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Marc
Persona con un trastorno de adicción por videojuegos

«Si no jugaba, no sabía qué hacer»

Adicción videojuegos

En el fondo, yo sabía que tenía un comportamiento excesivo en relación con los videojuegos, pero no lo quería reconocer. Mis padres ya veían que podía tener una adicción y, a pesar de que yo no lo veía tan claro, sí que había pequeñas cositas que me lo hacían pensar: no quería ir a cenar aunque tuviera hambre, dejé de hacer otras cosas, quería jugar cada vez más rato... De hecho, antes de entrar en la Unidad de conductas adictivas del adolescente (UCAD) del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona, mis fines de semana eran básicamente levantarme tarde, jugar, comer y volver a jugar. Y muchos fines de semana no salía de casa.

Pero estos comportamientos son señales que van aumentando de manera progresiva y no te das cuenta. El juego te va absorbiendo y solo quieres jugar horas y horas hasta, que llega un momento que no tienes ganas de hacer nada más. Y a pesar de que sospechas que puedes tener un problema, no quieres hacer nada para solucionarlo. Pero llegó un momento que vi que mis padres estaban muy preocupados y sabía que estaban buscando algún tipo de ayuda. Fue entonces cuando empecé a hablar con ellos para buscar una solución a mi problema. Y empezó todo el proceso de recuperación.

Para recuperarme tuve que cambiar muchos hábitos, pero lo más importante es estar ocupado, intentar hacer otras cosas que te llenen el tiempo para poder reducir las horas ante la pantalla. A mí me fue bien hacer de entrenador, por ejemplo. Y también es importante salir y socializar, estar con gente. Y aunque yo me empecé a poner límites antes de pedir ayuda, ha sido básico acudir a la UCAD, donde trabajo para reforzar estos límites, para tener herramientas para poder saber qué tienes que hacer y cómo hacerlo. Seguramente, si no hubiera ido, mis padres no sabrían qué hacer conmigo, y yo tampoco lo sabría.

El juego te va absorbiendo y solo quieres jugar horas y horas hasta que llega un momento que no tienes ganas de hacer nada más. Y a pesar de que sospechas que puedes tener un problema, no quieres hacer nada para solucionarlo.

Ahora, mirado con un poco de perspectiva, veo que jugaba por aburrimiento, porque si no jugaba no sabía qué hacer. Ahora tengo la sensación de pérdida de tiempo, de dos años en los que he perdido el tiempo. No sé, como cuando te haces mayor y miras los cromos que compraste cada día cuando eras pequeño y piensas en el dinero gastado en esto, en una «chorrada», y en todo aquello que podrías haber hecho con este dinero.

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Señales de alarma en la adicción a los videojuegos

Jugar no es malo, el problema es cuando se convierte en tu rutina diaria. A veces me preguntan: «¿Qué te aportaba jugar tanto rato?» Pues con los juegos te lo pasas bien, pero también lo pasas mal. Pero, ganes o pierdas, continúas jugando, porque siempre encuentras una recompensa: si ganas, sientes una satisfacción y la recompensa es mayor, pero si pierdes, la pequeña recompensa es lograr tu objetivo, y esto es una motivación extra. La cuestión es que llega un momento que te planteas: «¿Qué hago si no juego?». Y continúas jugando. Lo que está claro es que, si te ves así, tienes que actuar lo antes posible, porque vas perdiendo cada vez más cosas por el camino y más oportunidades.

Si tienes adicción a los videojuegos y dices que estás bien, es que no sabes lo que es estar bien.

Ahora, después de este proceso en el que estoy, me siento bien, creo que estoy casi recuperado. Continúo jugando, porque los videojuegos me gustan, pero dos partidas y ya está. Y ya no juego a los juegos que me llevaron a la adicción, los desinstalé, para no tener el riesgo de volver a engancharme, de recaer, como le ha pasado a algún amigo mío. Si tienes adicción a los videojuegos y dices que estás bien, es que no sabes el que es estar bien. De hecho, tengo amigos que continúan jugando y esto les ha acarreado consecuencias cada vez más graves: no se hablan con los padres, no salen, no se relacionan con nadie, han dejado los estudios… Yo no quiero que me pase esto.

Lo que he aprendido y de lo que estoy seguro es que el problema no está en los videojuegos, sino en las personas, en la falta de confianza y de autoestima, en la falta de comunicación… Por eso creo que este problema se tiene que tratar desde la persona, no con la prohibición de los videojuegos, porque si no es un videojuego, puede ser una droga, una máquina tragaperras o cualquier otra cosa.

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 14 de Junio de 2023
Última modificación: 14 de Junio de 2023

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Si sufres de soledad o pasas por un momento dífícil, llámanos.

Marc es un joven de 18 años a quien le gusta el deporte, los coches –por eso estudia un grado medio de electromecánica– y también los videojuegos, una afición que se fue convirtiendo de manera progresiva en una adicción que ahora trata en la Unidad de conductas adictivas del adolescente del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona. Poco a poco, Marc ha podido reducir las horas de juego, socializar, salir de casa, compartir y estar ocupado en otros asuntos lejos de las pantallas.