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Mercedes (nombre ficticio), persona con trastorno obsesivo-compulsivo

«El TOC me arrebató la experiencia más hermosa de la vida»

Una mano de bebé cogiengo un dedo de su madre.
©Getty Images via Canva.com

El objetivo con el que hago público y comparto algo que aún me resulta muy doloroso rememorar es la esperanza de que estas líneas sirvan para dar voz a una situación que afecta a muchas mujeres que deciden ser madres, y que enfrentan ese momento con la expectativa de vivir la experiencia con pura felicidad y a quienes el TOC les arrebata el que es, quizás, el momento vital más importante de su existencia.

Soy afectada de trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y depresión mayor. Para los que desconozcáis en qué consiste el TOC, se caracteriza principalmente por la presencia de pensamientos, ideas y sentimientos irracionales e indeseables, así como temores que se vuelven obsesivos, lo que desencadena comportamientos compulsivos que suelen ser repetitivos. En muchos casos, dichos comportamientos hacen que las personas nos comportemos de cierta manera o sigamos una serie de rituales o pasos que nos ayudan a sentirnos aliviados, aunque solo de manera temporal. Cuando estos rituales o comportamientos compulsivos no pueden realizarse, nos solemos sentir invadidos por una enorme ansiedad y sufrimiento.

Soy una mujer de mediana edad. Fui diagnosticada de TOC en mi juventud, pero creo que el trastorno me ha acompañado durante toda la vida. Fui una niña perfeccionista, hipermoralista, hiperesponsable… Pude llevar una vida digamos «normalizada» (no me gusta utilizar la palabra «normal», pero creo que entenderéis a lo que me refiero cuando la utilizo): me diplomé en la universidad, obtuve un buen trabajo, me casé … y fui madre. 

Qué es el TOC

TOC, un trastorno que causa un gran sufrimiento

Mi bebé: el foco de mis obsesiones

Y fue precisamente en ese momento crucial de mi vida, que viví con absoluta ilusión, cuando el TOC se cebó con lo que más quería: mi hijo. Tenía diagnosticado el trastorno «formalmente» desde hacía quince años, pero otro tipo de obsesiones habían ocupado mi mente: contaminación, repetición, verificación, pensamiento mágico, orden y simetría… El foco de las obsesiones pasó a ser mi bebé: me consumía el temor de causarle un daño intencional o de que algo malo le sucediera accidentalmente. Pensamientos intrusivos, horrorosos y constantes atormentaban mi mente: me repetían que podía ser capaz de envenenar sus biberones o de dejarlo caer de mis brazos. Si enfermaba (cosa que, ya sabéis, les pasa regularmente a los bebés y a los niños), me atribuía toda la responsabilidad; ¿quizás le había contagiado, por alguna posible negligencia, alguna enfermedad grave? El sufrimiento y la culpa eran inaguantables: ¿Cómo podía pensar que era capaz de hacer algo así? Mi hijo era y es lo que más amo en esta vida. Hacía comprobaciones exhaustivas de todo lo que podía suponer un peligro para mi bebé, me pasaba el día dando vueltas a si, por algún descuido mío, o simplemente porque «se me fuera la cabeza», hubiera podido hacerle daño.

Pensamientos intrusivos, horrorosos y constantes atormentaban mi mente: me repetían que podía ser capaz de envenenar sus biberones o de dejarlo caer de mis brazos.

Busqué comprensión en mi entorno más cercano, mi familia, pero no lo encontré. Incluso uno de mis familiares más directos me repetía constantemente que si explicaba mis pensamientos a los médicos me «quitarían» a mi hijo. Eso me mató en vida. Imaginad: pensaba que era capaz de dañar a lo que más amaba. ¿Era una asesina? ¿Estaba loca? Mi entorno, con sus actuaciones, reforzaba esa idea.

Empezaron los ingresos en planta psiquiátrica (que me separaban de compartir momentos irrecuperables con mi bebé, hecho tan importante para fortalecer el vínculo madre-hijo), todas las combinaciones posibles de medicación…, pero nada mejoraba mi estado. Estuve muerta en vida, durante dos años. Incluso tuve intentos autolíticos. No quería dejar de vivir, pero pensar que podía causar daño a mi hijo era demasiado sufrimiento. Me repetía incesantemente que era un monstruo. 

La culpa, la vergüenza y el estigma

Y fue durante uno de esos ingresos, encogida en un rincón de una habitación de hospital, cuando supliqué que me ayudaran a morir. Verbalicé que era una asesina y que no merecía estar en este mundo. Recuerdo al psiquiatra mirándome fijamente y pidiéndome que volviera a repetir lo que había dicho, que le explicara exactamente por qué pensaba así. Y entre sollozos, le contesté que yo amaba a mi hijo y que no quería hacerle daño, pero tampoco quería separarme de él, que me lo quitaran; prefería morir. El médico me miró a los ojos y me dijo de una manera rotunda: «Ese tipo de pensamientos forman parte de tu TOC. Se llaman fobias de impulsión. No vas a causar ningún daño a tu hijo». Yo no entendía nada. Pero ese fue el punto de inflexión de un largo camino que aún no ha acabado, de lucha, de interiorizar que «yo no soy lo que pienso», y que ese tipo de pensamientos egodistónicos no me definen como persona.

Si bien cada día hay mayor conciencia acerca de la importancia de cuidar la salud mental de las madres en el posparto y durante los primeros años de maternidad, todavía falta una parte esencial: informar a las madres, a las familias y a los profesionales en salud mental acerca de los síntomas que pueden presentarse, así como los tabúes que giran alrededor de estos trastornos.

La madre puede temer que si expone sus miedos sea considerada una enferma o una mala madre que no puede cuidar de su hijo. Y ante eso, prefiere no decir nada. 

Si ya es difícil acudir a un especialista por los síntomas del TOC, en esta época es aún más difícil buscar ayuda, debido a la culpa, la vergüenza y el secretismo asociados al propio trastorno, especialmente en un momento en que todo el mundo espera que la llegada al mundo de un nuevo ser se viva con plena felicidad. Además, la madre puede temer que si expone sus miedos sea considerada una enferma o una mala madre que no puede cuidar de su hijo. 

TOC perinatal

El trastorno obsesivo compulsivo en la etapa perinatal

Haciendo buena pedagogía de lo que es el TOC, y con la inestimable ayuda de los profesionales en salud mental, se puede evitar tanto sufrimiento. Es trabajo individual de cada uno de nosotros dar visibilidad y desestigmatizar el TOC. Porque (y ahora cojo prestadas unas palabras de Eduardo Galeano) tengo el convencimiento de que «Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo». Insisto, se puede evitar tanto sufrimiento. Con tal solo una madre que no tenga que pasar por todo lo que yo y otras muchas mujeres hemos pasado, ya habrá valido la pena.

No quisiera cerrar este testimonio sin dar las gracias a todos los excelentes profesionales que me habéis acompañado en mi camino. Gracias también a mis amigos y amigas por convencerme de que no estoy sola. Y especialmente a mi hijo, que tanto me enseña desde que llegó a este mundo y que es el motor de mi vida.

Este testimonio ha sido posible gracias a la Associació TOC Catalunya

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 21 de Enero de 2026
Última modificación: 4 de Marzo de 2026

Si tienes pensamientos suicidas, pide ayuda:

También puedes comunicarte con los servicios de emergencia locales de tu zona de residencia.

El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) perinatal afecta aproximadamente al 2% de las mujeres durante el embarazo y al 2.5% en el posparto. En el embarazo, las obsesiones y compulsiones suelen estar relacionadas con la limpieza, mientras que en el posparto surgen rápidamente temores agresivos hacia el bebé, conocidos como fobias de impulsión, que causan un gran sufrimiento a las madres e impactan de manera muy profunda en sus vidas y en la relación con sus hijos durante los primeros meses o años de vida. 

El TOC privó a Mercedes (nombre ficticio) de disfrutar de la maternidad durante los primeros años de su hijo. Los pensamientos intrusivos atormentaban su mente y le hacían creer que era capaz de hacer daño a su bebé. ¿Cómo podía pensar que podía hacerle algo así? La culpa y el sufrimiento no la dejaban vivir hasta el extremo de intentar suicidarse. Escuchando su testimonio, nos damos cuenta de hasta qué punto es importante atender la salud mental de las mujeres durante el posparto y sensibilizar sobre trastornos que pueden causar tanto sufrimiento como el TOC.