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Artículo

Más allá del diagnóstico

Recuperar la terapia centrada en la subjetividad, los vínculos y la resiliencia
Francisco de Pedro Melgarejo

Francisco de Pedro Melgarejo

Psicólogo clínico. Unidad Terapéutica Acompanya’m
Hospital Sant Joan de Déu Barcelona
UTE Acompanyam

La Unidad Terapéutica Educativa Acompanya’m, donde trabajo como psicólogo clínico desde junio de 2018, es un recurso residencial tipo comunidad terapéutica para menores con problemas graves de salud mental ligados a alta complejidad familiar y social.

La mayoría de chicas y chicos que nos llegan, vienen con una larga historia de sufrimiento que han conseguido sobrellevar como mejor podían.

Son, de alguna manera, veteranos de los servicios de salud mental, han pivotado por recursos tanto ambulatorios como hospitalarios de la red, han recibido multitud de tratamientos farmacológicos, y vienen, por lo general, cargados de diagnósticos con los que se presentan (o ante los que se rebelan) y que cubren nuestra necesidad, como profesionales, de darle un nombre y atribuirle un origen a aquello que estamos viendo, aunque no lo entendamos del todo.

En el caso de Cristina, una de las protagonistas de #YoCambioTodo, había sido diagnosticada de trastorno del espectro autista, ansiedad y depresión, pero previamente por trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) e incluso trastorno bipolar. Y sin embargo ella se quejaba de no haberse sentido escuchada nunca. Ni en el entorno familiar, ni en el asistencial más adelante. 

Cristina Rubio

Cristina Rubio

Protagonista de #YoCambioTodo

Una etiqueta diagnóstica puede impedirnos ver la complejidad del cuadro completo, y por tanto adaptarnos a las necesidades más básicas. Clasificar es necesario, necesitamos nombrar las cosas para dejar de tenerles miedo, el problema es confundir el nombre con lo que realmente es, como dicen desde la terapia sistémica: el mapa no es el territorio.

Hyman (2010) lo ha llamado la «reificación» del diagnóstico: creer que el nombre que le damos explica todo sobre un fenómeno o es el fenómeno en sí. Presuponer que un fenómeno como el sufrimiento psíquico puede ser entendido desde un solo campo es reduccionista, transforma la complejidad en un listado de síntomas, dejando fuera la importancia del contexto, la subjetividad de la persona, las experiencias a menudo altamente traumáticas que han vivido, y acrecentando, con las mejores intenciones, la vivencia de soledad.

Los síntomas surgen en un contexto familiar y social del que son indesligables. Por ello la intervención institucional debe ir dirigida no solo al individuo, sino a su familia y contexto social, trabajando la reparación de los vínculos con la comunidad y la inclusividad de ésta.

Las chicas y chicos que atendemos con frecuencia proceden de entornos familiares y sociales no protectores donde han sido expuestas a experiencias de trauma temprano. El trauma repetido desorganiza el funcionamiento de la mente, provocando trastornos de las respuestas de estrés, del apego, problemas de atención, aprendizaje, alteraciones de conducta y de la socialización, entre otros.

Además, a menudo las políticas públicas y las condiciones institucionales no se adaptan a las necesidades de la infancia, provocando en su conjunto un nuevo contexto de desprotección y negligencia, esta vez por parte del sistema. 

Ofrecer un contexto protector y seguro

Es por ello que la primera prioridad antes de cualquier otra intervención es ofrecer un contexto protector y seguro. Protector en cuanto a las prácticas, pero también seguro en lo que respecta a la disponibilidad y apoyo afectivos, la aceptación incondicional, la ausencia de juicios, y la escucha real.

Esto permite estabilizar las rutinas diarias en la vida del niño o niña o adolescente, y a través de una relación sintonizada con el profesional (terapeuta, educador…) fomentar la auto-observación, la mentalización y la regulación emocional, herramientas esenciales para el desarrollo de la resiliencia. 

La propuesta terapéutica plantea por tanto una perspectiva ampliada, que sitúa el foco del tratamiento, más allá de la enfermedad y los síntomas, en las experiencias vividas, el desarrollo de una narrativa biográfica, y los determinantes sociales, biológicos, histórico-culturales e intergeneracionales.

De esta manera, la terapia se convierte en una construcción compartida en la que la subjetividad, los vínculos y la resiliencia toman el papel central, con el objetivo de ayudar reconstruir un proyecto de futuro ilusionante y lleno de nuevas oportunidades.

Fotografía: Carles Salillas/OHSJD Aragó