El diálogo interno en los trastornos de la conducta alimentaria
Resumen
«En una de las leyendas del pueblo de los indios cheroquis se cuenta que, hace mucho tiempo, existía un anciano muy sabio que sentado en la gran piedra vio aparecer a una pequeña india que llegaba muy enfadada y llena de rabia. La niña estaba tan enfadada que no podía explicarse.
El bondadoso anciano la acogió y la invitó a sentarse en la gran piedra con él, y para ayudarla y calmarla le explicó que un día él también estuvo así de enfadado y con rabia, sin saber qué hacer para poder sentirse mejor, para solucionar aquello que lo atormentaba. Frustrado, tropezó con la gran piedra, dónde ahora estaban sentados, y ahí vislumbró dos lobos.
Observó que uno de ellos era fuerte, alegre y bondadoso; le gustaba disfrutar de la vida, jugaba, amaba y se alegraba simplemente porqué estaba vivo. El otro, en cambio, gruñía, estaba lleno de miedo, odio, envidia y se mostraba desconfiado, incluso hasta con él mismo, pues se mordía hasta su propia cola.
El anciano entendió que esos lobos que estaba viendo vivían dentro de él. Le explicó a la niña que todos los seres humanos tenemos en nuestro interior a esos dos lobos que conviven: uno se nutre de amor, paz y generosidad, y otro vive de culpas, sufrimiento y rencor.
Y ambos luchan buscando dominar nuestro interior.
La pequeña india, que escuchaba muy atenta, preguntó:
— ¿Y quién de los dos ganará?
A lo que el anciano respondió:
— Ganará el lobo que tú alimentes ».
(Adaptación del cuento Los Dos Lobos. Wilfred. Akiara books. 2024)
Este relato refleja de manera sencilla y simbólica cómo funciona nuestro diálogo interno. Todas las personas convivimos con ese «Pepito Grillo» que interfiere en nuestro bienestar emocional.
En los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) esta conversación interna es clave, porque los mensajes que la persona se da a sí misma pueden mantener o incrementar la problemática, o bien, pueden representar una vía de cuidado y recuperación.
La lucha entre ambos lobos se parece mucho al diálogo interno que acompaña al TCA. Es una confrontación continua entre la voz que intenta cuidar y otra que, desde el control, la exigencia y el miedo, acaba dañando.
El diálogo interno que acompaña al TCA es una confrontación continua entre la voz que intenta cuidar y la que, desde el control, la exigencia y el miedo, acaba dañando.
El «lobo malo» representa esas voces críticas y castigadoras que dicen: «No eres suficiente»; «No deberías comer eso»; «Si comes, lo arruinas todo». Son pensamientos que generan miedo, más vergüenza y sobreexigencia, convirtiéndose así en una voz que domina y desgasta emocionalmente, y llega a expresarse con tristeza, aislamiento e irritabilidad.
Sin embargo, también existe, aunque con menor presencia, el «lobo bueno». Esa voz o esos pensamientos que conectan con la persona que uno realmente es, más allá del TCA, y que susurra cariñosamente: «Puedes descansar»; «Comer da energía» o «Quiero cuidarme».
¿Cuándo habla el TCA y cuándo habla la persona?
Detectar ese diálogo interno del TCA es complejo y no siempre fácil, ya que, a menudo, el trastorno se confunde con los propios pensamientos e interpreta que todo lo que dicen esos pensamientos se corresponde con lo que uno persona es.
Pero hay algunas señales a partir de las cuales se puede empezar a identificar cuándo habla el TCA o cuándo habla la persona.
Las voces que dañan
Las voces que dañan conforman un discurso que suele hablar desde el control, el miedo o la culpa, generalmente con mensajes que atacan de forma directa a la persona. Podemos distinguir algunas de estas voces:
- Voz descalificadora. Habla con insultos, con desprecio y humillando: «Das asco»; «Das pena» o «No vales para nada». Genera bajo autoconcepto, emociones de vergüenza y de insuficiencia, y provocan un mayor aislamiento.
- Voz exigente. En busca de la perfección constante, nunca nada es suficiente, siempre pide más y, si no se consigue, cuestiona el esfuerzo de la persona: «Si no lo haces bien, no sirve»; «No lo has hecho lo suficientemente bien». Generan culpa, mayor ansiedad y agotamiento.
- Voz controladora. Muy común en el TCA, son pensamientos que buscan el control para tener mayor sensación de seguridad: «Si no te comes esto, te sentirás mejor contigo misma»; «Más delgada, té veras mejor». Acaba aumentando la rigidez, conductas alimentarias de riesgo y mayor dependencia al trastorno.
Las voces que dañan conforman un discurso que suele hablar desde el control, el miedo o la culpa, con mensajes que atacan de forma directa a la persona.
- Voz victimista. Se refleja en aquellos pensamientos que transmiten desesperanza e impotencia: «Nunca voy a salir de esto»; «Si cambio, nadie me querrá». Genera bloqueo emocional, tristeza y desconfianza ante la recuperación y el tratamiento.
- Voz culpabilizadora. Aparece cuando algo es difícil, transmitiendo culpa y responsabilidad a la persona: «Estás haciendo sufrir a tu familia»; «Deberías poder gestionar esto»; «Es tu culpa estar así». Provocan autocastigo.
- Voz «razonable». Es de las más peligrosas, debido a que no suena agresiva y puede confundirse con algo realista, maduro, objetivo o lógico y puede justificar con mucho sentido común ciertas conductas de riesgo del TCA: «Solo estoy cuidando mi salud»; «No tengo hambre, escuchar al cuerpo es sano»; «Yo sé lo lo que necesito mejor que nadie».
- Voz negociadora. Genera ideas en la persona proponiendo acuerdos que benefician al TCA: «Ahora comes un poco menos, y luego ya vemos»; «Solo esta vez». Genera dependencia, porque la persona puede percibir que controla o que puede encontrar alivio, sin embargo, acaba reforzando conductas que mantienen el problema.
- Voz comparadora. Continuamente se compara con los demás, invalidando a la persona, tanto sus capacidades como su sufrimiento: «Otros pueden y tú no»; «No te quejes, que otros están peor».
El problema de estas voces es que se creen como la única verdad. El trabajo consiste en identificar esos mensajes y, una vez se reconocen, dejar de alimentar la voz del TCA y tener en cuenta que no toda voz que parece amable cuida. Puede presentarse como una voz que «solo quiere lo mejor», transmitiendo una seguridad y un control, siempre que se sigan ciertas normas. Algunas frases pueden parecer razonables, pero continúan manteniendo y reforzando el miedo y la rigidez.
El objetivo no es solo cambiar las palabras duras por bonitas o amables, sino poder cambiar también la intención.
Las voces que cuidan
Las voces internas que ayudan a fortalecer y a cuidar son esas voces que no niegan el malestar, pueden pensarlo, identificarlo y reconocerlo, y ayudan a protegernos, nos orientan y nos sostienen emocionalmente.
- Voz cariñosa. Se comunica con ternura, generando calma y mayor seguridad emocional: «Lo estás pasando mal”; «Necesitas pedir ayuda».
- Voz comprensiva. Es aquella que se muestra cuando pone palabras a las emociones sin buscar culpables y sin juzgar a la persona por sentirlas: «Tiene sentido que esté triste»; «Es normal que hoy cueste más». Ayuda a reducir la autoexigencia, la ansiedad y la vergüenza.
- Voz realista. Ayuda a equilibrar la percepción y los pensamientos extremos, permitiendo ser más objetivo: «Hoy ha sido un día complicado, no un fracaso».
- Voz protectora. Mensajes que cuidan y previenen de posibles riesgos, limitando así los mensajes que puede dar el TCA: «Esto me puede hacer daño».
- Voz esperanzadora. Pensamientos que ayudan a motivar a la persona en el proceso, manteniendo el sentido del cambio y la recuperación: «Cada paso cuenta»; «Esto no será eterno».
- Voz adulta saludable. Es aquella que valida el malestar, sin necesidad de justificarlo. A menudo, se puede confundir con la voz «razonable» porque las dos parten del sentido común, pero el mensaje tiene un impacto emocional claramente distinto: «Pedir ayuda es coherente, no por eso soy débil ni he fracasado».
Las voces que cuidan de verdad no alivian rápidamente a cambio de daño. Pueden resultar más inseguras porque no se percibe que reduzcan el miedo al instante, pero protegen más a largo plazo.
Aprender a distinguir las voces
Aprender a distinguir y a reconocer estas voces es un proceso que requiere práctica y acompañamiento profesional. Dudar y equivocarse forma parte del camino, y detectar el daño en el diálogo interno un avance importante en la recuperación.
Te animo a ponerlo en práctica con la siguiente dinámica:
- Escribe en un papel todas las voces que dañan, y trata de identificarlas en tu propio diálogo interno.
- Trata de transformar esas palabras en palabras más amables, comprensivas y realistas.
Teléfono de la Esperanza 93 414 48 48
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