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Técnicas de relajación para personas con psicosis

Cinco propuestas para reducir el malestar, el estrés y la ansiedad
Regina Vila Badia

Dra. Regina Vila Badia

Psicóloga postdoctoral del grupo MERITT. Unidad de Investigación y Desarrollo.
Parc Sanitari Sant Joan de Déu
Hombre relajado en el sofá de casa.
©Africa images via Canva.com

Resumen

Las técnicas de relajación pueden ser de gran utilidad para las personas con psicosis para manejar el estrés y la ansiedad, y como complemento al tratamiento médico. Las técnicas incluyen la respiración consciente, la relajación muscular progresiva, la visualización guiada, la atención plena (mindfulness) y ejercicios suaves como caminar o practicar yoga. La práctica regular puede mejorar el bienestar emocional y físico, proporcionando momentos de calma y control personal.
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Vivir con psicosis puede implicar atravesar momentos de estrés, malestar o ansiedad. Algunos síntomas, como las alteraciones en la percepción, las preocupaciones intensas o las dificultades para concentrarse, pueden generar una gran carga emocional y física.

En esos momentos, contar con estrategias sencillas de relajación puede ayudar a calmar el cuerpo y la mente, favoreciendo el bienestar y la sensación de control. No sustituyen el tratamiento médico o psicológico, pero pueden ser un complemento útil para el autocuidado diario.

Estas técnicas se pueden practicar en casa y en momentos puntuales de malestar, adaptándolas al ritmo y a las necesidades de cada persona. Es importante tener presente que no todas las técnicas funcionan igual para todas las personas. Probar distintas opciones te ayudará a descubrir cuáles te resultan más útiles. Es recomendable explorar poco a poco y, si es posible, hacerlo acompañado por un profesional de referencia (psicólogo, terapeuta ocupacional o enfermera de salud mental).

Cuidar de ti mismo también significa encontrar pequeños espacios de calma dentro del día a día. La relajación no es solo una técnica: es una forma de reconectar con uno mismo y cuidar el propio bienestar.

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Técnicas de relajación como abordaje terapéutico para la ansiedad

Algunas técnicas que pueden ayudar y puedes probar en casa:
 

Respiración consciente

Dedica unos minutos a respirar lenta y profundamente, inhalando por la nariz y exhalando por la boca. La respiración es una herramienta poderosa para calmar el cuerpo y la mente. Cómo hacerlo:

  • Siéntate o túmbate en una postura cómoda.
  • Coloca una mano sobre el abdomen y otra sobre el pecho.
  • Inhala lentamente por la nariz contando hasta 4, notando cómo se eleva tu abdomen.
  • Retén el aire un instante (1 o 2 segundos).
  • Exhala despacio por la boca contando hasta 6, dejando salir el aire y relajando los hombros.
  • Repite el ciclo durante 2 a 5 minutos.

Si lo prefieres, puedes acompañarlo con música suave y hacerlo con los ojos cerrados.

Cuidar de ti también significa encontrar pequeños espacios de calma dentro del día a día. La relajación no es solo una técnica: es una forma de reconectar con uno mismo y cuidar el propio bienestar.

Relajación muscular progresiva

Tensar y relajar distintos grupos musculares (brazos, hombros, piernas...) ayuda a liberar la tensión acumulada en el cuerpo y a notar la diferencia entre estar en tensión y relajado. Cómo hacerlo:

  • Busca un lugar tranquilo y siéntate o túmbate cómodamente.
  • Empieza por los pies: tensa los músculos (como si apretaras los dedos de los pies) durante unos 5 segundos.
  • Suelta la tensión y nota cómo se relajan.
  • Sube poco a poco por el cuerpo: piernas, abdomen, brazos, hombros, cara…
  • Mantén la respiración tranquila durante todo el ejercicio.

En total puede durar unos 10 minutos. No te preocupes si al principio cuesta notar la diferencia; con la práctica se hace más fácil.

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¿Cómo hacer una relajación?

Visualización guiada

Usa la imaginación para crear una sensación de calma mental. Imagina un lugar tranquilo y seguro, y trata de recrear mentalmente los sonidos, olores y colores que te transmitan calma. Cómo hacerlo:

  • Cierra los ojos y piensa en un lugar donde te sientas bien: una playa, una montaña, un parque.
  • Imagina los sonidos, los colores, los olores y la temperatura de ese lugar.
  • Respira despacio mientras te visualizas allí, sintiendo tranquilidad y seguridad.
  • Quédate unos minutos disfrutando de esa sensación antes de abrir los ojos.
  • Puedes acompañarlo con música relajante o una grabación de sonidos naturales.

Atención plena (mindfulness)

El mindfulness consiste en prestar atención plena al momento presente, sin juzgar lo que ocurre ni intentar cambiarlo. Ayuda a reducir la rumiación, la ansiedad y la tensión mental, y favorece una mayor sensación de estabilidad y claridad. Cómo hacerlo:

  • Busca un lugar tranquilo y siéntate en una postura cómoda y cierra los ojos si lo deseas.
  • Centra tu atención en la respiración, en los sonidos que te rodean o en las sensaciones de tu cuerpo.
  • Si aparecen pensamientos o distracciones, obsérvalos sin luchar contra ellos y vuelve con calma al presente, volviendo suavemente a la respiración.
  • Empieza con sesiones de dos o tres minutos y aumenta poco a poco el tiempo.

El mindfulness puede parecer más difícil al principio, ya que requiere práctica y paciencia. No pasa nada si cuesta concentrarse; con el tiempo, la mente se acostumbra y los beneficios son mayores. De hecho, es una de las técnicas que mejor funcionan a largo plazo para manejar el estrés y la ansiedad.

Puedes encontrar vídeos guiados gratuitos en internet o en centros y asociaciones que ofrecen sesiones de mindfulness adaptadas. Practicar acompañado al inicio puede facilitar mucho el aprendizaje.

Mindfulness

¿El mindfulness realmente funciona?

Ejercicio suave o estiramientos

Caminar, estirarte o practicar yoga adaptado puede ayudarte a mejorar la relajación y el equilibrio cuerpo-mente. Cómo hacerlo:

  • Da un paseo tranquilo, concentrándote en el ritmo de tus pasos y en la respiración.
  • Si estás en casa, realiza estiramientos suaves de cuello, brazos y espalda.
  • Escucha tu cuerpo y detente si sientes molestias.

No se trata de hacer ejercicio intenso, sino de moverte con calma para liberar tensión.