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¿Deben los niños ir a un funeral?

Pautas para acompañarlos
Montserrat Esquerda

Dra. Montserrat Esquerda Aresté

Pediatra en la Unidad de Duelo Infantil
Sant Joan de Déu Terres de Lleida
Dra. Ester Castan Campanera

Dra. Ester Castan Campanera

Psiquiatra y directora del Hospital de Sant Joan de Déu Terres de Lleida
Sant Joan de Déu Terres de Lleida
Lidia Moroba Estor

Lidia Moroba Estor

Psicóloga del CSMIJ y de la Unidad de Duelo
Sant Joan de Déu Terres de Lleida
Niña en un funeral
© Jacob Wackerhausen de Getty Images Signature via Canva.com

Resumen

La decisión de llevar a niños a funerales suele estar influenciada por mitos y miedos relacionados con la muerte. Los rituales son importantes para estructurar y comprender la pérdida, y los niños deben tener la opción de participar sin ser obligados. Es crucial prepararlos previamente explicándoles de forma sencilla lo que verán y sentirán, y asegurarse de que estén acompañados por una persona adulta de confianza. Personalizar los rituales puede ayudar a los niños a expresar su duelo y conectar emocionalmente. Los adolescentes, aunque a veces ambivalentes, también necesitan espacios significativos para procesar la pérdida más allá de los rituales formales.
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Esta pregunta sigue suscitando dudas y diferencias de opiniones en las familias. Se trata de una decisión a menudo mediatizada por las creencias, mitos, miedos e inseguridades a la hora de gestionar la muerte de un ser querido cuando hay niños en la familia. A menudo, con la buena intención de proteger, se adoptan decisiones que aíslan a los niños del duelo familiar.

Es necesario entender que los rituales ayudan a transformar una experiencia que puede ser caótica en una experiencia compartida y simbolizada. Los rituales ofrecen estructura, sentido y contención emocional. No sólo son actos sociales o culturales: son espacios simbólicos que permiten hacer real la pérdida, compartirla con los demás e iniciar el proceso de integración de la ausencia.

Ver el cuerpo, despedirse, escuchar palabras de despedida o hacer un dibujo son formas de inscribir la pérdida en una narrativa comprensible. Privar a los niños de los rituales puede dificultar la comprensión de la realidad de la muerte y prolongar fantasías confusas.

Dos niñas tristes y llorando

El duelo en niños y adolescentes

La clave no es tanto si el niño debe participar o no en los rituales, sino cómo se prepara esta participación. Antes del tanatorio o del funeral, es fundamental contar con palabras sencillas qué pasará, cómo es el espacio, quién habrá y qué pueden ver. Anticipar reduce la angustia y da al niño una sensación de control.

Es importante explicar, por ejemplo, que habrá personas tristes, que algunas llorarán, que el cuerpo no se mueve ni habla, o que habrá momentos de silencio. Estas explicaciones deben ser adaptadas a la edad, pero siempre honestas. También hay que dejar claro que no existe una forma correcta o incorrecta de reaccionar.

Dar opción, no imponer

Un principio fundamental es ofrecer al niño la posibilidad de participar, pero no obligarle. Algunos niños quieren entrar en el tanatorio unos minutos y después irse; otros necesitan salir y volver; algunos prefieren no acercarse al féretro, mientras que otros lo viven como una necesidad. Respetar estas decisiones refuerza la autonomía y evita vivencias traumáticas.

En el caso de los adolescentes, la necesidad de decidir puede ser aún mayor. Obligarles a participar o, en el extremo opuesto, impedírselo, puede generar rabia y sensación de falta de respeto.

La presencia de una persona adulta de referencia

Durante los rituales, es muy importante que el niño tenga al lado a una persona adulta de confianza que esté disponible emocionalmente. No se trata sólo de vigilar, sino de acompañar: explicar qué está pasando, responder a preguntas, sostener una mano o salir al exterior si es necesario. Esta persona puede ser el progenitor, pero también una abuela, un tío o una persona cercana que esté menos desbordada por el propio luto.

La sensación de seguridad no viene tanto del espacio como del vínculo.

Rituales personalizados y significativos

Más allá de los rituales formales, es muy beneficioso crear rituales personalizados especialmente pensados ​​para los niños. Poder escribir una carta o hacer un dibujo para la persona que ha muerto, llevar una flor, escoger una música, encender una vela o despedirse con una palabra son formas simbólicas de expresar el vínculo y la despedida.

Estos rituales permiten al niño sentirse activo en el proceso de duelo, no sólo espectador pasivo del sufrimiento adulto. También pueden repetirse en el tiempo: cumpleaños, fechas significativas o momentos de recuerdo ayudan a integrar la ausencia sin borrar el vínculo.

El ritual como espacio de expresión emocional

Los rituales ofrecen un marco socialmente legitimado para expresar emociones. Ver adultos llorar, abrazarse o recordar a la persona muerta da permiso al niño para sentir y expresar su propio dolor. Ocultar las emociones en estos contextos puede transmitir el mensaje de que sentir está mal o que el dolor debe vivirse en soledad. Esto no significa desbordar al niño con emociones adultas, sino mostrar un duelo contenido y compartido, que le permita entender que lo que siente es normal.

Rituales y adolescentes: entre la distancia y la necesidad de sentir

En la adolescencia, los rituales pueden vivirse con ambivalencia. Algunos adolescentes los rechazan porque los perciben como artificiales o demasiado expuestos; otros los necesitan profundamente como espacio de sentido. Es necesario respetar esta ambivalencia y ofrecer espacios alternativos de elaboración: escribir, escuchar música, hacer deporte, crear rituales íntimos o compartir con el grupo de iguales.

Los adolescentes necesitan que los rituales no sean sólo formas vacías, sino espacios con significado, donde puedan conectarse con preguntas profundas sobre la vida, la muerte y el vínculo.

Rituales a lo largo del tiempo

El duelo no acaba con el funeral. Los rituales pueden desempeñar un papel muy importante a lo largo del tiempo, especialmente en la infancia, cuando el niño revisita la pérdida en diferentes etapas del desarrollo.

Recordar a la persona muerta, hablar o hacer pequeños rituales familiares ayuda a recolocar el vínculo ya integrarlo en la historia vital. Estos rituales dan continuidad al recuerdo y evitan que la persona muerta se convierta en un tema silenciado o prohibido.

Pueden ser en muchas formas, como hacer un dibujo cuando se acuerda de la persona; mantener una pequeña rutina de recuerdo (una vela semanal, una planta); en fechas significativas (aniversarios, fiestas, Navidad), hacer una tarta simbólica; hacer un brindis; ir a un sitio significativo o compartir qué recuerda cada uno.

En épocas de cambios evolutivos, es importante volver a hablar de la persona muerta; revisar fotos con una nueva mirada; hacer preguntas nuevas; o escribir sobre qué ha significado la pérdida con el paso del tiempo.