Menopausia y TDAH en mujeres: cómo las hormonas agravan los síntomas
Resumen
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que presenta síntomas persistentes de falta de atención, impulsividad e hiperactividad, dificultades que pueden impactar significativamente en la vida diaria de las personas. En principio, estos síntomas son iguales para hombres y mujeres. La morfología cerebral del trastorno es idéntica, es decir, neurobiológicamente se expresan por las mismas rutas, lo que significa que ambos sexos experimentan las mismas dificultades e igual número de trastornos comórbidos. Pero, la realidad es que existen grandes diferencias en la expresión de los síntomas y en su vivencia.
¿Por qué las mujeres con TDAH son más vulnerables?
El día que me diagnosticaron TDAH, la psiquiatra me comentó que por ser mujer y ser neurodivergente era una persona doblemente vulnerable. Tardé en entender el alcance real de esa afirmación, pero, de lo que no había duda, es de que tenía toda la razón. Las mujeres con TDAH somos doblemente vulnerables y lo somos por varias razones:
Existen más dificultades para diagnosticar un TDAH a las mujeres
Las mujeres internalizan más los síntomas; solemos participar más del subtipo inatento que es mucho más difícil de identificar ya que suele pasar desapercibido. Hay que tener en cuenta que, históricamente, los sesgos en la investigación y en los criterios diagnósticos han sido pensados solo para los varones. Por otro lado, tenemos un mayor riesgo de desarrollar problemas de salud mental, como ansiedad y depresión y otras comorbilidades que complican un diagnóstico claro y temprano.
Las mujeres viven aún bajo normas sociales discriminatorias y limitantes.
Las desigualdades sociales, de género y los estereotipos imponen unas exigencias sociales muy marcadas y que impactan directamente en nuestra salud física y mental.
El impacto de los ciclos hormonales de la mujer.
Las fluctuaciones hormonales continuas y cíclicas de la mujer afectan a la química del cerebro. Este no es un tema menor, las hormonas son sustancias muy poderosas con efectos muy intensos en las distintas etapas de nuestra vida.
Todos estos factores demuestran que las diferencias entre hombres y mujeres sean reales. Y también que sea imprescindible tenerlos muy en cuenta para comprender cómo se vive siendo mujer con esta condición.
¿Cómo afecta el ciclo hormonal femenino al TDAH?
Sin duda, la variabilidad hormonal es uno de los factores con más impacto en el TDAH de las mujeres ya que provoca que la expresión de los síntomas varie en función de nuestros ciclos y a lo largo de nuestra vida: la menstruación, el embarazo, el parto, el posparto, la perimenopausia y la menopausia.
La explicación tiene que ver directamente con el nivel de estrógenos, esas hormonas que, entre otras funciones, modulan la producción de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y la noradrenalina. Estos neurotransmisores realizan un papel fundamental en las funciones cognitivas, que son aquellos procesos mentales superiores que nos permiten planificar, organizar, resolver problemas, mantener la atención y controlar nuestros impulsos, entre muchas otras cosas. Por lo que, cuando estas funciones están afectadas, llegan los problemas de organización, gestión del tiempo, dificultad para seguir instrucciones y para controlar impulsos y emociones.
Explicado de una forma sencilla podría decirse que, en niveles altos, el estrógeno aumenta la serotonina, la hormona relacionada con los sentimientos de bienestar, y la dopamina, relacionada con los sentimientos de placer, recompensa y motivación, lo que mejora el estado de ánimo y la función cerebral. Por el contrario, la disminución de estrógenos, como ocurre en el síndrome premenstrual o la menopausia, puede provocar una bajada en los niveles de estos neurotransmisores, causando disfunción emocional.
Los niveles bajos de estrógeno se asocian con mayor sensación de tensión, ansiedad, irritabilidad, mal humor, tristeza, problemas para dormir, dificultades de concentración, pensamiento confuso, olvidos y problemas de memoria, fatiga o pérdida de energía entre otros.
¿Empeoran los síntomas del TDAH durante la menopausia?
La menopausia se caracteriza por un descenso significativo en los niveles de estrógenos con el rosario de problemas que eso implica: la intensificación de la reactividad emocional, la presencia de cambios de estado de ánimo como tristeza o depresión, ansiedad; problemas de sueño, mayor afectación cognitiva como despistes, olvidos, incremento de los problemas para mantener la concentración en una tarea, etc.
Desgraciadamente, todos esos problemas que aparecen durante la menopausia son síntomas que las mujeres con TDAH llevamos experimentando a lo largo de toda nuestra vida. De ahí que se diga que cuando una mujer llega a la menopausia, puede imaginar cómo es el día a día de una mujer con TDAH.
Existe evidencia científica sobre cómo la menopausia actúa como un factor de agravamiento de la sintomatología del TDAH debido a la interacción entre el descenso de estrógenos y la disponibilidad de dopamina (Kooij et al., 2025). Aunque las mujeres con TDAH no tenemos síntomas físicos de menopausia más severos que la población general, sí experimentamos un deterioro significativo en nuestra calidad de vida y nuestras funciones ejecutivas durante este periodo (Chapman et al, 2025).
Para nosotras no supone ninguna sorpresa, ya que desde la perimenopausia somos conscientes de que los medicamentos y las estrategias que hasta entonces nos habían ayudado a manejar los síntomas de nuestro TDAH empiezan a perder su eficacia.
A pesar de que llegamos advertidas no es fácil lidiar con un TDAH que se ha multiplicado elevando la expresión de los síntomas a niveles difícilmente manejables.
¿Cómo es el día a día de una mujer con TDAH durante la menopausia?
Cuando llegamos a esta etapa de nuestra vida, lo hacemos con un nivel de fatiga muy elevado. Asumimos, erróneamente, como parte del rol clásico que se exige a las mujeres, la organización de la casa y el cuidado de los hijos. Por otro lado, llevamos toda una vida intentando encajar en el entorno laboral y el personal con un TDAH que nos genera estrés, tensiones y conflictos en todos los ámbitos de nuestra. También es posible que, debido al componente genético del TDAH, puedan existir varios miembros del núcleo familiar que compartan esta condición, lo que complica aún más el clima de relaciones en el hogar. Es más, el equilibrio en las relaciones de pareja, sin duda nada sencillas de por sí, puede verse alterado por la intensificación de los síntomas.
Así que, sí, el aumento de la exigencia que supone la vida adulta, la coexistencia con otros trastornos comórbidos y los cambios hormonales pueden facilitar la presencia de síntomas que antes pasaban inadvertidos gracias al enorme esfuerzo que realizamos muchas mujeres para enmascarar unos síntomas que generan rechazo. Por lo que, al menos desde mi propia vivencia, es complicadísimo manejar unos síntomas totalmente descontrolados.
El cuadro, ya de por sí difícil del TDAH, puede agravarse con la presencia de sentimientos de vacío, torpeza, pérdida de facultades, apatía, indolencia e incluso cuadros ansioso-depresivos que incrementan los déficits cognitivos.
Lo deseable sería contar con un seguimiento médico que nos prepare para anticiparnos a estos periodos donde se van a exacerbar nuestros síntomas, un tratamiento que entienda el impacto de las hormonas en nuestra condición y las interacciones farmacológicas, que conozca la importancia de las comorbilidades y sus tratamientos, y que pueda coordinarse con otros especialistas para llevar a cabo un abordaje integrado del trastorno. Pero la realidad es que, llegada la menopausia, a pesar de tener nuestro diagnóstico y de compartirlo con nuestros médicos, no se tienen en cuenta nada de lo anterior.
A pesar de todo lo comentado, lo más grave no es llegar con un diagnóstico de TDAH a la menopausia. Lo realmente dramático es llegar sin diagnóstico y, por lo tanto, sin tratamiento.
Son muchas las mujeres con fundadas sospechas fundadas de tener TDAH que acuden en estas edades a su profesional de salud de referencia para una evaluación y que se encuentran con comentarios como: «con tus años, ya ¿qué más te da?», o «si te ha ido bien, para qué meterte en diagnósticos y tratamientos», cuando no el comentario más típico «eso es la menopausia, que os pone muy nerviosas e irritables».
Actitudes como estas nos llevan a muchos diagnósticos erróneos de depresión, ansiedad o trastorno de personalidad porque se solapan con síntomas de inestabilidad emocional, baja autoestima, insomnio, ansiedad y frustración. Es decir, nuestras comorbilidades de cada día, lo que tiene gravísimas consecuencias.
Las mujeres con TDAH no diagnosticado tienen más probabilidades de divorciarse, de formar familias monoparentales, de tener poca formación, de estar subempleadas o desempleadas, de sufrir de insomnio, fibromialgia, o estrés crónico y de presentar pensamientos de autolesiones o suicidio.
Siempre defiendo la necesidad de un diagnóstico independientemente de la edad que tengamos. Las mujeres tenemos el derecho a saber qué nos ocurre y cuál es el mejor tratamiento para manejar nuestros síntomas. Es imprescindible una mirada médica más completa y empática de nuestra condición que tenga en cuenta nuestra realidad hormonal y su evolución a lo largo de nuestra vida para entender, en cada momento, cómo nos afecta esta turbulenta relación entre el TDAH y las hormonas.
Y, sobre todo, se hace necesario hablar de manera natural y comprensiva del TDAH, la menopausia y la forma en que las mujeres lo vivimos y lo sentimos. Solo así, eliminaremos los estigmas y las exigencias que tanto nos perjudican y podremos normalizar una realidad que vivimos a espaldas de los demás.
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