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Artículo

Qué es la ingesta emocional: causas y riesgos

Pautas de prevención y abordaje para las familias
Dra. Esther Via Virgili

Dra. Esther Via Virgili

Psiquiatra e investigadora postdoctoral
Hospital Sant Joan de Déu Barcelona
Niño comiendo de manera compulsiva
©Stafford Studios via Canva.com

Resumen

La ingesta emocional es la tendencia a comer en respuesta a emociones como la ansiedad, la tristeza o el aburrimiento, y puede ser un factor de riesgo para desarrollar trastornos alimentarios como el trastorno por atracón. Aunque no es un diagnóstico reconocido, se asocia a sobrepeso, a obesidad y a problemas de salud mental. Factores como tener dificultades en la regulación emocional, el consumo de ultraprocesados y las dinámicas familiares influyen en su aparición y evolución. Es fundamental mejorar los hábitos alimentarios familiares y buscar ayuda profesional cuando existan otros trastornos o dificultades emocionales.
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Existen varias expresiones, como «hambre ansiosa», «comida emocional» o, incluso, «adicción a la comida», que pueden relacionarse con el constructo de gestión emocional. Todas ellas se refieren a situaciones de descontrol con la ingesta de alimentos (o bebidas), habitualmente en respuesta a emociones como la tristeza, la rabia, la ansiedad o, incluso, el aburrimiento.

La dificultad para controlar la comida puede comportar situaciones o conductas que nos pueden alertar de que se trata de ingesta emocional, como:

  • Tener una sensación de urgencia por comer (incluso, se puede llegar a comer alimentos sin terminar de preparar, medio crudos, o en mal estado).
  • Comer a escondidas.
  • Reaccionar con un enfrentamiento, incluso una agresión, cuando se limita el consumo de comida.
  • Comer hasta sentirse desagradablemente lleno, no por saciedad sino por pérdida de control.
  • Sentir culpa o vergüenza después.

A menudo, se hace referencia a estos síntomas como «ansiedad por comer», pero en realidad no son síntomas de ansiedad, aunque la ansiedad sí puede desencadenarlos.

Relación entre ingesta emocional y trastorno por atracón

La ingesta emocional no es un diagnóstico reconocido en los manuales de clasificación de enfermedades y trastornos, por eso existe tanta diversidad de nomenclaturas. Cuando este descontrol con la comida es más intenso y, entre otras características, se detecta la presencia de atracones al menos una vez por semana durante un mínimo de tres meses, se convierte en un trastorno por atracón (siempre que esta pérdida de control no se acompañe de conductas compensatorias, como la inducción del vómito). El trastorno por atracón sí que es una entidad diagnóstica reconocida por los profesionales clínicos, y recogida en los manuales diagnósticos CIE-11 y DSM-5-TR (OMS, 2021; APA, 2022). 
 

trastorno atracon

El trastorno por atracón en la persona adulta


Aunque no forma parte estricta de los criterios diagnósticos, a menudo el trastorno por atracón se asocia a un malestar con la imagen corporal y con las creencias negativas sobre el propio cuerpo. En cambio, en la ingesta emocional, esto puede no estar presente.

La relación entre ingesta emocional y trastorno por atracón no está del todo clara, pero se acepta que la ingesta emocional es un factor de riesgo para el desarrollo de un trastorno por atracón . Entre los pocos datos de los que disponemos, un estudio —con diferentes limitaciones importantes— indica que tres de cada diez personas con ingesta emocional transitarán a un trastorno por hartazgo ocho años después (Estice, 2013). Una consideración a tener en cuenta es que el trastorno por atracón está definido desde una perspectiva de adultos, lo que implica que algunos de los criterios sean más difíciles de cumplir en niños y adolescentes, especialmente cuando consideramos que, generalmente, no tienen acceso libre a los alimentos.

La ingesta emocional es un factor de riesgo para el desarrollo de un trastorno por atracón. En ambos casos, además, las personas tienen dificultades para regular sus emociones.

Comer por emociones, habitualmente, implica un intento de regular una emoción desagradable mediante la búsqueda de un placer inmediato, aunque también se podría comer puramente por la búsqueda de placer. Tanto en la ingesta emocional como en el trastorno por atracón, sin embargo, se considera que las personas tienen dificultades generales para regular las emociones.

¿Qué riesgos tiene la ingesta emocional?

El riesgo más importante de estas conductas es la presencia de sobrepeso y obesidad y todas las consecuencias asociadas, como, por ejemplo, la diabetes tipo 2. Hay que recordar que la presencia de obesidad en infancia y adolescencia se asocia de manera importante a la obesidad en la edad adulta, con todo lo que puede implicar en cuanto a la pérdida de funcionalidad y calidad de vida y a la aparición de enfermedades crónicas asociadas (Simmonds, 2016). Pero también puede relacionarse con la aparición de síntomas de trastornos de salud mental, especialmente clínica depresiva o ansiosa (Gariepy, 2010; Luppino, 2010).

Asimismo, y como ya hemos comentado, una parte de las personas con ingesta emocional acabarán desarrollando un trastorno de la conducta alimentaria del tipo trastorno por atracón. Y otras también podrían acabar desarrollando algún otro TCA, especialmente bulimia nerviosa, aunque existen pocos datos al respecto. (Jacobi, 2011)

Hay que poner énfasis en que uno de los riesgos de la presencia de una ingesta emocional es que, al no ser un diagnóstico reconocido, puede pasar desapercibida o minimizarse y, al mismo tiempo, minimizar o no detectar los problemas o trastornos de salud mental relacionados. Muchas veces existe malestar en la persona o en el ámbito familiar derivado de estas dificultades. La persona puede sentir vergüenza, culpa y baja autoestima.

Autorregulación emocional ante la ingesta de comida

La autorregulación emocional en los trastornos de la conducta alimentaria

¿Qué favorece que aparezca una ingesta emocional?

Hay varios factores que se han asociado a la ingesta emocional, aunque en general no se conoce bien su impacto. Algunos de ellos son:

Dificultades en la regulación de las emociones

Ser impulsivo o tener dificultades en enfrentar el malestar emocional y los conflictos, por ejemplo. Un malentendido con unos amigos en la escuela, por ejemplo, puede acabar con una ingesta emocional. En este caso, las personas comen como respuesta a un malestar y como una forma de compensar ese malestar. La gestión del aburrimiento es un factor clave, puesto que en estas situaciones es muy frecuente que aparezca la ingesta emocional. Si, además, hemos tenido algún conflicto en la escuela, el riesgo aumenta.

Un aspecto relacionado con la identificación y regulación de las emociones tiene que ver con la conciencia de saber cuándo tenemos hambre y cuándo estamos saciados. No sabemos si es el huevo o la gallina, pero las personas con ingesta emocional pueden tener dificultades para identificarlo correctamente.

Cabe destacar que las personas que tienen dificultades en la regulación emocional a causa de otro trastorno, por ejemplo el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o el trastorno del espectro del autismo (TEA), son más vulnerables a tener episodios de ingesta emocional (eso no quiere decir que todas las personas con estos trastornos deban tenerlo). Por ejemplo, las personas con TDAH tienen más riesgo de comer más rápido, de comer más snacks y tienen dificultades para planificar las comidas. Las personas con TEA, por otra parte, pueden comer de forma selectiva alimentos poco saludables o comer en relación con el estrés que les producen determinadas situaciones sociales.

Consumo de alimentos ultraprocesados

Otro factor asociado a la ingesta emocional es el consumo de alimentos y bebidas ultraprocesadas, que son formulaciones industriales elaboradas a partir de sustancias extraídas de alimentos, ingredientes derivados y aditivos, con poca o ninguna presencia de alimentos «enteros», habitualmente muy palatables, listos para consumir y de larga vida útil. Estos productos están diseñados para que sean altamente gratificantes y, por tanto, favorecen que se produzcan ingestas descontroladas en forma de ingesta emocional. Había un anuncio publicitario de patatas de bolsa en el que se decía: «¿Crees que puedes comer sólo una?». Pues probablemente no, ya que han sido diseñadas para que quieras más. Actualmente, existe un interés creciente en este ámbito, tanto en aspectos de investigación como de reivindicación social.

Los alimentos ultraprocesados ​​están diseñados para que sean altamente gratificantes y, por tanto, favorecen que se produzcan ingestas descontroladas en forma de ingesta emocional.

Por un lado, la investigación sobre el área, aunque todavía es joven, nos indica que el consumo de estos alimentos podría tener un efecto directo sobre circuitos cerebrales que regulan las emociones. Por otra parte, la publicidad de muchos de estos productos poco saludables y de algún modo «adictivos» está dirigida a niños y adolescentes, lo que debe revisarse en profundidad desde una perspectiva social y política. Lamentablemente, estos alimentos suelen ser más económicos que muchos productos frescos, y, por tanto, el nivel socioeconómico es un factor relacionado con la obesidad y muy posiblemente también con la ingesta emocional.

La relación con la comida en el ámbito familiar

Otro factor relevante es la relación que se tenga en casa con la comida. En este caso, un factor que puede prevenir la aparición de una ingesta emocional es tener una alimentación y unos hábitos de vida saludables, entre ellos:

  • No tener a disposición alimentos de mayor riesgo en casa (especialmente ultraprocesados, que deberían ser de consumo esporádico).
  • Seguir una dieta variada.
  • Tener horarios regulares de comida.
  • Hacer las comidas en familia.
Un niño y una niña comiendo en la mesa

Pautas para promover una alimentación saludable en casa

¿Qué hacer para abordar la ingesta emocional en casa?

El primer paso para poder actuar frente a una situación de ingesta emocional es identificar el problema. Algunas preguntas que pueden ayudarnos a detectar si nuestro hijo o hija puede tener ingesta emocional son:

  • ¿Tiene un descontrol con la comida?
  • ¿Dice que tiene hambre después de haber comido un plato normal?
  • ¿Con qué frecuencia le ocurre y en qué situaciones?
  • ¿En casa seguimos hábitos saludables con la comida o hay margen de mejora?

Habrá que individualizar las pautas en cada caso, pero algunas recomendaciones generales son :

  • Mejorar los hábitos familiares. Si no tenemos hábitos saludables en la familia, lo podemos remediar: asegurar unos horarios de comida, planificar la compra, comer juntos en la mesa.
  • Gestionar el entorno. No tener en el domicilio alimentos de uso esporádico (especialmente ultraprocesados, que se compran sólo para ocasiones especiales). Si no los tenemos en el domicilio, hacemos más difícil que en caso de «urgencia» la persona se descontrole. Por ejemplo, no es necesario tener galletas en casa o patatas de bolsa, pero las compramos cuando hay una fiesta.
  • Hacer ejercicio y cuidar el sueño. Los hábitos saludables incluyen realizar ejercicio y dormir las horas recomendadas por edad.
  • No reforzar con comida. Revisar si premiamos la buena conducta con alimentos. Habrá que pensar en otros premios, por ejemplo, unas buenas notas se pueden premiar pasando un día en ese lugar que nos gusta tanto. O si utilizamos la comida por «miedo a que se enfade» y buscar otras estrategias según el caso.
  • Distinguir el apetito de las ganas de comer. Ayudar a identificar cuando el niño o adolescente tiene hambre o ganas de comer. Si ha terminado de comer recientemente, difícilmente tendrá hambre. Otra pista serán las sensaciones corporales de hambre o la ausencia de éstas. Si cuando pasan unos minutos y se distrae, ya no recuerda que quería comer, quizás no era hambre. Si sólo tiene hambre por determinados alimentos, pero no por otros, eso quizás tampoco sea hambre.
  • Planificar momentos de riesgo (aburrimiento). Cuando la ingesta emocional se produce en relación con la gestión del aburrimiento, podemos ayudar al niño o al adolescente a organizarse en horas de mayor riesgo. Podemos empezar planificando una actividad de interés en un entorno en el que no sea posible comer (por ejemplo, realizar deporte). El objetivo final será que la persona pueda gestionar el aburrimiento de manera autónoma y sin necesidad de comer.
  • Trabajar la regulación emocional y la resolución de conflictos. En caso de que la ingesta descontrolada se produzca debido a las dificultades de regulación emocional o de solución de conflictos, será necesario ayudar a la persona a identificar las emociones ya regularlas de otra manera, y a buscar posibles soluciones a los conflictos. En algunos casos será necesario contar con la ayuda de un profesional del campo de la psicología.
  • Buscar ayuda profesional cuando hay otro trastorno como TDAH o TEA. Es necesario que este problema se aborde de forma integrada y global con la ayuda de los profesionales clínicos.

 

El Hospital Sant Joan de Déu Barcelona está llevando a cabo un estudio para conocer mejor el trastorno por atracón y las conductas relacionadas a él y poder encontrar predictores de este trastorno. Por eso, necesitamos la participación de adolescentes de entre 12 y 18 años, que estén en seguimiento por obesidad y que hagan atracones o tengan ingesta emocional. Si crees que tu hijo o hija podría participar y quieres más información sobre el proyecto, puedes escribir un correo a hospitalbarcelona.estudiprecbed.salutmental@sjd.