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Nuevas tecnologías

¿Qué debemos hacer si nuestro hijo no respeta el tiempo consensuado que puede estar ante las pantallas y se enfada?

Parece que el tiempo lo habéis decidido, pero no consensuado, ya que a él no le parece bien. Nos referimos a consenso cuando todas las partes están de acuerdo. Por otro lado, el consenso en el uso de pantallas puede ser complicado ya que hay otras cosas a tener en cuenta como la edad del menor o el uso que le está dando a la pantalla. Por ejemplo, no es lo mismo tener 16 años y en esas 3 horas hacer los deberes, jugar y relacionarse con amistades, que tener 8 años y dedicar 3 horas diarias a jugar a la consola. Así pues, es muy importante analizar la etapa evolutiva de la criatura, sus necesidades y la realidad familiar para determinar las horas y poder llegar a consensos en el caso que lo veamos necesario.

Por otro lado, el enfado delante de una situación que el menor no comparte ni entiende, es una emoción lícita, es normal que se enfade si no está de acuerdo. A pesar de ello, aunque esté enfadado hay conductas que hay que redirigir. Delante de la situación crítica, del momento del enfado, si retiramos a la fuerza lo más probable es que se dé una escalada de malestar tanto en la criatura como en su familia, por eso suele funcionar mejor, como adultos, revisar esa situación, las pautas que hemos dado y hacer cambios para las siguientes veces.

Por ejemplo, si pasadas las horas acordadas no lo quiere dejar, le avisamos. Si no lo deja y se nos hace tarde para cenar, dormir o lo que sea, nos podemos preguntar: ¿hemos puesto alarma de fin de actividad? ¿hemos acompañado y avisado los últimos momentos? ¿le pasa en todas las situaciones o solo en días determinados?, ¿es necesario o conveniente que se conecte 3 horas al día? ¿Cuál es la actividad que tiene que hacer al terminar el tiempo? Este tipo de reflexiones sobre la situación problemática nos puede ayudar a planear mejor nuestras rutinas acompañando a nuestro hijo o hija en el malestar que puede suponer para ellos dejar de hacer una actividad gratificante para empezar a hacer una que, seguramente, lo es menos. Además, que las personas que acompañamos al menor seamos conscientes de que la emoción es normal ayuda a no frustrarse o enojarse por el enfado, cortando la escalada de conflicto en casa y mejorando el ambiente familiar.