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TCA y sistema digestivo: una relación clave

¿Por qué los TCA alteran la digestión?
Sònia Sarro Álvarez

Dra. Sonia Sarró Álvarez

Doctora en Medicina. Psiquiatra especializada en trastornos de la conducta alimentaria. Área de Salud Mental
Hospital Sant Joan de Déu Barcelona
Mujer con dolor de barriga
©Denis Valakhanovich de Getty Images via Canva.com

Resumen

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) se asocian con problemas digestivos como estreñimiento, acidez y mala digestión debido a hábitos alimentarios disfuncionales. Estos trastornos también pueden afectar el equilibrio del sistema inmunitario y digestivo, contribuyendo a problemas emocionales como la ansiedad y la depresión mediante el eje intestinal-cerebral. Además, las creencias erróneas sobre el cuerpo y la obsesión por el peso agravan los síntomas digestivos y afectan la percepción corporal. La relación entre la mente y el cuerpo es crucial, ya que estos trastornos pueden alterar señales naturales de hambre y saciedad. Abordar el TCA requiere entender las interconexiones entre sistemas corporales y conflictos psicológicos subyacentes.
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A menudo, las personas con un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) tienen molestias digestivas de diverso tipo. En la restricción, suele producirse estreñimiento por carencia de residuos y de sus grasas lubricantes. Cuando se vomita repetidamente, suele manifestarse ardor de estómago (pirosis) y mala digestión, porque con el vómito sube ácido que debería permanecer en el estómago para desmenuzar los alimentos. En el caso de los atracones, se suele comer productos con muchas harinas, grasas y azúcares de forma rápida y masticando poco. Esto puede causar dispepsia (mala digestión), diarrea, gases y dolor abdominal, y terminar en vómitos por puro desbordamiento.

Pero la afectación digestiva en el TCA va mucho más allá de estas lógicas consecuencias físicas. Y para algunas personas, se convierte en una verdadera obsesión, que les priva no sólo de disfrutar de la comida, sino de ingerirla con normalidad.

Es habitual que personas con trastorno de la conducta alimentaria (anorexia nerviosa principalmente) presenten múltiples intolerancias (frutas, marisco, lactosa...) o alergias (como piel atópica), o sencillamente, comidas que no les sienten bien en un sistema digestivo e inmunitario ya delicado y sensible.

Son síntomas digestivos frecuentes en el TCA:

  • Estreñimiento
  • Gases, dolor abdominal
  • Vómitos, acidez y mala digestión
Chica comiendo un croissant.

Volver a comer después de un trastorno alimentario

Problemas inmunológicos y digestivos: ¿consecuencia o causa del TCA?

La alimentación restrictiva puede acabar afectando tanto a la estructura como al funcionamiento del tubo digestivo, al igual que el motor de un coche al que nunca ponemos gasolina puede resentirse. La restricción, los atracones o el abuso de laxantes alteran las vellosidades intestinales y el normal equilibrio de la flora microbiana, causando mala digestión y gases. Estamos alterando el ecosistema natural del cuerpo.

Lo mismo ocurre en el cerebro si nunca le aportamos el combustible de glúcidos con el que funciona preferentemente, o las grasas y proteínas necesarios para recubrir los «cables» neuronales (las vainas de mielina) que posibilitan la buena transmisión de las ideas. A las mujeres se añade a menudo la falta de menstruación, con bajada de los estrógenos (hormonas sexuales predominantes en las mujeres), que repercute sobre otros muchos órganos donde estos estrógenos actúan, entre ellos el cerebro y la calcificación de los huesos. Por eso la falta de menstruación repercute negativamente en el estado de ánimo.

Menstruación

Implicaciones de la falta de menstruación en mujeres con un trastorno de la conducta alimentaria

Sin embargo, en ocasiones esta sensibilidad gastrointestinal e inmunitaria es anterior a la aparición del TCA, a menudo está ligada a caracteres ansiosos e introvertidos. Las personas con TCA a menudo acumulan estrés y preocupaciones que no sueltan y desvían hacia la ingesta y el cuerpo. Al mismo tiempo son persistentes, por lo que mantienen la conducta disfuncional con la comida mucho más de lo que lo haríamos otros.

Todos los sistemas del cuerpo están relacionados. La disfunción del sistema digestivo puede incrementar síntomas como la ansiedad o la depresión o influir en enfermedades inflamatorias y autoinmunes.

En el cuerpo, todos los sistemas están relacionados, se influyen mutuamente. Y cuando una persona es nerviosa y sufridora, por ejemplo, si no gestiona el malestar verbalizándolo, o llorando o gritando, o por otros medios (como el deporte o el arte), es decir, si no lo exterioriza, o lo hace inadecuadamente (como el ejercicio compulsivo), este malestar se canalizará probablemente a través del cuerpo. Es lo que se llama síntomas psico-somáticos. El ejemplo más común es el dolor de cabeza tensional: nos ponemos nerviosos, contracturamos (tensamos) el músculo que va del frente a la nuca y aparece el dolor de cabeza (y a menudo, por las conexiones nerviosas, estreñimiento o diarrea). Cuando se dan estas situaciones, es interesante saber que también a través del cuerpo podemos aliviar la tensión nerviosa a través, por ejemplo, de técnicas de relajación, o de la actividad física adecuada y lúdica.

Cómo la digestión influye en la ansiedad y el estado de ánimo

Pues lo mismo ocurre con las tripas. Cuando existe una tensión continuada, se contracturan, y varían las secreciones. ¡Y son muchas! El sistema gastrointestinal no sólo secreta zumos gástricos para digerir los alimentos, sino un montón de otras sustancias neuroendocrinas, es decir que tienen efecto sobre el sistema nervioso y hormonal. Es el gut-brain axis o eje intestinal-cerebral, que en los últimos años está adquiriendo más atención; porque explica cómo la disfunción del sistema digestivo puede incrementar síntomas como la ansiedad o depresión, o influir en enfermedades inflamatorias y autoinmunes como la diabetes o el alzhéimer.

Por ejemplo, a base de restringir o hartarse, se altera la secreción de leptina, hormona que secreta el tejido graso y que tiene los receptores en el centro cerebral del hipotálamo, regulando el peso a través de la sensación de apetito. Por eso en un TCA a menudo se pierden las sensaciones de hambre y saciedad. Se fuerza al cuerpo a ignorar los mensajes naturales, se le confunde, y se acaba perdiendo la brújula interna natural que debería guiar nuestra ingesta.

Porque, repetimos, en el cuerpo todo está relacionado. De ahí el tradicional dicho, mens sana in corpore sano 

Escuchando nuestro cuerpo, y haciéndole caso, nos ahorraríamos muchos problemas. Al igual que escuchando nuestros pesares, nuestras emociones, puesto que identificarlas bien es el primer paso para gestionarlas adecuadamente.

Obsesión, miedo al peso y exceso de atención al cuerpo

Las personas con trastorno alimentario, además, quedan «atrapadas» en múltiples ideas obsesivas, componiendo a menudo creencias distorsionadas o francamente erróneas en cuanto al peso y la alimentación. Esto hace que focalicen la atención en su cuerpo y la forma de comer; mientras el de los demás es visto con un prisma bien distinto, menos exigente y a menudo idealizado. Las personas con TCA enfocan su mirada sobre los puntos críticos que la cultura occidental ha idealizado: barriga, caderas y muslos. Al hacerlo, es más fácil sobreestimar las sensaciones digestivas a las que antes no se daba importancia, al tiempo que ignorar o segar las que deberían atenderse (contracciones estomacales por hambre), u otras partes del cuerpo más satisfactorias y su visión de conjunto. Y todo esto acaba llevando a la persistencia de la conducta sintomática, en el más flagrante ejemplo de distorsión cognitiva de cualquier TCA.

Y así, el propio síntoma empeora tanto la forma de comer, como las sensaciones corporales desagradables, como la percepción negativa del cuerpo y la distorsión de la propia autoimagen y pensamiento.

Un ejemplo es cómo algunos procesos naturales del sistema digestivo, como las flatulencias o la sensación de hinchazón, pueden asentar en las personas con TCA la idea de sobrepeso, intensificando aún más los síntomas. Incluso hay casos más extremos de personas con TCA que manifiestan que «notan» la grasa, o que tienen la impresión de que el suelo cruje por el peso del cuerpo al pisar (pese a estar en un peso normal o en infrapeso), posibles indicadores estos de incipiente psicotización.

Las personas con TCA acaban prestando mucha atención a estas sensaciones internas, al igual que hacen con ciertas partes del cuerpo. Todo forma parte del miedo subyacente a todo trastorno alimentario. Un miedo que se relaciona con aspectos mucho más íntimos que corren subterráneos, más que con la comida en sí: miedo a no ser suficiente, a ser rechazado, a la sexualidad, a no ser capaz de relacionarse de la forma que la sociedad considera adecuada, a quedarse solo, etc.

De modo que, para entender, tratar o salirse de un trastorno de la conducta alimentaria no hay que perder de vista la relación que tienen los diferentes órganos y sistemas del cuerpo humano entre sí, tanto la que existe entre la psique y el soma (la mente y el cuerpo), como entre la conducta alimentaria y los conflictos psicológicos. Las relaciones entre la alimentación y el resto del cuerpo forman una compleja red de interrelaciones y es importante abordarla desde este punto de vista.

Preguntas sobre TCA

Cuando una persona con un TCA se siente mal antes, durante o después de alguna comida es importante que su entorno esté sereno y que no se deje llevar por los nervios o la impotencia. Perder la calma cuando la persona sufre o no quiere comer solo dificulta la situación.

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