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Artículo

Volver a comer después de un trastorno alimentario

¿Qué es el síndrome de renutrición y cuándo se produce?
Sònia Sarro Álvarez

Dra. Sonia Sarró Álvarez

Doctora en Medicina. Psiquiatra especializada en trastornos de la conducta alimentaria. Área de Salud Mental
Hospital Sant Joan de Déu Barcelona
Chica comiendo un croissant.
©Getty Images Signature via Canva.com

Resumen

El proceso de realimentación después de un trastorno alimentario tiene que ser gradual en casos de desnutrición severa, para evitar complicaciones graves como el síndrome de renutrición, un desequilibrio metabólico que se da cuando el cuerpo debilitado recibe demasiado nutrientes de manera repentina. Las manifestaciones clínicas del síndrome de renutrición incluyen desorientación, náuseas y riesgo de arritmias, por eso este proceso se debe llevar a cabo con un equipo especializado. Una planificación adecuada y hacer analíticas regulares ayudan a monitorizar y adaptar el proceso a las necesidades de cada persona.
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Cuando una persona ha estado desnutrida y en infrapeso durante un largo tiempo, el proceso de realimentación no puede realizarse de cualquier manera. Hay que tener mucho cuidado para que no haya complicaciones y problemas que podrían resultar graves para la salud.

La restricción alimentaria, los vómitos reiterados, el ejercicio compulsivo y el abuso de laxantes pueden producir una pérdida de peso importante en la persona. Estas conductas terminan alterando la bioquímica cerebral, el equilibrio de los neurotransmisores. Y esto, a su vez, puede potenciar la sintomatología depresiva y la obsesión. El miedo a aumentar de peso o recuperarlo se va instalando en la mente de la persona con un trastorno alimentario, y el peso va bajando peligrosamente. Cuanto más se asienta este funcionamiento, más «obligado» se ve al cuerpo a adaptarse a un ritmo metabólico por debajo de las necesidades naturales, ya que se está produciendo una situación en la que hay que ahorrar energía, y la que queda disponible se reconduce para cubrir las funciones básicas: la respiración y el latido cardíaco. Y así se van gastando las reservas internas a preservar, como la capa de grasa protector (tejido adiposo) que recubre y hace de «airbag» de muchos órganos.

Cuanto más acentuada es la pérdida de peso, más despacio es necesario ir para remontarlo. Si no se hace así, puede haber complicaciones, como el síndrome de renutrición.

Restablecer el estado nutricional es tan importante como llevar a cabo una terapia para trabajar la conciencia del trastorno. Pero cuando llega el momento de iniciar el proceso de realimentación , debe hacerse gradualmente, poco a poco y valorando antes el estado interno del cuerpo. Cuanto más acentuada es la pérdida de peso, contrariamente a lo que se podría pensar, más despacio hay que ir para remontarlo. Si no se hace así, puede haber complicaciones; una de ellas es el llamado síndrome de renutrición o de realimentación.

TCA Iceberg

Mucho más que un problema de relación con la comida

¿Qué es el síndrome de renutrición?

El síndrome de renutrición es, básicamente, un desequilibrio metabólico que se produce cuando el cuerpo pasa de ahorrar a poder gastar sin limitaciones. Cuando la persona ha perdido muchos kilos respecto a su peso previo y el ritmo metabólico está a mínimos, los alimentos, tanto sólidos como líquidos, pueden suponer una sobrecarga repentina para un organismo debilitado y acostumbrado a tan poca cosa.

Cuando el cuerpo carece de energía, pasa de quemar azúcares, que es su preferencia, a quemar grasas y proteínas de sus reservas, desarrollando una eventual cetoacidosis y gastando las sales minerales de las células (básicamente, potasio, magnesio y fósforo). Las proteínas son moléculas grandes que retienen líquido en sangre (hiperosmolaridad); por eso, cuando en dietas demasiado estrictas o escasas carecen de las proteínas, el líquido plasmático se desplaza fuera de los vasos sanguíneos y pueden inflarse las partes bajas del cuerpo, empezando por los tobillos. En casos graves, cuando existe una carestía crónica, también se hincha el abdomen.

En el momento en que se vuelven a ingerir hidratos de carbono (que también son grandes moléculas), el cuerpo los utiliza con preferencia y se activa de repente el metabolismo: se libera insulina, que hace que los hidratos entren en los tejidos y sean utilizados como fuente de energía por las células; y en el proceso de quemarlos, tienen que gastar los escasos ahorros de vitaminas y sales minerales que todavía retenían (potasio, magnesio y fósforo), acumulando en el intercambio sodio, y también líquido que éste retiene. Así, una ingesta de hidratos de carbono que llegue de repente al cuerpo y pase a la corriente sanguínea hará liberar mucha insulina de golpe (subirá el azúcar en sangre, hiperglucemia), con riesgo de sufrir una posterior y aparentemente paradójica hipoglucemia –que incluso puede llegar al coma–, porque, al faltarle reservas, el cuerpo pierde temporalmente la seva capacitat d’autoregulació.

 

Cuando la persona ha perdido mucho peso y el ritmo metabólico está a mínimos, los alimentos pueden suponer una sobrecarga repentina para un organismo debilitado y acostumbrado a tan poca cosa.

De modo que cuando las proteínas o los hidratos llegan bruscamente en cantidades antes normales al tubo digestivo, se puede producir un desequilibrio electrolítico que desregule el ya precario balance corporal. Esta redistribución de líquido y sales minerales en un organismo ya debilitado puede tener consecuencias graves sobre muchos órganos, especialmente sobre el funcionamiento cardíaco (que necesita especialmente el potasio), con riesgo de arritmias, paro e incluso de muerte.

Así ocurrió cuando los soldados aliados entraron en los campos de concentración al final de la Segunda Guerra Mundial y, al ver horrorizados las condiciones de los prisioneros, les dieron sus raciones de alimentos, a menudo galletas ricas en hidratos; algunos de los prisioneros murieron por el choque de la ingesta, después de haber hecho una última comida en libertad.

TCA y corazón

Repercusiones cardiológicas de los trastornos alimentarios

Las manifestaciones clínicas del síndrome de realimentación son similares a otros estados de choque: desorientación, náuseas, tensión arterial baja y taquicardia, con retención de líquidos (edema). Y puede terminar en arritmia cardíaca o fallo renal.

Por eso, es muy importante que las personas con un trastorno alimentario que están en condiciones de infrapeso o desnutrición prolongada, sean tratadas en un entorno adecuado y por un equipo de especialistas que incluya a un nutricionista. Es necesario programar una realimentación progresiva, diseñada individualmente, para incrementar lentamente el contenido de calorías y dejar tiempo al cuerpo para readaptarse. En los casos de desnutrición avanzada, es necesario reponer las sales minerales y las vitaminas (micronutrientes) antes de introducir los azúcares. Y siempre debe valorarse con analíticas el estado interno del organismo, tanto antes como durante el proceso de realimentación.