Diferencias de género en el uso de las pantallas
Resumen
Vivimos en una sociedad hiperconectada. La aparición de las tecnologías de la información, comunicación y relación (TRIC) han causado un gran impacto en nuestra sociedad, actuando como agentes socializadores de niños, niñas y adolescentes.
Y es ahí, en las redes sociales, donde se reproducen, refuerzan y difunden muchos de los llamados mandatos de género: comportamientos que social y culturalmente se atribuyen a las personas por ser un hombre o una mujer. Son aprendidos desde la infancia y se van transmitiendo por la interacción de distintos espacios de socialización: la escuela, la familia, los medios de comunicación y elementos culturales como el cine, la moda o la publicidad.
Algunos mandatos de género son:
Ellas:
- Estar al cuidado de los demás.
- Ser maternal, responsable, sensible, tierna, sentimental, dócil.
- Priorizar las necesidades de los demás.
- Ser sexualmente deseable.
Ellos:
- Asumir riesgos.
- Ser valiente, temerario.
- Ejercer el poder y control sobre los demás.
- Mostrarse seguro, astuto, independiente, impulsivo.
- Tener dificultad para expresar emociones.
Hay que matizar que al hablar de sexo se alude a las características biológicas que definen a las mujeres y a los hombres, mientras que el género se refiere a los roles y rasgos que se consideran masculinos o femeninos y que nos asignan por nacer de un sexo u otro. Podemos decir que al nacer ya nos hacen un traje a medida. Pero a menudo se asocia el término género a mujeres cuando es una categoría que hace referencia a ambos sexos.
Estas diferencias se trasladan al uso de las pantallas y condicionan las prácticas digitales, lo que exige incorporar la recurrente llamada perspectiva de género en la prevención e intervención de los usos problemáticos de pantallas.
¿Cómo usan las pantallas las chicas?
Según el informe Infancia, adolescencia y bienestar digital (UNICEF, 2025), las chicas presentan un comportamiento más activo en el uso de las pantallas: suben más a menudo fotos, historias o coreografías y participan en retos virales, y con un porcentaje más elevado en el uso problemático. Este uso las hace más vulnerables y conlleva el riesgo de ser rechazadas o de sufrir situaciones de ciberacoso, y también pueden convertirse en el blanco de la violencia machista en las redes sociales, ya que las fronteras entre lo público, lo privado y lo íntimo quedan prácticamente difuminadas (Tisseron, 2014).
Por otro lado, la exposición constante a imágenes y mensajes que promueven un estándar y un ideal de belleza inasumible, y casi siempre inalcanzable, promulgados por la publicidad en Internet y los influencers y youtubers, pueden perpetuar los estereotipos e ideales femeninos, y pueden influir negativamente en su autopercepción, su autoestima, generar inseguridad y provocar trastornos de la conducta alimentaria o malestar emocional.
Las diferencias que presentan chicos y chicas en el uso de pantallas responden a los mandatos de género: mientras que los chicos son socializados hacia la competición y el dominio tecnológico, las chicas hacia el cuidado de la imagen y la comunicación social.
El informe también constata un dato sumamente interesante: más de la mitad de los adolescentes ya manifiestan la necesidad de desconexión digital para favorecer el descanso, la concentración y el equilibrio. Esta necesidad es mayor entre las chicas.
¿Cómo usan las pantallas los chicos?
Los chicos son socializados para ser competitivos, activos y exitosos. Ello se traduce en un uso más lúdico de las pantallas a través de juegos de azar online y videojuegos. Apostar no se considera una práctica femenina, hacerlo puede conllevar censura social, pues se asocia a valores definidos como masculinos: valentía, riesgo y proactividad.
Según el Anuario 2024 de la Asociación Española de Videojuegos (AEVI) por primera vez en España hay más jugadoras en dos franjas de edad, de 25-24 y 45-64 años, un dato sin duda relevante. Sin embargo, la creciente presencia de mujeres no ha supuesto un cambio o eliminación de los estereotipos de género en su representación (Santana, 2020).
Las chicas acostumbran a compartir en exceso la vida privada en las redes sociales como herramienta de validación y reconocimiento, y esto las hace más vulnerables.
En cuanto a las redes sociales, ellos tienden a ser más reservados y a no exponer en exceso su vida personal. Esto les mantiene más protegidos y a salvo de comentarios dañinos o juicios negativos.
En relación con el consumo de pornografía a través de Internet y dispositivos digitales, existe una diferencia significativa entre chicos (57,5%) y chicas (23%), según el informe de UNICEF (2025). Este consumo comporta consecuencias negativas en la población infantil y juvenil, algunas recogidas en el Decálogo sobre el impacto de la pornografía en menores (AEPD,202):
- Incrementa estereotipos de género.
- Normaliza la conducta sexual violenta.
- Aumenta las conductas sexuales de riesgo.
- Eleva los niveles de soledad de adolescentes.
El consumo de pornografía se convierte, así, en una escuela informal de educación sexual.
Prevenir con perspectiva de género
Algunas recomendaciones educativas y de acompañamiento con perspectiva de género son (Diputació de Barcelona, 2023):
Profesionales
- Contar con profesionales formados en perspectiva de género.
- Trabajar los riesgos específicos del uso de pantallas, no desde la culpa o responsabilización, y en espacios no mixtos.
- En el trabajo con familias, no partir de modelos estándar y la distribución clásica de roles. Contemplar la diversidad familiar.
- Incorporar identidades no binarias adaptando materiales y acciones.
- Con personas adolescentes: fomentar habilidades socioemocionales para construir relaciones de amistad y de pareja sanas, basadas en el respeto y el compromiso
- Fomentar la reflexión crítica.
- Revisar materiales preventivos evitando estereotipos sexistas.
- Promover una educación desde la igualdad de género y diversidad.
Familias
- Revisar los mensajes transmitidos a hijos e hijas por si perpetúan mandatos de género. No tener una doble vara de medir.
- Conocer las aplicaciones y los amigos virtuales de hijos e hijas para ser un interlocutor válido.
- Reflexionar sobre el uso y las publicaciones en redes sociales.
- Modelar con el ejemplo.
- Acompañar en el establecimiento de límites entre lo público y privado.
- Abordar con naturalidad el interés por la sexualidad, educando en el respeto y la diversidad.
Debemos tener presente el currículo oculto positivo, es decir, transmitir e incorporar de manera natural, silenciosa, constante e implícita la perspectiva de género en todos los ámbitos sociales para promover y garantizar un aprendizaje y una educación equitativa e inclusiva.
Las diferencias significativas por género justifican la necesidad de adoptar un enfoque de género en el diseño de nuevas políticas de prevención e intervención. Este enfoque, en palabras de Patricia Ramírez, antropóloga y educadora social, «es sin duda una herramienta para el cambio. Para conseguir una sociedad plural, diversa y protegida frente a riesgos y desafíos y entornos digitales más positivos y sostenibles. No hay tiempo que perder».
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