Domingo Gutiérrez
Pareja y padre de personas con TDAH

«He podido dar sentido a situaciones que ahora sé que forman parte de su identidad»

Las primeras señales de alarma llegaron desde el colegio de Alba y Joan. Como pasa a menudo con niños con TDAH, las comunicaciones desde Dirección eran continuas: «Se ha dejado la actividad sin hacer»; «Debería haber traído un tema para el jueves y no lo ha hecho»: «No se entiende su caligrafía»; «Se ha olvidado la cartera en el colegio»... Los profesores advirtieron que quizás habría algún motivo detrás de estas situaciones; y Domingo y Sandra, los padres, empezaron a realizar la batería de pruebas que les llevarían al diagnóstico: trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Y esas mismas pruebas, explica Domingo, «pusieron también nombre a algunas situaciones que hasta el momento yo entendía como despistes de mi mujer», a quien el diagnóstico de TDAH le llegó junto al de sus hijos. 

Domingo nos cuenta cómo es convivir con tres personas con TDAH, cómo son las dinámicas familiares, cómo se manifiesta el trastorno en una persona adulta y en dos menores de distintas edades y cómo gestionan algunas de las características del trastorno, como la impulsividad, la aceleración y la gestión del tiempo y del espacio. De momento, para empezar, nos asegura con una sonrisa que está entretenido. 

«Ellos tienen déficits en algunas cosas, pero para otras tienen capacidades por encima del resto», explica Domingo, que asegura que «gracias a mis hijos, he conocido más a mi mujer y ahora entiendo que algunas cosas que antes pensaba que eran despistes en realidad forman parte de su ser, de su identidad». En este sentido, advierte que «tienes que aprender a aceptar algunos detalles que no te agradan tanto y darle valor a aquellos aspectos que te agradan mucho, como la creatividad, la capacidad que tienen de relacionarse, la facilidad de expresión y de análisis…Capacidades que yo no tengo».

Pero para la convivencia es importante también conocer algunas características propias del TDAH. «Ellos tienen la sensación de que pueden hacer veinte mil cosas y que tú sólo puedes hacer diez mil. Esto les condiciona, porque en realidad en una hora solo caben tres cosas de 20 minutos, pero ellos piensan que caben cinco, y no caben». Algo que Domingo asocia a su hiperactividad y aceleración. «Yo siempre le digo a mi mujer que ella no ha aprendido a descansar porqué está siempre en movimiento, pero descansar también es importante y la pausa es necesaria. Esto es complicado en el día a día, porque, por ejemplo, un fin de semana puede empezar un sábado a las ocho de la mañana y terminar el domingo a las once de la noche. Y muchas veces, en medio, hay que buscar momentos para coger un poco de aire». A parte de la aceleración y de la dificultad de gestionar el tiempo y el espacio, Domingo también enumera otras situaciones propias de la impulsividad, los despistes o la falta de habilidades psicomotrices.

Un fin de semana puede empezar un sábado a las ocho de la mañana y terminar el domingo a las once de la noche.

Pero si una cosa tiene clara Domingo es que «he aprendido a querer mucho más a mi pareja en el momento que he aceptado esta situación. Cuando le das sentido a algunos detalles, activas mecanismos de proximidad y esta aceptación me ha llevado a quererla aún más. Veo que sus actos forman parte de su personalidad, y veo sobre todo su parte más brillante».

Acompañamiento en la escuela y en casa

Domingo y Sandra están contentos con el papel que ha jugado y juega la escuela en todo este proceso con sus hijos. Nos cuentan que los dos tienen adaptaciones específicas y apoyos en los estudios: «No se les da un contenido distinto al resto, pero se les ayuda de alguna manera, por ejemplo, dándoles más tiempo para realizar algunos exámenes». Las dificultades en el aprendizaje es uno de los temas que más suele preocupar a los padres, pero a Domingo no le preocupan las calificaciones de sus hijos, sino que lo que le inquietaba era «pensar que mis hijos no estuvieran captando ni una cuarta parte de lo que captaban sus compañeros en clase. Y que esto, con el tiempo, significara que no se pudieran defender, ni personalmente ni académicamente». 

Lo que me inquietaba era pensar que mis hijos no estuvieran captando ni una cuarta parte de lo que captaban sus compañeros en clase

Para que esto no suceda es muy importante la implicación del centro educativo y estos refuerzos de los que habla Domingo: «Mi hijo, por ejemplo, no es que no entienda las matemáticas, es que, por ejemplo, el signo de multiplicar y el de sumar los confunde, y en vez de sumar, multiplica. Claro, si no hay un colegio que esté al tanto de lo que hay, y un profesor que esté detrás y que diga: “Revísalo, que es una suma”... Entonces, él ya hace la operación, porque sabe hacerla».

Este acompañamiento también se traslada en casa y en el día a día de los dos hijos, pero aquí Domingo destaca la diferencia entre su hija de 14 años y el hijo de 12, pues «el proceso madurativo juega un papel importante en el TDAH. Mi hija está en otro punto a nivel madurativo, ella ya tiene estrategias para su propio desarrollo personal y todo está más estabilizado. Con el pequeño todavía estamos en esa fase en la que hay que seguir acompañándolo, hay que seguir trabajando con él muchos detalles todavía». Lo que está claro es que quizás «hay que acompañarlos durante más tiempo hasta que llegan a ser autónomos».

Gestionar los síntomas del TDAH 

«Al principio éramos un poco reticentes en darles medicación», confiesa Domingo, que ahora ve que, en su caso, ha sido beneficiosa para los dos. «El resultado, no solo desde nuestra óptica, sino visto desde el entorno académico, de los familiares y del círculo más próximo, ha sido positivo y hemos notado una diferencia importante». Asegura que la medicación les ayuda a estar más pausados, más tranquilos, a concentrarse más, y «esto les permite tener una relación más próxima, pues la aceleración a veces puede distorsionar la relación». Otro aspecto que también ayuda a controlar la medicación es la impulsividad, que a veces les ocasiona algún que otro problema. Y entre algunos de los síntomas negativos, destacan la falta de apetito al mediodía y la dificultad para conciliar el sueño por la noche. 

Creo que debemos acompañar a nuestros hijos durante más tiempo hasta que sean autónomos

En la conversación con Domingo, también hay espacio para la reivindicación: «Si mi hijo tiene un problema con las matemáticas, sé que tengo que buscar a un profesor que le ayude, pero si mi hijo tiene un problema de impulsividad, de gestión del tiempo y del espacio, es complicado encontrar a alguien que le pueda ayudar en el manejo de estas alteraciones». Por eso, reclama más espacios y más oportunidades para poder ofrecer a las personas con TDAH herramientas para defenderse en su día a día. 

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 16 de Junio de 2022
Última modificación: 16 de Junio de 2022
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