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Anabel Rodríguez. Maestra y escritora

«He aprendido a vivir con ansiedad, pero ahora estoy yo al mando»

Anabel Rodríguez

Cuando alguien con ansiedad te explica sus síntomas, entiendes lo que te dice, por raro que parezca, pero no puedes llegar a entender la dimensión que alcanza, a no ser que lo hayas vivido en tus carnes. Ahora sé que aquello de que «lo que no te mata te hace más fuerte» tiene mucho sentido, aunque durante el camino se sufre mucho y no tienes la sensación de que vayas a salir fortalecido, sino todo lo contrario. 

El estrés con el que vivimos actualmente nos hace creernos superhéroes de Marvel, que pueden con todas las adversidades sin despeinarse. No hay tiempo para casi nada, y mucho menos para nosotros mismos; el cuerpo y la mente nos van dando avisos de sobrecarga, pero no hay tiempo, no podemos parar y seguimos girando en esa especie de rueda de hámster que es nuestra vida, a gran velocidad, hasta que nos encontramos con un obstáculo realmente grande, nuestra rueda descarrila y todo salta por los aires, incluidos nosotros mismos. Si no paras, si no atiendes las señales de alarma, no pasa nada a corto plazo, pero al final, la vida te parará, tu cuerpo te parará. Lo hará con una enfermedad física, con una bajada de defensas, con un ataque de pánico o ansiedad o con problemas para dormir, entre otras muchas cosas. Depende de la persona, de sus circunstancias, de su cuerpo, de lo prolongado en el tiempo que haya sido esa sobrecarga mental y física, pero sin duda, te parará.

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Diez minutos de meditación diaria para reducir el estrés y la ansiedad

Normalmente no hay un solo motivo que te lleve a colapsar, sino la suma de varios, una acumulación de situaciones estresantes. En mi caso, hubo uno que actuó como desencadenante, que fue el diagnóstico de la enfermedad de Crohn a mi hijo mayor, cuando tenía nueve años. Digamos que eso fue lo que acabó de llenar mi pesada mochila, hasta que mi cuerpo se plantó y pidió auxilio en la ducha, en forma de ataque de pánico. 

Siempre explico lo surrealista que es la ansiedad. De repente, tu mente entra en alerta y pretende protegerte de todos los peligros, reales o no, y vivir en estado de alerta permanente; es agotador. Además, la ansiedad se aprovecha de tu debilidad inicial para avanzar muy rápido e ir expandiendo ese miedo a otros ámbitos de tu vida, haciéndote cada vez menos autónoma. La sensación de tener un ataque de pánico en medio de la calle no se la deseo a nadie. Es algo diferente a todo lo que yo había vivido hasta el momento. Son minutos, pocos minutos, pero en los que lo pasas realmente mal. 

Si  no aceptas que tienes ansiedad, convivirás con ella desde el conflicto, desde el enfrentamiento, y eso es como echar gasolina a un fuego. 

Llegué a descender, no sé si hasta el infierno, pero hasta el subsuelo seguro, pues había oscuridad, miedo, tristeza y el pensamiento de que no iba a poder volver a salir a la superficie nunca más. Y ahora, viéndolo con la perspectiva del paso del tiempo, te digo: se sale. Pero para emerger debes dar todos los pasos adecuados, sin saltarte ninguno, y para ello se necesita: mucha paciencia, grandes dosis de valentía, perseverancia, ayuda y motivación. 

Aprender a convivir con la ansiedad

En mi caso, empecé por entender cómo funciona la ansiedad, pues es clave. Es un aprendizaje que tienes que ir retomando y digiriendo con el tiempo, pero que cuando realmente lo descifras y lo asimilas, es el motor que te propulsa para salir. 

El segundo aprendizaje básico, que me costó interiorizar, fue que las prisas y la ansiedad nunca pueden ir juntas. Como es lógico, uno quiere salir de esa etapa lo antes posible, que algo tan malo como la ansiedad te deje de una vez, pero hasta que entiendes que eso no funciona así, vas haciendo justo lo contrario y la estás alimentando, cada vez más. 

Aprender a convivir con la ansiedad requiere tiempo, porque comprender su funcionamiento no es sencillo. 
Yo hice un trabajo de aceptación y de afrontamiento diario, que fue largo en el tiempo, pero que me hizo avanzar hacia adelante, de manera lenta, pero segura. Si tu no aceptas que tienes ansiedad, convivirás con ella desde el conflicto, desde el enfrentamiento y eso es como echar gasolina a un fuego. 

Gestión de la ansiedad

7 consejos para gestionar la ansiedad

Tener un trastorno de ansiedad, por desgracia, es más habitual de lo que pensamos y no pasa nada. Simplemente nos aterra más porque nuestra mente es muy compleja y nos cuesta saber cómo manejarla, pero es una patología como cualquier otra que podamos tener y no debemos avergonzarnos. Debemos tratar con normalidad algo que es totalmente normal. 

Mi mente me hizo caer en una trampa, que no era real. Entonces yo tenía que cuestionar los miedos que mi mente fabricaba pero que no eran reales, para que la alarma dejara de saltar erróneamente. Al principio, la ansiedad me quitó mucha autonomía, hasta el punto de no poder ir sola por la calle, pero no dejé nunca de hacer nada que tuviera o quisiera hacer. Seguí enfrentando mis miedos, cada día, en cada ocasión que tenía. Sin avanzar pensamientos negativos, desde la tranquilidad y sabiendo que, aunque tuviera un ataque de pánico, lo podría controlar, porque ahora tenía más herramientas y porque siempre pasan. Son unos minutos, pero luego siempre pasan. 

Vencer ese miedo al miedo es lo más difícil, pero a la que rompes ese círculo vicioso, tu mente empieza a crear nuevos caminos neuronales, que te harán estar cada vez más tranquila y segura, y podrás ir recuperando poco a poco tu vida. 

He aprendido a vivir con ansiedad. Con mis reglas, no con las suyas. Yo estoy al mando y ella viene conmigo, calladita y sin molestar.

Salir fortalecida de las adversidades

Mi entrenador personal me animó a escribir un libro contando mi experiencia. Y pasado un tiempo, después de descartar inicialmente la idea, lo hice. El proceso de escribir todo lo que habíamos pasado y poder mirarlo desde fuera y con perspectiva me hizo darme cuenta de lo duro que había sido todo, pero también lo sanador que resultó. 

Estas experiencias traumáticas, la enfermedad de mi hijo, el trastorno de ansiedad y la agorafobia, me transformaron por dentro. Yo ya no soy la misma de hace cuatro años, cuando todo esto empezó. Es imposible serlo. 
Ahora conozco mi cuerpo y lo escucho más. He entendido que el estrés es un mal compañero de viaje y que vivir la vida con más calma te permite ver cosas del paisaje, de tu alrededor, que antes no veías. Me priorizo. Yo antes que el trabajo, antes que mi familia, antes que mis amigos,...ahora ya no soy la última, soy la primera en mi lista. Porque soy madre cuidadora de dos niños, uno con una enfermedad que te hace ir en una montaña rusa y que me necesitará cuando vuelva a tener un brote, pero para poder cuidarlo, tengo que cuidarme yo primero. 

Ahora soy dueña de mi tiempo, porque sé poner límites y los pongo sin remordimientos. Vivo el presente, el ahora, porque sé que es lo único que con certeza tenemos. El pasado ya se ha ido y el futuro no ha llegado y tampoco hay la certeza de que llegue, con lo cuál, vivo el hoy, y el mañana…ya veremos como amanece.

Y si me preguntas si ahora tengo ansiedad, te diré que sí, que la sigo teniendo, pero he comprendido que igual no se acaba de ir nunca, o sí, no sabemos, pero por el momento, he aprendido a vivir con ella. Con mis reglas, no con las suyas. Yo estoy al mando y ella viene conmigo, calladita y sin molestar. Ahora soy más fuerte que cuando todo esto empezó, seguro, porque he aprendido mucho y eso me ha hecho vivir de otra manera. 

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 31 de Marzo de 2026
Última modificación: 15 de Abril de 2026

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Anabel Rodríguez tuvo su primer episodio de ansiedad un día cualquiera, mientras estaba en la ducha, coincidiendo con una etapa vital estresante y con el diagnóstico de una enfermedad crónica a su hijo de nueve años. A partir de entonces, esta maestra de profesión, ha vivido con este trastorno, intentando entenderlo y aprendiendo cada dia a manejarlo.

Ahora, ha decidido compartir su experiencia a través del libro Cuando pase la tormenta. Comprobado: de la ansiedad se sale y se aprende. Un título con claras intenciones: «Ayudar a otros nómadas que se encuentren en el desierto de una enfermedad crónica y que hayan caído en el oscuro pozo de la ansiedad».