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¿Por qué las autolesiones no suicidas pueden incrementar el riesgo de suicidio?

La relación entre las autolesiones recurrentes y la conducta suicida
Joaquim Puntí

Joaquim Puntí Vidal

Psicólogo clínico. Jefe de sección de Tratamiento psicológico infantojuvenil y Hospital de Día de salud mental de adolescentes
Consorci Corporació Sanitaria Parc Taulí de Sabadell
Chico adolescente en un columpio.
©Moore Media via Canva.com

Resumen

Las autolesiones no suicidas (ANS) son conductas intencionadas que, aunque no buscan la muerte, indican malestar emocional y pueden convertirse en un riesgo de suicidio si se vuelven recurrentes. Existen tres teorías principales sobre cómo las ANS incrementan el riesgo de suicidio: la teoría de la puerta de entrada, que sugiere un continuum hacia el suicidio; la teoría de la tercera variable, que las vincula a factores subyacentes comunes como la depresión y la ansiedad; y la teoría interpersonal de Thomas Joiner, que considera que las ANS reducen el miedo al dolor facilitando el comportamiento suicida. La prevención temprana y la intervención pueden evitar que las ANS se conviertan en un patrón habitual que incremente el riesgo de suicidio.
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Las autolesiones no suicidas (ANS) son conductas en las que una persona se produce un daño físico de manera intencionada, pero sin voluntad de morir. Esta conducta puede tener distintos objetivos, que abarcan desde regular un estado emocional negativo a conseguir atención social positiva por parte de los demás o crear cambios ambientales. Pero, ¿las autolesiones no suicidas incrementan el riesgo de conducta suicida?

Las autolesiones no suicidas ocasionales no implican necesariamente un aumento del riesgo de suicidio, pero sí indican la presencia de malestar emocional. Por el contrario, se sabe que cuando la conducta autolesiva pasa a ser una conducta recurrente, que se utiliza de manera frecuente y acaba siendo un patrón habitual, entonces se convierte en un factor de riesgo que incrementa la probabilidad de realizar una tentativa autolítica y de morir por suicidio consumado. De ahí la importancia de realizar una intervención precoz ante las primeras autolesiones en la adolescencia, para evitar su cronificación.

Chicos saliendo del instituto

Factores de riesgo y de protección de la conducta autolesiva

La relación entre las autolesiones no suicidas recurrentes y la conducta suicida

No existe un único modelo explicativo de cómo las autolesiones no suicidas recurrentes incrementan el riesgo de suicidio. Los tres modelos explicativos de esta asociación que cuentan con mayor apoyo dentro de la literatura científica son los siguientes:

1. Teoría de la puerta de entrada

Este modelo plantea que las autolesiones no suicidas forman parte de un continuo de gravedad. Es decir, no son un fenómeno aislado, sino la punta del iceberg de un proceso que puede evolucionar hacia la ideación suicida, los intentos de suicidio y el suicidio consumado. Desde este modelo, esta conducta indica que la persona está ya en una situación de malestar emocional elevado y que está utilizando estrategias desadaptativas para gestionarlo.

Si con el paso del tiempo no hay mejoría de las autolesiones y el malestar aumenta, las estrategias pueden escalar y aparecer las ideas y las conductas suicidas. Así, según este modelo, las autolesiones no suicidas son el primer escalón de un continuum que puede finalizar con la muerte por suicidio.

2. Teoría de la tercera variable

Este modelo propone que la relación entre la autolesión no suicida y la conducta suicida no es directa, sino que ambas son consecuencia de los mismos factores de riesgo subyacentes, como la depresión, la ansiedad, el trauma o las dificultades de regulación emocional. Por tanto, no es que las autolesiones provoquen por sí mismas la conducta suicida, sino que es la misma base emocional vulnerable la que puede llevar a la persona a autolesionarse, a tener ideas suicidas, a realizar tentativas autolíticas o a suicidarse. En este caso, las autolesiones no suicidas son un indicador de vulnerabilidad y no directamente la causa del riesgo suicida.

Cuando la conducta autolesiva pasa a ser una conducta recurrente, se convierte en un factor de riesgo que incrementa la probabilidad de realizar una tentativa autolítica.

3. Teoría interpersonal del comportamiento suicida de Thomas Joiner

Es el modelo que más apoyo tiene. Según este modelo, para realizar una conducta suicida es necesario pasar tres etapas, que van desde el pensamiento suicida a la realización de la conducta suicida.

  • En primer lugar, existe el desarrollo de la ideación suicida, que es cuando la persona empieza a pensar en la muerte y cuando aparecen dos experiencias clave como son el sentimiento de no pertenencia (estoy solo) y la sensación de ser una carga para los demás. Esto genera el deseo de morir.
  • En segundo lugar, está lo que se llama la capacidad adquirida para el suicidio. Es en esta etapa en la que participan las autolesiones no suicidas. La persona, con esta conducta autolesiva, se expone repetidamente al dolor y reduce el miedo a dañarse, lo que disminuye la protección natural del instinto de supervivencia.
  • En tercer lugar, tenemos la conducta suicida, que se produce cuando coinciden en el mismo momento el deseo de morir y la capacidad para hacerlo al haber perdido el miedo a sentir dolor a partir de la práctica repetida de las autolesiones no suicidas.

Conclusión

La relación entre las autolesiones no suicidas y la conducta suicida carece de una explicación única. Algunas teorías entienden que la autolesión no suicida es el inicio de un continuum hacia la conducta suicida, otras consideran que las autolesiones no suicidas y la conducta suicida comparten unos mismos factores comunes, y algunas teorías plantean que la autolesión no suicida contribuye a disminuir el instinto de supervivencia y, en última instancia, a capacitar a la persona en la realización de la conducta suicida.

Si tienes pensamientos suicidas, pide ayuda:

También puedes comunicarte con los servicios de emergencia locales de tu zona de residencia.