Recuperarse de una adicción comportamental

Trabajar con la familia y con el entorno educativo y social, dos aspectos claves del tratamiento
Gemma Garcia Enrich
Gemma Garcia Enrich
Psicóloga, experta en conductas adictivas. Jefa de la Subsección Intervención en Drogodependencias.
Centre SPOTT. Diputació de Barcelona
Tratamiento adicciones comportamentales

El origen multicausal de las adicciones comportamentales y las diferentes áreas y aspectos que afectan requieren plantear una intervención de la problemática desde una perspectiva integral e integradora, contemplando los aspectos biológicos, psicológicos y sociales.

La intervención con adolescentes, en plena maduración cerebral y proceso de cambio (identidad, relaciones, personalidad…) precisa tener en cuenta las posibles fluctuaciones que durante la intervención puedan producirse, tanto por el propio proceso madurativo del adolescente como por los cambios que nuestra intervención pueda propiciar en él. Por lo tanto, el tratamiento con adolescentes debe ser un proceso integral, dinámico, flexible, continuado en el tiempo e individualizado.

Normalmente, los adolescentes llegan obligados, principalmente por los padres, a los recursos de tratamiento; sin una demanda propia, con poca conciencia de enfermedad, con baja percepción del riesgo asociado a la conducta adictiva y con poca motivación al cambio. Para facilitar progresivamente la conciencia del trastorno y de su gravedad, inicialmente podemos partir de una «adaptación» a la demanda y objetivos del adolescente. Para conseguir los objetivos es importante establecer una buena vinculación y alianza terapéutica con él o ella y con su familia, haciendo uso de diferentes técnicas, entre las que destacan las estrategias motivacionales.

En algunos casos, la adicción comportamental es una estrategia de afrontamiento no adaptativa para no resolver limitaciones o carencias de uno mismo o situaciones vitales problemáticas o traumáticas.

Hay que tener en cuenta que, en muchas ocasiones, la conducta adictiva es la punta del iceberg, es lo que se ve como problema, como síntoma, pero que precisamente está eclipsando otras problemáticas a resolver. En algunos casos, la adicción comportamental es una estrategia de afrontamiento no adaptativa para no resolver limitaciones o carencias de uno mismo o situaciones vitales problemáticas o traumáticas.

Por lo tanto, aunque el eje del tratamiento es la conducta adictiva, se requiere intervenir también en todos aquellos aspectos, problemas o patologías concomitantes que están implicados en el origen o mantenimiento de la conducta. El objetivo es abordar el problema en su globalidad, atendiendo todos los factores implicados en el inicio, evolución y mejora, y con el planteamiento final de mejorar el funcionamiento de todas las áreas de la vida diaria, que permita  una buena salud mental y el bienestar emocional de los adolescentes.

El objetivo terapéutico de las adicciones comportamentales (a excepción del juego patológico), a diferencia de las adicciones a sustancias donde el objetivo es la abstinencia, es el reaprendizaje y la adquisición de un patrón adaptativo de las conductas. Hablamos de conductas (uso de las pantallas, sexo, trabajo, compras...) que, en sí mismas, no son tóxicas y que no es adaptativo dejar de realizarlas, sino que deben poder establecerse como hábitos saludables. 

El objetivo es el reaprendizaje y la adquisición de un patrón adaptativo de las conductas, que deben poder establecerse como hábitos saludables

Evaluación y diagnóstico

Para un diagnóstico y tratamiento adecuados se requiere una evaluación psicopatológica detallada de la persona analizando aspectos como: 

  • El patrón adictivo
  • El significado de la conducta adictiva.
  • Los factores de riesgo y de protección
  • La motivación al cambio.
  • La historia psicopatológica personal y familiar. 
  • La personalidad. 
  • El entorno social. 
  • El rendimiento escolar.
  • La interferencia en las diferentes áreas vitales.
  • Los factores relevantes en su adquisición y mantenimiento.
  • La presencia de otros trastornos mentales.
  • La presencia de situaciones estresantes o traumáticas significativas en su vida  (abusos sexuales, duelos o pérdidas importantes, violencia intrafamiliar, abandonos o rupturas, enfermedades, separación de los padres,  abusos físicos o psíquicos, bullying, procesos migratorios, etc.)    

En función de la exploración biopsicosocial debe realizarse un plan de intervención individualizado, que se consensuará con el o la adolescente y su familia.  

Tratamiento

Independientemente del diagnóstico de adicción comportamental, si la conducta problemática que presenta el adolescente está causando malestar y  afectando en las diferentes áreas de su vida, es imprescindible intervenir para evitar que la situación empeore. 

No hay evidencia científica clara de cuáles son los mejores tratamientos. Los modelos psicoterapéuticos integradores permiten utilizar técnicas de diferentes modelos, en función del perfil de la persona afectada y de los objetivos que se estén persiguiendo en cada momento del proceso, teniendo en cuenta las variables de riesgo y la comorbilidad. Se tiende a combinar estrategias de orientación cognitivo-conductual, estrategias motivacionales, estrategias de regulación emocional y estrategias de terapia familiar. También se puede combinar con tratamiento psicofarmacológico para el tratamiento de la sintomatología asociada (ansiedad, depresión, trastorno por hiperactividad y déficit de atención…).

Es indispensable trabajar con la familia (o tutores legales), abordando tanto el impacto que la conducta adictiva tiene en la familia como las dinámicas familiares

El tratamiento va dirigido a:

  • Vincular con el o la adolescente.
  • Disminuir los factores de riesgo y potenciar los factores de protección en relación con la adicción comportamental.
  • Identificar las motivaciones de la conducta adictiva.
  • Dimensionar y adecuar la percepción del riesgo de la conducta adictiva, tomar conciencia de la invasión de estas en la vida diaria y la dificultad para autocontrolarse.
  • Motivar hacia una reeducación de la conducta de forma más adaptativa y saludable.
  • Trabajar la prevención de recaídas, identificando las situaciones que pueden ocasionar malestar y puedan ser de riesgo para  la conducta adictiva y adquiriendo respuestas alternativas adecuadas para su afrontamiento. 
  • Recuperar la normalización de aquellas áreas de la vida afectada.
  • Buscar alternativas de ocio saludables i normalizadas.
  • Mejorar la convivencia y las relaciones en diferentes contextos (familiar, escolar, social).
  • Abordar problemas emocionales, psicopatología asociada y disfunciones familiares. 

En el caso de presencia de patología dual (trastorno adictivo y trastorno mental), la alternativa más eficaz de tratamiento es el enfoque integrado que identifique, evalúe y trate ambos trastornos.  Los casos con patología dual son casos de alta complejidad, de peor pronóstico y requieren tratamientos más flexibles, intensivos y de larga duración. 

Es indispensable trabajar con la familia (o tutores legales) como objetivo de la intervención y como agente terapéutico, abordando tanto el impacto que la conducta adictiva tiene en la familia como las dinámicas familiares que influyen en la evolución de la conducta adictiva. Y fomentando una parentalidad positiva que promueva vínculos afectivos sanos, protectores y estables que permitan establecer unas relaciones familiares sanas.

También hay que trabajar con el entorno educativo y social próximo de los adolescentes, con el objetivo de favorecer o recuperar su desarrollo personal en estos ámbitos, que les permita sentirse integrados en su entorno comunitario. 

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 12 de Diciembre de 2022
Última modificación: 12 de Diciembre de 2022
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Gemma Garcia Enrich

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Psicóloga, experta en conductas adictivas. Jefa de la Subsección Intervención en Drogodependencias.
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