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Artículo

Los trastornos alimentarios en los hombres

Los problemas más frecuentes son los atracones y la bulimia nerviosa
Sònia Sarro Álvarez

Dra. Sonia Sarró Álvarez

Doctora en Medicina. Psiquiatra especializada en trastornos de la conducta alimentaria. Área de Salud Mental
Hospital Sant Joan de Déu Barcelona
tca masculino

Se habla mucho de los trastornos alimentarios como un problema relacionado sobre todo con la adolescencia y las chicas. Pero la realidad es que los profesionales de la salud mental vemos cada vez más casos que empiezan antes de la pubertad y que también involucran a chicos.

Ser chico y tener un problema alimentario tiene sus propias dificultades. La gravedad en un hombre puede ser tanta o más que en las mujeres, con una premisa diferente: tanto los mismos chicos como sus familias son propensos a considerar la anorexia, la bulimia y los atracones como una enfermedad de chicas. Y este hecho a menudo determina que tarden más en darse cuenta de que han desarrollado el problema o que sean más reticentes a pedir ayuda especializada. A la vez, socialmente, la atención se viene centrando más en el cuerpo femenino que en el masculino, y los mismos chicos afectados explican que se normaliza más el sobrepeso en un hombre que en una mujer. Se añade el hecho de que la adolescencia suele ser una época más intensa y variable tanto respecto a hábitos de vida como emocionalmente, y con más desorden en la alimentación que otras etapas de la vida.

De hecho, se cree que el diagnóstico de casos de trastorno alimentario masculino a menudo está infraestimado, y que podrían llegar en conjunto hasta un 25%, es decir, 1 de cada 4 casos comunitarios (como advierte la guía de referencia NICE de buena práctica clínica).

Así, no es infrecuente que los chicos lleguen a la consulta con síntomas plenamente instaurados. En un estudio, hasta el 50% de chicos con problemas alimentarios que solicitaron iniciar tratamiento requirieron hospitalización inmediata (Griffiths, 2014), con lo que esto puede comportar, pues el diagnóstico y tratamiento tardíos y un mayor tiempo de evolución son factores de mal pronóstico.

Que los trastornos alimentarios sean minoritarios en hombres quiere decir simplemente esto, que se dan en ellos con menos frecuencia.

El problema alimentario específico más frecuente en los hombres es el trastorno por atracones, seguido de la bulimia nerviosa (30% de casos en hombres) y la anorexia (10-15%) (Gorrell & Murray, 2020). Por otra parte, el trastorno evitativo-restrictivo de la ingesta (ARFID) aparece principalmente en chicos (2/3), la mayoría en edad pediátrica. Entre los casos de anorexia que se inician antes de la pubertad, la proporción de chicos va en alza.

El hecho de que en los hombres las repercusiones corporales no incluyan falta de menstruación (que se ha retirado modernamente de los criterios diagnósticos en favor de una pérdida de peso notable), hace que la afectación física pueda pasar más desapercibida o se disimule durante más tiempo; y cuando, en cambio, ha habido ganancia de peso, esta suele ser mejor tolerada socialmente y tampoco empuja a consultar, pues los problemas físicos que crea tardan más en manifestarse. Cuando un hombre aumenta de peso a veces se dice que «está más fuerte». Esto raramente se aplica a una mujer. Además, en las chicas la pubertad y los cambios corporales (y psicológicos) que comporta llegan por lo general antes que en los chicos.

¿Es diferente el TCA en los chicos que en las chicas?

Diferente, no. Con peculiaridades, sí. Veámoslas.

Los desencadenantes que podemos encontrar si exploramos lo sucedido no son muy distintos entre los dos sexos. En chicos con trastorno alimentario se ha detectado un peso de base mayor en comparación con las chicas; también es especialmente frecuente encontrar antecedentes de bullying y dudas sobre la orientación sexual. Así pues, todos estos pueden ser factores precipitantes de un problema alimentario en el sexo masculino.

Los conflictos y miedos subyacentes son, fuera de esto, similares en los dos sexos y comunes a la adolescencia en un sentido más amplio.

Las manifestaciones físicas también son similares, pero en los chicos, si bajan de peso, el desequilibrio hormonal se manifiesta de forma diferente. En las chicas bajarán las hormonas femeninas (estrógenos), predominando el efecto de las masculinas (andrógenos): aparece pelo en zonas típicas masculinas, acné, y se retira la menstruación. Mientras que en los chicos bajan los andrógenos, y por eso el pelo genital y corporal se reduce, acercándose al patrón femenino, y al mismo tiempo se reduce el deseo sexual. La ganancia de peso, por su parte, da problemas a medio y largo plazo, pero no menos importantes; entre ellos están la obesidad, la sobrecarga articular, la diabetes y los problemas cardiovasculares. Los atracones y vómitos de por si propician además el reflujo gástrico, la mala digestión y desarreglos de evacuación, tanto diarrea como estreñimiento.

El ideal corporal al que aspiran los hombres también difiere respecto al femenino, lo que puede sumarse a los complejos y preocupaciones sobre la sexualidad que existieran previamente. Será necesario trabajar estos aspectos en las terapias.

¿Qué motivaciones mueven a los chicos a alterar su comportamiento alimentario?

Diversas. Algunos hacen excesos para desfogar impulsividad o para gestionar la ansiedad y las frustraciones, como lo hacen muchos adolescentes por ejemplo bebiendo en gran cantidad; otros pretenden remodelar su cuerpo musculándose más que no adelgazando y a veces para conseguirlo optan por dietas ricas en proteínas que eliminan azúcares y grasas, y después hacen tandas de restricción (un tipo de conducta que propicia los atracones y la bulimia). En otros casos, sí que se intenta adelgazar. En todo caso, se busca gustar y gustarse, y sentirse así más integrados en el grupo de edad o preferencia sexual en una sociedad donde el ideal de belleza adolescente ha ido haciéndose más andrógino y sexualmente ambivalente.

Y un apunte para llamar la atención hacia la influencia de los medios digitales y redes sociales, en los que los jóvenes buscan modelos a seguir. En aquellos que utilizan preferentemente aplicaciones que priman la imagen física, como Instagram o TikTok, se ha detectado una mayor preocupación por el cuerpo que enlaza con los trastornos alimentarios.

Así que conviene ampliar miras y no quedarse con la idea de que todos los chicos y hombres con un problema alimentario quieren muscularse, como no todas las chicas que recortan su ingesta hacen ejercicio compulsivamente o se provocan el vómito buscando volverse etéreas.

Respecto a otros problemas mentales añadidos, los trastornos alimentarios en el sexo masculino se asocian más a menudo a abuso de sustancias (alcohol, drogas, hormonas anabolizantes), y también a depresión, respecto a las mujeres.

Mejorar la atención a los hombres con TCA

Partiendo del hecho de que la mayoría de escalas clínicas y test diagnósticos para los trastornos alimentarios fueron creados pensando sobre todo en mujeres, crear alguna específica según el sexo (por ejemplo, respecto al ideal corporal) es un tema pendiente.

El tratamiento en unidades especializadas suele ofrecer un abordaje completo de los diferentes aspectos de los problemas alimentarios: nutricionales, psicológicos, relacionales. Se diseña de modo que incluye sesiones conjuntas normalmente grupales, y otras individuales dónde abordar las dificultades concretas de cada persona. Pocos centros ofrecen terapias específicas para hombres, principalmente por el limitado número de casos.

En condiciones ideales, podrían ofrecerse tratamientos superespecializados para trastornos alimentarios en función del sexo o aspectos socioculturales. Por ejemplo, un grupo de terapia para aquellos que han sido adoptados, para los que han sufrido bullying, un grupo exclusivamente de chicos, o transgénero, o prepuberal para los más jóvenes, o para padres o madres que sufrieron ellos mismos un trastorno alimentario. Actualmente, esto es posible en bien pocas unidades de nuestro entorno, pudiendo ser un interesante reto de futuro. Por otro lado, hacerlo así separaría y podría suponer un estigma. Es mejor escuchar y actuar según las necesidades que expresen los mismos interesados. Lo que sí que intentamos es agrupar por edades, o por evolución mental (hay muchos 15 años distintos, por ejemplo). Lo que sí que podemos y hemos de ofrecerles es un espacio donde sentirse cómodos para confiar sus preocupaciones, y así ir buscando conjuntamente la manera de resolverlas, desvinculándolas de la comida o de cualquier otro comportamiento que se convierta en adictivo y perjudicial.