Lorena Carrasco Esteban, psicóloga. Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR)

«El apoyo psicológico tiene mucho peso en el proceso de adaptación de las personas refugiadas»

Mònica Fidelis Pérez de Tudela
Mònica Fidelis Pérez de Tudela
Periodista. Project Manager
SOM Salud Mental 360
Lorena Carrasco Esteban

¿Cuáles son los objetivos de CEAR en relación a las personas refugiadas?

«En CEAR trabajamos con personas solicitantes de protección internacional, es decir, personas que están en el trámite de petición de la condición de refugiado, pero que aún no saben la resolución. También con apátridas y personas que ya cuentan con el estatuto reconocido de refugiado. El objetivo final es que la persona pueda vivir de forma autónoma y con máxima inclusión en nuestra sociedad, promoviendo el desarrollo integral de la persona. En este sentido, se le ayuda con una serie de servicios. Al principio, con servicios de primera necesidad como es la vivienda o la manutención a través de dispositivos de emergencia o dispositivos de acogida. También se les ofrece un apoyo jurídico, psicológico, de aprendizaje del idioma o empleabilidad.»

¿Para lograr esta integración hay diversas fases?

«Hay que entender que algunos flujos migratorios son más esperables, pero otras son sobrevenidas y esto hace que haya mucha variabilidad en el tiempo que tardan las personas en avanzar hacia su integración o en el acceso a los recursos disponibles, no solo del CEAR sino de los recursos estatales. Esto hace que los itinerarios o las fases se vayan estancando y se prolongan más de lo esperable.

Hay diversas fases y también diferentes situaciones, empezando por la primera más básica de atención humanitaria y que suele darse en personas que llegan en embarcaciones. Se trata de personas que, normalmente, están de paso hacia otros destinos, pero también hay algunas que pasan a dispositivos de primera acogida o de primera fase. El itinerario de cada persona es muy diferente, es difícil generalizar.

En los dispositivos de primera acogida, que sería el primer paso, hay personas que pueden estar dos semanas o un mes porque han llegado en un momento de flujo migratorio normalizado o menor, mientras que otras han llegado a estar más de un año, como ocurrió en 2019. Que los procesos se estanquen en un punto determinado, no significa que los itinerarios se prolonguen en el tiempo total. En CEAR y resto de entidades, las personas que solicitan asilo suelen permanecer entre 18 y 24 meses dependiendo de la situación de vulnerabilidad.

Después de esta primera acogida, la persona pasa por una primera fase en la que tiene su destino fijado, viven en centros o pisos y tienen unas rutinas que incluyen clases de castellano o formación, asesoría jurídica y, en casos de especial vulnerabilidad, apoyo psicológico. Actualmente, las personas que pasan a una segunda fase son aquellas que resuelven positivamente su solicitud de protección internacional. Este número de personas es muy reducido ya que apenas un 5% de las solicitudes de asilo son resueltas favorablemente. Esta segunda fase se presenta como una mayor autonomía de la persona, donde CEAR se encarga de una parte de apoyo económico para vivienda y manutención.»

¿Hasta qué punto es importante el apoyo psicológico en esta adaptación?

«El apoyo psicológico tiene bastante peso dentro del trabajo que realiza el equipo multidisciplinar porque, para que una persona pueda adaptarse a una nueva situación, requiere de este acompañamiento. Lo mismo sucede con personas que tengan algún problema de salud mental previo al proceso de migración, necesitarán de este acompañamiento psicológico para poder hacer una buena adaptación. Al final, no trabajamos sobre una sintomatología muy concreta, sino que las personas llegan en diferentes estados emocionales. Aunque por el perfil de usuarias y usuarios, la sintomatología de estrés postraumático es mucho mayor que en la población general».

¿Con esta crisis de refugiados de Ucrania, habéis tenido que cambiar la forma de trabajar?

«A nivel general se ha tenido que hacer una adaptación muy rápida y muy grande porque se han abiertos dispositivos nuevos y se ha contratado más personal para poder recibir a un número muy elevado de personas que han llegado, además, de un día para otro. Un factor importante también es el idioma, muy distinto al que estábamos acostumbrados a trabajar. Aunque ya trabajábamos con personas de Ucrania, no a este nivel.

Mi impresión personal es que cuando hay una crisis migratoria de este calibre, las instrucciones cambian y, al igual que nos pasó con la crisis de Afganistán, se intenta que las personas no se estanquen en una fase, sino que todo sea más fluido para distribuir lo antes posible este flujo migratorio y no colapsar el sistema».

¿Cómo son las personas refugiadas que están llegando y qué retos implica?

«En el caso de esta crisis migratoria sí que el perfil de población que llega es un poco distinto a crisis anteriores. Mientras que en la anterior crisis humanitaria con Marruecos o Senegal prácticamente era hombres solos, ahora estamos hablando de madres con niños, aunque también hay personas de todas las edades.  

Esto también es un reto porque tenemos que adaptarnos a lo que necesitan las familias, tanto nosotros como el Estado, de quien dependen muchos servicios que estas familias necesitan como la educación, la sanidad, el transporte, etc. Y todo esto hay que hacerlo rápido porque es una crisis humanitaria que nos ha cogido por sorpresa y de forma muy cercana, por lo que el calibre es mucho mayor y en muy poco tiempo.

Conflictos bélicos ha habido y siguen presentes en muchas partes del mundo, pero el flujo migratorio siempre se dirige a los países vecinos. En el caso de Ucraina, las mayores solicitudes de protección internacional se reciben en países fronterizos con la zona en conflicto, pero, al ser dentro de Europa, se está buscando una distribución un poco más equitativa. A pesar de buscar este equilibrio, estamos hablando de un país con más de 44 millones de habitantes de donde ya han salido más de 4,7 millones de personas. Lo que hay detrás de estas cifras es ingente en términos de acogida, tenemos un trabajo enorme por delante».

¿Qué problemas de salud mental pueden llegar a tener estas personas?

 «Aunque en esta crisis no estoy teniendo un contacto directo, normalmente son personas que muestran un estrés agudo. A nivel psicológico, el problema es que esa persona sigue viviendo esa situación. No es suficiente con que esté a salvo, no puede empezar a construir porque probablemente sigue teniendo allí a una pareja, a unos padres o amigos, un trabajo, una vivienda… Se trata de una situación muy difícil a la hora de hacer terapia.

Las personas que llegan solicitando protección internacional tienen más riesgo de desarrollar un trastorno de salud mental porque se le añade una situación de trauma. Hay todo tipo de trastornos de salud mental como puede haber en la población española, por ejemplo, solo que le añades el estrés postraumático que puede aparecer por haber vivido, por ejemplo, una situación bélica.»

¿Cuáles crees que van a ser las necesidades de atención en salud mental a estas personas a medio plazo?

«Pienso que las necesidades de atención en salud mental para las personas solicitantes de protección internacional son un poco diferentes a la población autóctona porque siempre tendrán ese componente de vulnerabilidad por el hecho de ser migrante y de tener que empezar de cero contra su propia voluntad. Esta vulnerabilidad les acompaña durante muchos años, no estamos hablando de un corto o medio plazo. Es muy importante realizar un acompañamiento multidisciplinar, cercano y lo más individualizado posible para lograr realizar una contención inicial e incluso prevención.»

¿Cómo podemos ayudar como sociedad a paliar estos efectos y mejorar el bienestar de estas personas?

«Como sociedad hay dos aspectos que pienso que son positivos. Por un lado, ha habido un movimiento muy global de ayuda desde diferentes países. En este sentido, la respuesta a la crisis humanitaria ha sido muy positiva. Por otro lado, quiero pensar que esto que estamos viviendo puede ser una oportunidad para entender mejor los flujos migratorios y no vivirlos, como ha pasado en los últimos años, como algo de lo que debamos defendernos como sociedad, como ha sucedido anteriormente en crisis como la de Marruecos o Senegal. Los flujos y crisis migratorias, esperadas o no, no pueden ser interpretadas como invasiones dependiendo de la procedencia de las personas. Esta experiencia con Ucrania, con cuyos habitantes quizás nos podamos sentir más identificados, debería ser un aprendizaje en este sentido. Un aspecto importante como sociedad es evitar esta jerarquización de la persona, como ha estado pasando con población migrante, como si habláramos de estatus diferentes solo por ser migrante. Es básico que las personas migrantes tengan unas condiciones laborales correctas, que no se aproveche su vulnerabilidad y se les permita una adaptación integral».

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 21 de Abril de 2022
Última modificación: 26 de Abril de 2022

España ha recibido a más de 70.000 personas refugiadas de Ucrania según la estimación del Gobierno, aunque se trata de una cifra difícil de cuantificar porque muchos se encuentran con familiares y amigos y no pasan por los cauces de acogida estatales. Una de las entidades que gestiona esta acogida es la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), que trabaja en la defensa y promoción del derecho de asilo en España y dando atención directa e integral a las personas refugiadas.

Hemos conversado con Lorena Carrasco, psicóloga de CEAR y con experiencia en primera acogida y en proceso de inclusión, para conocer cómo es este proceso de acogida y cómo se realiza el acompañamiento psicológico.