Prevenir las recaídas en personas con depresión

Factores de riesgo y señales de alarma
Dra. Sara Siddi
Dra. Sara Siddi
Psicóloga y Doctora en Neurociencia Clínica. Departamento de Docencia, Investigación e Innovación.
Parc Sanitari Sant Joan de Déu

La recaída es una reaparición de los síntomas y signos de la depresión. Es muy común en personas con un trastorno depresivo mayor, que no siempre se dan cuenta de que vuelven a estar mal. Las recaídas, aunque sean leves, interfieren en el día a día de las personas afectadas y les impiden apreciar y disfrutar de la vida. 

Cuando la persona, por la razón que sea, empieza a pensar de forma más negativa de manera constante y prolongada (preocupaciones, pensamientos negativos…) la depresión puede volver. Tras repetidos episodios depresivos, se forman fuertes asociaciones con acontecimientos de la vida diaria y esto significa que incluso un pequeño desencadenante, como un descenso normal del estado de ánimo, puede interpretarse negativamente y convertirse así en un punto de partida crítico para una recaída de la depresión.

A partir de este punto crítico se desencadena una espiral de pensamientos negativos rumiantes, que pueden conducir gradualmente a una sensación de desesperanza. Sentirse desesperado lleva entonces a un aislamiento social, a evitar cada vez más situaciones de contacto con las personas. Una vez que los viejos pensamientos se activan, a menudo de forma inconsciente, es difícil salir del círculo vicioso que desencadena un nuevo episodio depresivo, porque suele ser una reacción instintiva, al igual que salir de las arenas movedizas.

Factores de riesgo de la recaída

Puede haber múltiples factores que causen la depresión, y no son los mismos en todas las personas. Haber sufrido anteriormente un episodio depresivo aumenta el riesgo de tener otro. Pero un único factor no es responsable de la depresión, ya que puede haber varios factores que se verifican simultáneamente.

Algunos de los factores que pueden aumentar la probabilidad de sufrir una recaída son:

  • Un estilo de vida «no saludable» (por ejemplo, la falta de ejercicio, el sobrepeso o el bajo peso) puede incrementar el riesgo de experimentar nuevos episodios.
  • Tener problemas para relacionarse con los demás y el aumento de la soledad percibida (sentirse solo).
  • Eventos estresantes, como situaciones conflictivas en el entorno (hogar o trabajo), el fin de una relación, la pérdida de un ser querido, haber sufrido traumas físicos o psicológicos (maltrato físico, abuso sexual), problemas financieros o estrés continuo.
  • El consumo de drogas legales e ilegales pueden afectar la salud mental. Si tomas antidepresivos recetados por un médico de cabecera o psiquiatra, es importante que te asegures de tomarlos como el profesional te indicó. No se pueden bajar o aumentar las cantidades o dejar de tomarlos sin la recomendación de un profesional. Por otro lado, algunas personas beben alcohol porque sienten que pueden aliviar la ansiedad o la depresión. Sin embargo, la evidencia científica sugiere que si bebes regularmente o abusas del alcohol u otras drogas, tienes un mayor riesgo de desarrollar una depresión (Boden, 2011).
  • Algunas épocas del año, normalmente el invierno, puede afectar tu estado de ánimo. Algunas personas pueden sentirse mejor en verano y otras en invierno.
  • Puede haber una cierta familiaridad para la depresión, pero no existe un patrón claro que nos indique que la depresión se hereda. Algunos investigadores han sugerido que las personas que tienen un progenitor o un hermano o hermana con depresión tienen un 40% de probabilidad de desarrollar también este trastorno. En este sentido, algunos estudios sugieren que la genética puede desempeñar un papel en el desarrollo de los trastornos depresivos (Lohoff, 2010; Mullins y Lewis, 2017). Por ejemplo, una revisión reciente de artículos científicos (Shadrina y cols, 2018) mencionó que determinados genes pueden desempeñar un papel clave en el desarrollo de la depresión recurrente (sufrir más de una recaída).
  • Los cambios en las hormonas y las sustancias químicas del cuerpo pueden causar síntomas depresivos. Por ejemplo, en algún momento muchas mujeres pueden ver afectado su estado de ánimo en las semanas previas a la menstruación, lo que se denomina síndrome premenstrual (SPM), y otras pueden tener un trastorno disfórico premenstrual (TDPM), con síntomas parecidos a los del SPM, pero más graves. Tener problemas con la tiroides o tener niveles bajos de vitamina B12 también puede estar relacionado con sentir síntomas de depresión.  Por otro lado, algunas mujeres son más vulnerables a la depresión después del parto, ya que los cambios hormonales y físicos junto con los cambios de vida por el nacimiento de un hijo pueden ser difíciles de asumir. (Alba y Rodriguez, 2014).
  • Tener una personalidad dependiente, insegura, autoexigente, hipocondriaca y muy perfeccionista también puede influir en las recaídas.
  • La depresión puede estar asociada a otras enfermedades mentales o físicas, como los problemas cardiovasculares, la diabetes o el cáncer. Los cambios físicos también pueden desencadenar depresión en algunas personas.

¿Qué señales me indican que voy a tener una recaída?

Hay diferentes señales que nos pueden indicar una eventual recaída, pero no siempre se pueden identificar.

  • Los cambios en el estado de ánimo es una de las principales señales: la propensión a irritarse con facilidad, estar lloroso o triste, la falta de interés por la mayoría de actividades, estar menos interesado en hacer cosas con las que normalmente se disfruta.
  • Variaciones en el hábito alimenticio, con falta de apetito que se alterna con momentos de hambre voraz, que pueden conllevar a una pérdida o aumento de peso.
  • Cambios en las relaciones sociales, deseo de estar más tiempo a solas y no querer salir de casa, ni hacer llamadas telefónicas o enviar mensajes.  
  • Cambios en el sueño: dormir menos, insomnio de conciliación o miedo.
  • Dificultad para concentrarse y olvidar con frecuencia las cosas.
  • Hablar y moverse más lentamente.
  • Reducción del interés y el deseo sexual.
  • Taquicardia, cansancio y reducción de la actividad física.
Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 3 de Noviembre de 2021
Última modificación: 3 de Noviembre de 2021
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Dra. Sara Siddi

Dra. Sara Siddi

Psicóloga y Doctora en Neurociencia Clínica. Departamento de Docencia, Investigación e Innovación.
Parc Sanitari Sant Joan de Déu
Bibliografía
Alba P, Rodríguez C. (2014). Síndrome premenstrual y trastorno disfórico premenstrual. Revista Argentina de Psiquiatría , 25 , 370-376. https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/premenstrual-syndrome/expert-answers/pmdd/faq-20058315
Boden JM, Fergusson DM (2011). Alcohol and depression. Addiction , 106(5) , 906-14. https://doi.org/10.1111/j.1360-0443.2010.03351.x
Lohoff FW (2010). Overview of the genetics of major depressive disorder. Curr Psychiatry Rep , 12(6) , 539-46. https://doi.org/10.1007/s11920-010-0150-6
Shadrina M, Bondarenko EA, Slominsky PA (2018). Genetics Factors in Major Depression Disease. Front Psychiatry , 9 , 334. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2018.00334

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