La ingesta emocional puede llevar a un incremento en el riesgo de tener sobrepeso y obesidad, y con ello, enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2.
La ingesta emocional se refiere a aquellas situaciones en las que una persona consume alimentos en respuesta a emociones como la tristeza, la ansiedad, la rabia o el aburrimiento, en lugar de hambre física.
El estigma vinculado a las adicciones perjudica considerablemente el acceso y la eficacia del tratamiento. Muchas personas afectadas evitan buscar ayuda por miedo a ser juzgadas o discriminadas.