estaban dando porque no me hacía sentir bien, me sentía como falsa», explica Julia, «y volvieron las autolesiones diarias y a sentirme muy mal, incluso se lo dije a mi psicóloga. Me dijo que si no recuperaba el estado de ánimo tendrían que ingresarme para ayudarme, pero antes de que esto pasara intenté quitarme la vida. No tenía esperanza, no quería seguir».

Tras unas semanas ingresada, Julia sigue su proceso de recuperación en un Hospital de día. Sigue teniendo «subidas y bajadas», como ella lo llama, pero tiene claro que la recuperación es posible.

«A mí me ha funcionado pensar hasta donde puedo aguantar porque este pensamiento me ayuda a darme margen para recuperarme», explica a modo de reto personal «todo pasa, lo bueno y lo malo. Nada es permanente y todo fluctúa siempre», añade.

No hay receta mágica, cada persona es diferente, pero Julia pone nombre a los pilares sobre los que está construyendo su vida: «querer estar bien conmigo misma, quererme; aceptar y entender que lo que me ha pasado no es un simple resfriado, es algo importante en mi vida que necesita de un proceso y un trabajo de recuperación; hablar y hablar, de lo que necesito y de lo que siento; encontrar cosas que me motiven y aferrarme a las personas de mi entorno, las que ante esta situación realmente han estado presentes para ayudarme».

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 8 de Septiembre de 2021
Última modificación: 8 de Septiembre de 2021
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