Pregunta al experto

Crisis de ansiedad: qué es y cómo actuar

Un ataque o crisis de ansiedad sucede cuando se experimenta de forma súbita y muy intensa una sensación de miedo y angustia incontrolable y viene acompañada de diversos síntomas físicos intensos. Se estima que hasta un 20% de la población lo ha tenido o puede tener en algún momento de su vida. Es un momento en que la persona incluso puede llegar a temer por su vida debido a la intensidad de los síntomas. En esta pregunta al experto pretendemos responder a las grandes dudas sobre la crisis de ansiedad: ¿qué es?, ¿cómo podemos ayudar?, ¿cómo se trata?, ¿se puede evitar?
Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez
Enfermero especialista en salud mental. Centro de Salud Mental de Adultos. Esplugues de Llobregat
Parc Sanitari Sant Joan de Déu
Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola
Enfermera especialista en salud mental. Unidad de Ansiedad
Parc de Salut Mar
Expertos
Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez
Enfermero especialista en salud mental. Centro de Salud Mental de Adultos. Esplugues de Llobregat
Parc Sanitari Sant Joan de Déu
Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola
Enfermera especialista en salud mental. Unidad de Ansiedad
Parc de Salut Mar

¡Consulta las respuestas!

Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola

Primero de todo, hay que decir que ansiedad tenemos todos, aunque de distintas formas. De hecho, un poco de ansiedad nos puede ser útil porque nos estimula, nos hace estar alerta y rendir mucho más. Por ejemplo, se ha visto que las personas más ansiosas ante situaciones difíciles suelen resolver el problema antes que los demás, o sacan mejores notas, etc. Pero, a veces, cuando esta ansiedad es demasiado intensa o aparece cuando no toca, puede resultar muy limitante.

En el caso de un ataque de pánico, es decir, una ansiedad que viene de golpe y con mucha intensidad, cuanto más queremos controlar los síntomas, más nos damos cuenta de que no podemos, y eso puede aumentar la ansiedad. Es decir, cuanto más hacemos para controlarla, más pendiente estamos de ella, y eso puede generar aún más ansiedad.

Las personas más ansiosas tienden a necesitar tenerlo todo bajo control. Pero cuando la ansiedad aparece en forma de ataque de pánico precisamente cuesta mucho de controlar. Lo que sí podemos controlar es cómo afrontamos el miedo que nos provoca para que no nos limite la vida y prevenir así que vuelva a ocurrir. A veces no se trata tanto de controlarla como de conseguir centrarse en lo que uno está haciendo y dejarla pasar, pero eso no es tan fácil en la práctica; podríamos decir que es como un entrenamiento. Seguro que habéis oído el «si tienes un ataque, siéntate y respira», pero esto no siempre funciona en el momento y, en todo caso, no sirve para perder el miedo a largo plazo. Tal vez no debamos aprender tanto a controlar sino aprender a controlar menos.

Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola

Muchas veces, lo que desencadena una crisis es una situación que ya hemos identificado como «peligrosa». Es decir, por ejemplo, si tengo una crisis en el metro puedo identificar el metro como un posible desencadenante, y eso me puede llevar a evitar ir en metro o a que reaparezca una nueva crisis si lo hago. Por eso, otras veces el desencadenante es el pensamiento. Pensar «¿y si me pasa?» ya vuelve a conectar las alarmas.

Podríamos decir que tenemos la alarma del peligro demasiado fina, es decir, esta respuesta que nos puede ser útil para salvar la vida ante un peligro aparece cuando no toca o es demasiado intensa, con lo que ya no nos es útil y nos puede limitar mucho la vida.

La ansiedad tiende siempre a anticipar un futuro catastrófico, aunque nunca se haya cumplido. Otras veces, en cambio, a la persona le cuesta identificar un desencadenante, y es lo que llamamos crisis inesperadas. En estas ocasiones el desencadenante suele ser una sensación física. Por ejemplo, cuando uno no ha dormido bien y tiene el cuerpo extraño, o si la mujer tiene la menstruación, o si estamos resfriados, o si escuchamos un ruido fuerte, o ante situaciones emocionales (películas, etc.). Todo esto nos altera el cuerpo y puede hacer saltar también la alarma.

Por esto es tan difícil de controlar un ataque (viene cuando quiere). De hecho, muchas veces, cuanto más lo intentamos, más nerviosos nos ponemos porque es muy difícil, y cuanto más pendientes de los síntomas estamos, más ansiedad nos provoca. Lo que sí podemos controlar es cómo afrontamos el miedo para que no nos limite la vida.

Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola

Los síntomas de una crisis de ansiedad pueden variar según la persona y, a veces, según el momento en una misma persona, pero generalmente son muy parecidos y están bien descritos. Sabemos que un ataque de pánico, o crisis de ansiedad, es una respuesta adaptativa de nuestro cuerpo ante una situación de peligro, es decir, es una respuesta que nos puede ser útil ante un peligro porque nos prepara para luchar o huir de él, pero en el caso de una crisis la respuesta salta «cuando no toca» y de forma desproporcionada, por eso nos asusta. Tiene que quedar bien claro que, a pesar de que los síntomas son muy desagradables, no son peligrosos porque están programados para salvarnos la vida ante un peligro real.

Así, por ejemplo, se nos activa todo lo necesario para salvar la vida, como el corazón (de ahí que podamos sentir taquicardia, palpitaciones, subida de la tensión arterial), la respiración se acelera (boca seca, hiperventilación, que nos puede llevar al mareo), la tensión muscular aumenta (a veces causa temblores, inquietud, rigidez), aparece la visión borrosa o sensación de irrealidad (las pupilas se dilatan para centrar la atención en el peligro), i se desactiva lo que no es necesario en ese momento, como por ejemplo la digestión (a veces se puede tener la sensación de náuseas o diarrea).

Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez

Cuando hablamos de la presencia de una crisis de ansiedad, nos referimos a episodios o estados de alto nivel o de extrema ansiedad. En muchos casos, estos episodios pueden producirse de manera abrupta sin un desencadenante concreto, aunque en otras múltiples ocasiones sí se produce por la presencia de un estresor o una situación ambiental concreta.

En líneas generales, una buena manera de prevenir una crisis de ansiedad seria hacer una buena prevención en la propia presencia de ansiedad.

Consejos básicos para tener unos hábitos y un estilo de vida saludable:

  • Mantener una alimentación equilibrada, rica en vitaminas, minerales, antioxidantes, triptófano y omega-3, entre otros productos, que ayudan a mantener una mejor salud física y mental.
  • Realizar actividad física de manera regular.
  • Mantener un sueño reparador de unas 7-8 horas.
  • No consumir alcohol ni tóxicos en general.
  • Mantener una buena red social.
  • Realizar ejercicios básicos de relajación, como podría ser la respiración abdominal.
Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola

Depende muchas veces de la situación, o de si lo que queremos es una solución temporal o a largo plazo.

Por ejemplo, muchas veces nos dicen que «si tienes un ataque, siéntate y respira». Pese a que es una solución que puede funcionar, en algunos casos nos puede poner aún más ansiosos al darnos cuenta de que nos cuesta mucho «controlar» la situación.

Otra opción es, por ejemplo, tomar un ansiolítico, pero eso es un parche puntual que puede ser útil en el momento, pero que, a la larga, no nos está quitando el miedo, sino que lo mantiene y no nos ayuda a largo plazo.

Sabemos que las sensaciones asustan y el miedo se mantiene cuando lo evitamos o huimos, con lo que, a largo plazo, deberíamos lograr afrontar esos síntomas y situaciones de otra manera. Así que no se trataría tanto de controlar los síntomas, sino de centrarse en la actividad que se está haciendo y dejar pasar las sensaciones. A veces, cuanto más hacemos, más pendientes estamos y más la hacemos durar.

A parte de saber afrontar el momento de crisis, tendremos que hacer una serie de cosas para mantener estabilizados nuestro ánimo y nuestra ansiedad basal. Esto nos ayudará a prevenir más ataques.

Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola

Los síntomas pueden variar entre personas y a veces ser distintos en el tiempo en la misma persona, pero si conocemos todos los síntomas que puede producir un ataque de pánico (que son bien conocidos y están bien descritos), esto nos ayudará a identificarlos si aparecen de nuevos.

Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez

Cuando una persona tiene un ataque de pánico, lo primero que intenta hacer es controlar los síntomas, y ya hemos visto que eso puede ser muy difícil. Lo importante es aprender, poco a poco, a tolerar estos síntomas para que les vayamos perdiendo el miedo y cada vez aparezcan de forma más leve o no aparezcan. Cuanto más miedo a tener una crisis, más probabilidad de tenerla. Lo más importante es no dejar que nos limite la vida y, poco a poco, ir afrontando esos miedos.

Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez

Generalmente, ante un ataque de pánico, las personas no suelen autolesionarse. Si esto ocurre como un mecanismo para «desconectar de la ansiedad», debemos pensar que existe algún problema de personalidad de base que nos está interfiriendo en ese manejo de la ansiedad.

En esos casos, hay que valorar solicitar atención especializada para tener algunas herramientas que nos ayuden a controlar esos impulsos que nos pueden dañar.

Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola

Primero debemos tener claro que un ataque es desagradable pero no peligroso, así que no debemos asustarnos, debemos mantener la calma y simplemente acompañar a la persona y ofrecerle lo que necesite. Por ejemplo, podéis recordarle que las sensaciones son desagradables, pero no peligrosas, que durará un rato y la ansiedad bajará, que estáis ahí. Hay personas que os pedirán contacto, otras que las dejéis solas. En ese momento hay que respetar lo que necesite y, cuando el ataque pase, podéis hablar de lo ocurrido. No ayuda ser demasiado sobreprotectores, pero tampoco ser demasiado rígidos u obligar a la persona a actuar de determinada manera.

Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez

Aunque la ansiedad está presente en nuestro día a día, es evidente que en muchos casos los estresores ambientales u otros acontecimientos vitales podrán aumentar el nivel de ansiedad y, a la vez, su dificultad de manejo. Aunque estos aspectos ambientales son fundamentales a la hora de entender la aparición de clínica ansiosa u otro malestar emocional, debemos también tener en cuenta otros factores.

Por un lado, hay evidencia científica que los factores hereditarios o genéticos pueden predisponer a una persona a manifestar más síntomas en la esfera ansioso-depresiva. Sin embargo, esta predisposición no significa que esa persona tenga que desarrollar dicho trastorno.

Por otro lado, los rasgos o tipos de personalidad concretos pueden favorecer la presencia en mayor medida de una clínica de característica ansiosa. En general, la personas que llamaríamos «evitativas» o «dependientes» presentan un alto nivel de ansiedad debido a que generalmente presentan una baja autoestima e inseguridades.

Otras personalidades propensas a presentar más ansiedad y malestar emocional son las personas con un alto nivel de exigencia, autorresponsabilidad y, en muchos casos, con rasgos obsesivos y controladores. En muchas ocasiones, estas personalidades llevan consigo una baja tolerancia a la frustración y altas dificultades para afrontar cambios en su día a día.

Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez

Si somos capaces de mantener un nivel de ansiedad normal no incapacitante y nos cuidamos, podemos ayudar a prevenir la aparición de las crisis. Por ejemplo, la actividad física es una de las mejores maneras para prevenir ataques, puesto que segregamos serotonina (entre otras cosas), que mejora la ansiedad y el ánimo y, por otra parte, nos ayuda a afrontar algunas sensaciones que a veces nos asustan, a la vez que descargamos tensiones acumuladas.

A parte del ejercicio, también puede ser útil aprender a parar y adquirir el hábito de realizar alguna técnica de relajación, no tanto en el momento de la crisis sino para nuestra ansiedad basal. También es fundamental mantener una alimentación saludable y las horas de sueño necesarias para reparar nuestro cuerpo y nuestra mente, a la vez que evitar algunos factores de riesgo que la empeoran (como el consumo de drogas, etc.). También nos va a ayudar gestionar el tiempo de manera que nos centremos en el aquí y el ahora, distraernos con actividades que nos gusten, relacionarnos...

Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez

La ansiedad en niños es bastante común. Estamos hablando de una etapa con muchos cambios y mucha indefensión, con inseguridades, miedos y preocupaciones. Si a todo esto se le suman otras circunstancias como problemas familiares, pérdidas, problemas en la escuela, posibles experiencias o acontecimientos traumáticos… los cuadros potenciales de ansiedad se pueden agravar.

Todo ello puede conllevar la presencia de ciertos comportamientos o síntomas tales como, entre otros, irritabilidad, tristeza, alteraciones en el sueño, molestias físicas (dolor abdominal a veces acompañado de pérdida del apetito, cefalea, fatiga), bajo rendimiento académico y aislamiento social.

En la gran mayoría de casos, un buen apoyo familiar y del entorno más cercano, que le permita expresar los sentimientos, y la búsqueda de soluciones permitiran reconducir la situación. Establecer unas rutinas diarias saludables, tranquilas, con espacios tanto de ocio como escolares, ayudará a mejorar estas situaciones de malestar. Es importante también establecer rutinas a la hora de dormir.

En cualquier caso, es recomendable trasladar el malestar al pediatra referente para que conozca bien el caso y pueda también valorar la necesidad de derivarlo al equipo especialista de salud mental de la red infantojuvenil.

Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola

La ansiedad en la infancia y adolescencia viene generalmente manifestada por síntomas cognitivos, como miedos, pensamientos negativos o desagradables, o síntomas más corporales, como malestar gastrointestinal (dolor abdominal, vómitos, diarreas, pérdida o a veces exceso de apetito), cuando no pueden poner palabras o identificar su malestar. Por tanto, es muy importante primero que los padres puedan detectar este malestar emocional.

Ante un episodio de crisis sería importante acompañar al adolescente nombrando cada uno de los síntomas físicos que aparecen y vinculándolos con un posible malestar psicológico (preocupación, inquietud, ansiedad). Hacer esto de una manera abierta. Si se ve al adolescente muy sobrepasado, se le puede ayudar a respirar profundamente, focalizando la atención en el recorrido de la respiración.

Aunque ver sufrir a los hijos puede provocar en los padres la búsqueda de una solución rápida, es importante que éstos transmitan un mensaje de tranquilidad, que les cuenten que estos episodios van remitiendo, que se mantengan con ellos todo el tiempo, con una postura de confianza y seguridad. No conviene sobrerreaccionar a este malestar, ni intentar buscar una solución rápida.

En cualquier caso, es importante contactar con el profesional de salud de referencia (pediatra, si es menor de 15 años, o médico de cabecera, a partir de los 15 años) para valorar qué tipo de intervención se debería realizar.

Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez

En el caso de una persona que ya haya tenido episodios previos de crisis de ansiedad, es importante que intente recordar que esto ya le ha sucedido y que, aunque es desagradable, no es peligroso y siempre pasa. Por otro lado, también hay que tener en cuenta que, en muchas ocasiones, los síntomas ansiosos puede que se repitan en el tiempo. La persona podrá reconocer el malestar en los momentos iniciales y podrá actuar antes que el cuadro ansioso pueda llegar a niveles elevados.

Es verdad que utilizar mentalmente palabras clave como «tranquilidad», «relajación», o bien un discurso tipo «voy cogiendo el aire y expulsándolo tranquilamente por la nariz o la boca», mientras realizamos una respiración abdominal profunda, puede ayudar no solo a reforzar el ejercicio respiratorio que se realiza, sino también a distraer la mente y evitar la presencia de pensamientos intrusivos negativos o catastrofistas que, en cierta forma, podrían acelerar y aumentar los niveles de ansiedad. Pero esto no siempre funciona en el momento de la crisis cuando es muy intensa.

Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez

Dejando de lado factores tan importantes a la hora de presentar cuadros o crisis de ansiedad como los estresores ambientales, situaciones traumáticas, cambios vitales o los propios factores genéticos, es evidente que los rasgos de personalidad pueden favorecer que una persona sea más propensa a tener ansiedad.

En general, personas con algún problema de adicción, excesivamente responsables o con rasgos de la personalidad evitativa, dependiente y obsesiva presentan altos niveles de ansiedad y malestar emocional.

También se ha visto que tiene más probabilidades de tener ansiedad la persona que ya la ha sufrido antes y tiene miedo a la recurrencia. Entonces, si una persona ha sufrido una crisis en una situación, es común que tenga miedo a que se le vuelva a producir en esa misma situación si la repite.

Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola

Sí, la crisis de ansiedad puede favorecer un aumento de la tensión arterial (TA), pero no de una forma peligrosa. Sin embargo, sí debemos estar más atentos si la persona tiene un problema de hipertensión además de ansiedad.

Silvia Rosado Figuerola
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Aunque encontraremos información de todo tipo, no está demostrada una relación clara entre problemas cardíacos y ansiedad. Por ejemplo, el hecho de que una persona haga deporte con asiduidad y ponga al corazón al límite regularmente no se relaciona con problemas cardíacos. Es cierto que la ansiedad produce taquicardia y palpitaciones, pero no de una forma «más peligrosa» que haciendo deporte. La mayoría de las personas que han tenido un infarto no lo relacionan con la ansiedad, aunque una persona que tiene ansiedad suele tener mucho miedo a sufrir un infarto ante una crisis. Una persona con mucha ansiedad de base sí puede ver que su tensión arterial aumenta.

Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez

La presencia de una enfermedad o proceso somático físico puede llevar la presencia asociada de ansiedad. Esta ansiedad viene dada, en muchos casos, por la presencia del propio malestar o dolor físico que conlleva el cuadro médico o por la propia angustia situacional que lleva un proceso médico, su diagnóstico y la incertidumbre de su evolución a corto o largo plazo.

Pero de la misma manera que una patología somática puede llevar a la persona a presentar clínica ansiosa o depresiva, la propia presencia de ansiedad puede afectar directamente a nuestro cuerpo.

La presencia de estrés o ansiedad sobre todo de manera continuada puede afectar en la aparición de complicaciones por ejemplo cutáneas, del sistema digestivo, muscular, respiratorio e inmunitario, entre otros.

Cabe también destacar la relación que existe entre la ansiedad persistente o estrés crónico y el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares. En estos casos, el aumento de las constantes vitales tales como la tensión arterial (TA) o la frecuencia cardíaca (FC) puede favorecer la presencia de una problemática en dicho sistema orgánico.

Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola

Ante un partido o una competición, los técnicos primero descartarán cualquier problema físico, y una vez descartado, deben actuar sin alarmarse. Sabemos que una crisis de ansiedad es desagradable pero no peligrosa, así que deberán dejar pasar los síntomas y en unos minutos habrá terminado.

Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola

La fobia social es un trastorno de ansiedad que, a veces, puede causar crisis de ansiedad en situaciones sociales. Por ejemplo, puedes notar taquicardia, rubor, hiperinflación, tartamudeo, temblor u otras sensaciones típicas de un ataque de pánico en situaciones sociales como por ejemplo hablar en público, conocer gente, ser el centro de atención, estar en grupos grandes o pequeños, pedir en un restaurante o tienda, hablar por teléfono delante de gente…

Otro trastorno muy frecuente que se da en personas que tienen ataques de pánico es la agorafobia. La agorafobia no es el miedo únicamente a los espacios abiertos como a veces se piensa, se podría definir como «miedo al miedo», es decir, que por miedo a tener un ataque dejo de hacer ciertas cosas o de ir a ciertos sitios. Las situaciones que se evitan más frecuentemente son salir solo de casa, ir en transporte público, ir a lugares con mucha gente, espacios abiertos, espacios cerrados o con un difícil escape, etc.

Muchas veces, también puede ir acompañado de una ansiedad general elevada (estar preocupado por muchas cosas con anticipaciones catastróficas), insomnio e incluso bajo estado de ánimo.

Silvia Rosado Figuerola
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Dependerá evidentemente del servicio en que estén y de si queremos una actuación rápida o más a largo plazo. Por ejemplo, en un servicio de urgencias deberemos actuar rápido y no tenemos mucho tiempo, así que un ansiolítico pautado puede ser de ayuda, o incluso alguna técnica para centrar la «atención fuera». En un servicio comunitario, podemos hacer un abordaje más amplio de cara a perder el miedo a esas sensaciones y situaciones a largo plazo.

En la consulta, cuando a veces alguien tiene un ataque, me pide si se puede tumbar. Yo le suelo decir que intente seguir haciendo la actividad que estaba haciendo y que intente concentrarse en lo que estamos haciendo, es decir, que se centre en responder a mis preguntas. A los pocos minutos se le suele pasar el ataque, y eso ayuda a que comprenda que la ansiedad sube y llega a un punto que ya no sube más, y entonces baja. Y cuanto menos haga para controlarla, antes bajará.

Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola

Cuando los profesionales de la salud estamos ante un ataque de ansiedad, puede que nos haga sentirnos ansiosos a nosotros mismos por la dificultad de tolerar el malestar del otro, por ello tendemos a «correr». No nos debemos alarmar, si estamos seguros de que se trata de una crisis de ansiedad, debemos mostrarnos tranquilos, simplemente acompañar y recordarle que es desagradable pero no peligroso y que pasará. Otro error frecuente es pensar que la persona «lo puede controlar». A veces nos cuesta entender lo que le está pasando o creemos que depende de ella que le deje de pasar, y decimos palabras como «cálmate» o «relájate», que no ayudan.

Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez

Los profesionales de la salud nos encontramos cada vez más con situaciones en las que la persona atendida presenta en la consulta ambulatoria o dispositivo de urgencias un alto nivel de ansiedad o, en muchas ocasiones, una crisis franca de ansiedad.

En estas situaciones es importante primero de todo mantener y transmitir calma, control y seguridad. La persona debe sentirse acompañada en todo momento, para favorecer su seguridad, a la vez que pueda tener su propio espacio vital.

Es importante intentar acondicionar el espacio (ventilarlo, evitar ruidos) o, si es necesario o posible, trasladar a la persona a un espacio mejor acondicionado.

La persona atendida debe estar cómoda, bien sentada o estirada.

Hay que acompañarla con palabras o frases sencillas que ayuden a realizar un pequeño ejercicio de respiración abdominal para intentar reducir los niveles de ansiedad. Conviene utilizar un tono de voz calmado y claro.

En estos momentos es importante que la persona pueda mantener una cierta distracción mental que le permita evitar pensamientos negativos, estar pendiente de los síntomas o sensaciones manifestadas por la ansiedad, de manera que se vaya reduciendo el malestar.

Si fuera necesario, se ofrecería tratamiento ansiolítico de rescate de absorción rápida (sublingual).

Una vez reducido el malestar o crisis, es importante realizar un buen acompañamiento a la persona, buscar ayuda especializada para poder no solo tener más y mejores herramientas personales para prevenir y gestionar potenciales crisis de ansiedad, sino también para entender y mejorar su salud mental.

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 8 de Febrero de 2022
Última modificación: 22 de Marzo de 2022