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Artículo

Actividad física con personas con trastornos de salud mental severos

Una herramienta de mejora del bienestar general y la calidad de vida de las personas ingresadas en fase aguda o subaguda
Mariona Caro Crous

Mariona Caro Crous

Educadora física deportiva. Servicio de Rehabilitación Comunitaria
Osonament
Dra. Montserrat Serra Millàs

Dra. Montserrat Serra Millàs

Psiquiatra
Consorci Hospitalari de Vic
actividad fisica

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que un 25 % de la población general tendrá un trastorno mental severo (TMS) a lo largo de su vida. El hecho de tener un trastorno de este tipo puede dar paso a la adopción de estilos de vida poco saludables que generan a su vez comorbilidades varias como la obesidad, la diabetes o la hipertensión. Las personas con TMS viven entre diez y veinte años menos que la población general. Es a través de la actividad física que se pueden reducir los riesgos derivados de estas comorbilidades y mejorar la calidad de vida y el bienestar general de las personas.

La utilización de la actividad física como tratamiento coadyuvante al tratamiento farmacológico y como estrategia fundamental de la promoción de la salud en los centros hospitalarios es una apuesta innovadora y factible. Es por ello que se inició un proyecto, impulsado por el Grupo de Investigación en Deporte y Actividad Física (GREAF) de la Universidad de Vic, en colaboración con el Hospital Universitario de Vic (Consorcio Hospitalario de Vic) y el Hospital Sant Joan de Déu de Manresa (Fundación Althaia), y financiado por el Colegio Oficial de Profesionales de la Actividad Física y el Deporte de Cataluña (COPLEF). Fue promovido con el objetivo de evaluar el impacto de un programa de actividad física en los niveles de actividad física (AF), estado de ánimo y percepción de la salud general en personas hospitalizadas.

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En este proyecto se llevó a cabo un estudio experimental con asignación a un grupo de intervención (n=33, Hospital Universitari de Vic) que realizaba un programa de actividad física, y un grupo de control (n=14, Hospital Sant Joan de Déu) que llevaba a cabo la actividad física diaria habitual de cada persona atendida sin seguir un programa específico. La intervención tuvo lugar desde octubre de 2021 a marzo de 2022. Las variables estudiadas fueron la actividad física (International Activity Questionnaire; IPAQ-versión corta), el estado de ánimo (Escala Analógica de Estado de Ánimo) y la percepción de la salud general (Escala Analógica de Percepción de la Salud General). Todas las variables se midieron antes y después de la implementación del programa en ambos grupos, y el estado de ánimo y la percepción de la salud general también se midieron antes y después de cada sesión de actividad física con el grupo de intervención.

En cuanto a la intervención, el programa consistió en la realización de sesiones de actividad física con las personas atendidas del grupo experimental, voluntarios y aptos según los criterios de inclusión, y la prescripción médica del equipo de psiquiatría que tiene en cuenta la descompensación a escala psiquiátrica y psicológica, y las patologías físicas que presentan contraindicaciones por la práctica de actividad física. Principalmente, se realizaron sesiones de intensidad aeróbica moderada, además de trabajar las capacidades condicionales de fuerza, resistencia, flexibilidad, amplitud de movimiento y equilibrio. Las sesiones se realizaron en la terraza de la unidad de salud mental, tres días a la semana, 60 minutos/sesión, y en grupos de hasta doce personas. En todas ellas se puso música y se adaptó el contenido a cada necesidad individual, en la medida de lo posible. En el grupo de control también participaron las personas voluntarias y aptas, según el criterio y la prescripción médica, y se les pidió que ejecutaran su actividad física diaria y habitual.

Respeto a los resultados, en primer lugar, analizamos los valores que se midieron antes y después de la intervención (actividad física, estado de ánimo, percepción de la salud general). Referente a la actividad física, el grupo de intervención practicó 73,75 minutos más por semana de actividad física vigorosa y 36,25 minutos más por semana de actividad física suave, respecto al grupo de control. El grupo de intervención también aumentó el gasto energético hasta 2.672 MET por semana, respecto al grupo de control. Al final del proyecto, el nivel de actividad física de 16 personas había aumentado. En cuanto al estado de ánimo, éste también se vio incrementado durante el ingreso del grupo experimental en comparación con el grupo de control en 2/10 puntos. El valor de la percepción de la salud general también presentó un aumento de 18/100 puntos en el grupo experimental en relación con el grupo de control.

En segundo lugar, se midieron las variables antes y después de las sesiones de actividad física (estado de ánimo y percepción de la salud general). En comparación con el valor previo a las sesiones con el grupo experimental, el estado de ánimo aumenta en 1,1/10 puntos y la percepción de la salud en 8,11/100 puntos. Durante este intervalo de tiempo no hubo cambios en la medicación ni en la dosis, es decir, que el cambio entre los valores se debe a la práctica de actividad física dentro de la sesión. A medida que pasaban las semanas de ingreso, esta diferencia en los valores previos y posteriores a la sesión disminuyeron en el estado de ánimo (de 1,8 puntos la primera semana a 0,4 puntos la sexta semana) y en la percepción de la salud (de 9,25 puntos la primera semana a 4,45 puntos la sexta semana). Es decir, que las personas que estaban más tiempo ingresadas no mejoraban los niveles en las variables tanto como en las primeras semanas. No se ha podido concluir el motivo de este hecho.

Los resultados del presente estudio se han comparado con intervenciones similares, obteniendo resultados en la misma dirección. El aumento del nivel de actividad física fue similar a los resultados de Deenik et al. (2019) aunque plantearan una metodología distinta durante las sesiones. También Dimeo et al. (2001), aunque la tipología de actividades propuestas fuera diferente, consiguieron resultados similares en el nivel de estado de ánimo previo y posterior a la intervención. En la percepción de la salud, Skrinar et al. (2002), se demostró cómo la práctica de actividad física generaba un aumento en la salud general, con un cuestionario de salud diferente, pero siempre mostrando mejoras en la misma línea. Por último, Brand et al. (2018) ya había puesto énfasis en el impacto que generan las sesiones únicas de actividad física en la dimensión psicológica; nosotros hemos analizado dos variables que se encuentran en esta dimensión.

La realización de esta intervención ha permitido demostrar que es factible implementar un programa de actividad física en fase aguda hospitalaria, aportando mejoras en el bienestar de las personas durante el ingreso. Por tanto, sería recomendable utilizar la actividad física como tratamiento coadyuvante al tratamiento farmacológico. Sería necesario revisar el programa antes de transferirlo y llevarlo a cabo en un futuro en las diferentes unidades de salud mental de Cataluña, como estrategia fundamental en la práctica de la promoción de la actividad física y la mejora de la calidad de vida de la población en salud mental en fase aguda hospitalaria o subaguda hospitalaria.