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Gestionar estrés

Recursos para aprender a controlarlo y reducir su impacto en la salud, en el ámbito laboral y personal. 

¿Cuáles son los 10 tipos de riesgo principales?
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Bienestar laboral
La relajación puede usarse como única intervención o juntamente con otras
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Trastornos depresivos
Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez
Enfermero especialista en salud mental. Centro de Salud Mental de Adultos. Esplugues de Llobregat
Parc Sanitari Sant Joan de Déu

Generalmente, ante un ataque de pánico, las personas no suelen autolesionarse. Si esto ocurre como un mecanismo para «desconectar de la ansiedad», debemos pensar que existe algún problema de personalidad de base que nos está interfiriendo en ese manejo de la ansiedad.

En esos casos, hay que valorar solicitar atención especializada para tener algunas herramientas que nos ayuden a controlar esos impulsos que nos pueden dañar.

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Efectos positivos y negativos del uso de las TIC
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Tecnoestrés
Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola
Enfermera especialista en salud mental. Unidad de Ansiedad
Parc de Salut Mar

Primero de todo, hay que decir que ansiedad tenemos todos, aunque de distintas formas. De hecho, un poco de ansiedad nos puede ser útil porque nos estimula, nos hace estar alerta y rendir mucho más. Por ejemplo, se ha visto que las personas más ansiosas ante situaciones difíciles suelen resolver el problema antes que los demás, o sacan mejores notas, etc. Pero, a veces, cuando esta ansiedad es demasiado intensa o aparece cuando no toca, puede resultar muy limitante.

En el caso de un ataque de pánico, es decir, una ansiedad que viene de golpe y con mucha intensidad, cuanto más queremos controlar los síntomas, más nos damos cuenta de que no podemos, y eso puede aumentar la ansiedad. Es decir, cuanto más hacemos para controlarla, más pendiente estamos de ella, y eso puede generar aún más ansiedad.

Las personas más ansiosas tienden a necesitar tenerlo todo bajo control. Pero cuando la ansiedad aparece en forma de ataque de pánico precisamente cuesta mucho de controlar. Lo que sí podemos controlar es cómo afrontamos el miedo que nos provoca para que no nos limite la vida y prevenir así que vuelva a ocurrir. A veces no se trata tanto de controlarla como de conseguir centrarse en lo que uno está haciendo y dejarla pasar, pero eso no es tan fácil en la práctica; podríamos decir que es como un entrenamiento. Seguro que habéis oído el «si tienes un ataque, siéntate y respira», pero esto no siempre funciona en el momento y, en todo caso, no sirve para perder el miedo a largo plazo. Tal vez no debamos aprender tanto a controlar sino aprender a controlar menos.

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Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez
Enfermero especialista en salud mental. Centro de Salud Mental de Adultos. Esplugues de Llobregat
Parc Sanitari Sant Joan de Déu

La ansiedad en niños es bastante común. Estamos hablando de una etapa con muchos cambios y mucha indefensión, con inseguridades, miedos y preocupaciones. Si a todo esto se le suman otras circunstancias como problemas familiares, pérdidas, problemas en la escuela, posibles experiencias o acontecimientos traumáticos… los cuadros potenciales de ansiedad se pueden agravar.

Todo ello puede conllevar la presencia de ciertos comportamientos o síntomas tales como, entre otros, irritabilidad, tristeza, alteraciones en el sueño, molestias físicas (dolor abdominal a veces acompañado de pérdida del apetito, cefalea, fatiga), bajo rendimiento académico y aislamiento social.

En la gran mayoría de casos, un buen apoyo familiar y del entorno más cercano, que le permita expresar los sentimientos, y la búsqueda de soluciones permitiran reconducir la situación. Establecer unas rutinas diarias saludables, tranquilas, con espacios tanto de ocio como escolares, ayudará a mejorar estas situaciones de malestar. Es importante también establecer rutinas a la hora de dormir.

En cualquier caso, es recomendable trasladar el malestar al pediatra referente para que conozca bien el caso y pueda también valorar la necesidad de derivarlo al equipo especialista de salud mental de la red infantojuvenil.

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Miles de estudios científicos avalan sus efectos sobre el bienestar mental, emocional y físico
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Bienestar emocional
Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola
Enfermera especialista en salud mental. Unidad de Ansiedad
Parc de Salut Mar

Muchas veces, lo que desencadena una crisis es una situación que ya hemos identificado como «peligrosa». Es decir, por ejemplo, si tengo una crisis en el metro puedo identificar el metro como un posible desencadenante, y eso me puede llevar a evitar ir en metro o a que reaparezca una nueva crisis si lo hago. Por eso, otras veces el desencadenante es el pensamiento. Pensar «¿y si me pasa?» ya vuelve a conectar las alarmas.

Podríamos decir que tenemos la alarma del peligro demasiado fina, es decir, esta respuesta que nos puede ser útil para salvar la vida ante un peligro aparece cuando no toca o es demasiado intensa, con lo que ya no nos es útil y nos puede limitar mucho la vida.

La ansiedad tiende siempre a anticipar un futuro catastrófico, aunque nunca se haya cumplido. Otras veces, en cambio, a la persona le cuesta identificar un desencadenante, y es lo que llamamos crisis inesperadas. En estas ocasiones el desencadenante suele ser una sensación física. Por ejemplo, cuando uno no ha dormido bien y tiene el cuerpo extraño, o si la mujer tiene la menstruación, o si estamos resfriados, o si escuchamos un ruido fuerte, o ante situaciones emocionales (películas, etc.). Todo esto nos altera el cuerpo y puede hacer saltar también la alarma.

Por esto es tan difícil de controlar un ataque (viene cuando quiere). De hecho, muchas veces, cuanto más lo intentamos, más nerviosos nos ponemos porque es muy difícil, y cuanto más pendientes de los síntomas estamos, más ansiedad nos provoca. Lo que sí podemos controlar es cómo afrontamos el miedo para que no nos limite la vida.

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Manel Montserrat
Manel Montserrat Martínez
Enfermero especialista en salud mental. Centro de Salud Mental de Adultos. Esplugues de Llobregat
Parc Sanitari Sant Joan de Déu

Dejando de lado factores tan importantes a la hora de presentar cuadros o crisis de ansiedad como los estresores ambientales, situaciones traumáticas, cambios vitales o los propios factores genéticos, es evidente que los rasgos de personalidad pueden favorecer que una persona sea más propensa a tener ansiedad.

En general, personas con algún problema de adicción, excesivamente responsables o con rasgos de la personalidad evitativa, dependiente y obsesiva presentan altos niveles de ansiedad y malestar emocional.

También se ha visto que tiene más probabilidades de tener ansiedad la persona que ya la ha sufrido antes y tiene miedo a la recurrencia. Entonces, si una persona ha sufrido una crisis en una situación, es común que tenga miedo a que se le vuelva a producir en esa misma situación si la repite.

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meditacion
El podcast Sonidos del Silencio es un recurso con el que trabajar el autoconocimiento
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Meditación
Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola
Enfermera especialista en salud mental. Unidad de Ansiedad
Parc de Salut Mar

Los síntomas de una crisis de ansiedad pueden variar según la persona y, a veces, según el momento en una misma persona, pero generalmente son muy parecidos y están bien descritos. Sabemos que un ataque de pánico, o crisis de ansiedad, es una respuesta adaptativa de nuestro cuerpo ante una situación de peligro, es decir, es una respuesta que nos puede ser útil ante un peligro porque nos prepara para luchar o huir de él, pero en el caso de una crisis la respuesta salta «cuando no toca» y de forma desproporcionada, por eso nos asusta. Tiene que quedar bien claro que, a pesar de que los síntomas son muy desagradables, no son peligrosos porque están programados para salvarnos la vida ante un peligro real.

Así, por ejemplo, se nos activa todo lo necesario para salvar la vida, como el corazón (de ahí que podamos sentir taquicardia, palpitaciones, subida de la tensión arterial), la respiración se acelera (boca seca, hiperventilación, que nos puede llevar al mareo), la tensión muscular aumenta (a veces causa temblores, inquietud, rigidez), aparece la visión borrosa o sensación de irrealidad (las pupilas se dilatan para centrar la atención en el peligro), i se desactiva lo que no es necesario en ese momento, como por ejemplo la digestión (a veces se puede tener la sensación de náuseas o diarrea).

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Silvia Rosado Figuerola
Sílvia Rosado Figuerola
Enfermera especialista en salud mental. Unidad de Ansiedad
Parc de Salut Mar

Sí, la crisis de ansiedad puede favorecer un aumento de la tensión arterial (TA), pero no de una forma peligrosa. Sin embargo, sí debemos estar más atentos si la persona tiene un problema de hipertensión además de ansiedad.

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