«A veces me siento como si estuviera en medio del mar y no supiera nadar»
La depresión ha interferido en todos los aspectos de la vida de María José. Tras cuatro años de tratamiento, ingresos, medicación y mucho esfuerzo, ahora se siente con fuerzas para recuperar algunas de las actividades que más le gustan, como leer o caminar: «Quizás tardo un año en leer un libro, pero al menos intento leer, o si un día puedo caminar dos kilómetros, ya me siento bien», nos cuenta satisfecha.
Entender qué significa vivir con una depresión es importante para aparcar los prejuicios que existen sobre este trastorno. Ella nos lo explica con claridad: «La depresión te quita la voluntad, no puedes hacer nada, no puedes con la vida, cualquier cosa pequeña se te hace una montaña: cocinar, ducharte, tomar una decisión. Te sientes cansada físicamente y te afecta en la cognición, en la memoria: no puedes leer un libro ni ver una peli porque no entiendes nada, no eres capaz de seguir el hilo».
Estos son los síntomas que más han impactado en su cotidianidad, además de los pensamientos intrusivos, que en algún momento la han llevado a hacer un intento autolítico y que no hacen más que aumentar su sentimiento de culpabilidad. «No estamos así porque queremos; lo que necesitamos es acompañamiento, comprensión y paciencia. Por eso, frases como «anímate» o «venga, pon de tu parte», te duelen, porque minimizan cómo te sientes y te hacen sentir culpable. ¿Tú le dirías a una persona que se ha roto la pierna: «va, corre, tú puedes»?».
La depresión te quita la voluntad, no puedes con la vida, cualquier cosa pequeña se te hace una montaña. No estamos así porque queremos, y lo que necesitamos es acompañamiento, comprensión y paciencia.
En su caso, los hijos son un pilar fundamental en su recuperación, pero también «confiar en los profesionales que te atienden y hacer caso de todas las pautas que te dan», aconseja desde su experiencia. «Ahora estoy en el Hospital de Día y, poco a poco, voy mejorando; ya he salido del pozo, ya no estoy en el infierno».
Pero si mira atrás, también echa en falta algunas cosas que la hubieran ayudado en los momentos más difíciles, como información sobre asociaciones donde dirigirse, recursos donde acudir en momentos de crisis y poder compartir con otras personas con la misma situación para no sentirse sola. Y nos explica esta soledad e incomprensión de manera muy gráfica: «Yo me he sentido muchísimas veces como si me hubiera caído de un barco en medio del mar, cerca de la orilla, y me estuviera ahogando, y todos mis familiares y amigos estuvieran en la orilla diciéndome: «ven, nada, solo tienes que nadar». Y yo, en medio del mar, digo: «no sé nadar», y ellos, en vez de tirarme un flotador, me repiten «nada, nada». Si no sé nadar, ¿cómo lo voy a hacer?».
Teléfono de la Esperanza 93 414 48 48
Si sufres de soledad o pasas por un momento dífícil, llámanos.
María José tiene 56 años, se dedica a la docencia y es madre de dos hijos. Hace cuatro años, una serie de circunstancias vitales, entre las cuales la muerte de su madre, las cargas familiares, las exigencias laborales y una situación continuada de maltrato psicológico, desembocaron en un trastorno depresivo del que se está recuperando.
Ahora, que siente que poco a poco va retomando su vida, puede explicarnos qué significa vivir con una depresión, cómo ha impactado en su día a día y qué le ha ayudado a sentirse mejor. En su caso, la familia y confiar en las pautas de los profesionales han sido cruciales en este proceso, lleno de incomprensión, soledad y prejuicios. «La gente muchas veces piensa que estás así porque quieres», se lamenta María José. Escuchar su testimonio nos puede ayudar a comprender mejor.
