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Artículo

Crecer acompañados: los beneficios de la comunidad en la adolescencia

Una estrategia clave de prevención en salud mental
Ana Caruezo

Ana Caruezo Carnero

Comunicadora científica y social
Fundació Nous Cims
María González

Maria González Porcel

Experta en proyectos socioeducativos en contextos de vulnerabilidad. KOA Programme
Fundació Nous Cims
Grupo de adolescentes
©Monkey Business via Canva.com

Resumen

El apoyo comunitario es esencial para la salud mental en la adolescencia, ya que propicia un sentido de pertenencia y reduce el aislamiento social, una creciente amenaza pública. Las conexiones seguras y el apego estable son cruciales para un desarrollo cerebral óptimo, con evidencia de que el apoyo social reduce la depresión y mejora la calidad del sueño. Intervenciones comunitarias efectivas incluyen grupos de apoyo entre pares y actividades colectivas que promueven el bienestar emocional. La construcción de comunidad requiere prácticas concretas, como crear espacios seguros, que fomentan la autonomía y la pertenencia en la adolescencia.
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Cuando hablamos de salud mental y, sobre todo, de la prevención de los problemas de salud mental, no podemos dejar fuera los vínculos, los espacios seguros y el sostén que ofrece sentirse parte de una comunidad.

Quienes trabajamos con adolescencias sabemos que lo comunitario es, muchas veces, el motor que permite que una persona se sienta acompañada, reconocida y parte de algo compartido.

La desconexión social, una amenaza de la salud pública

Vivimos en una época marcada por el individualismo y la progresiva erosión de los lazos comunitarios. La soledad y el aislamiento han dejado de ser experiencias individuales para convertirse en un fenómeno colectivo que afecta al bienestar físico, emocional y relacional. La soledad es la brecha entre las conexiones que deseamos y las que realmente tenemos; el aislamiento social es la falta objetiva de relaciones.

El IX Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en España sitúa el aislamiento social como uno de los factores que más deterioran la salud mental, sobre todo la falta de redes de apoyo estables y sólidas (Flores, 2025). La Comisión de la OMS sobre Conexión Social reveló en 2025 que 1 de cada 6 personas en el mundo vive con soledad (OMS, 2025).

Además, la mitad de los trastornos mentales aparecen antes de los 14 años. Muchas veces están precedidos por dificultades psicosociales que, si no se atienden a tiempo, pueden evolucionar hacia problemas más graves. Esto refuerza la necesidad de estrategias preventivas amplias, que integren lo psicológico, lo educativo y lo comunitario (Colizzi et al., 2020).

Soledad juvenil

Factores que favorecen la soledad no deseada en jóvenes

¿Por qué la comunidad previene los problemas de salud mental?

Los cambios neurodesarrollativos en la juventud representan tanto vulnerabilidades como oportunidades. Las relaciones de apego estables y los entornos seguros son factores esenciales para un desarrollo cerebral óptimo (Colizzi et al., 2020). Un estudio del Massachusetts General Hospital, identificó la conexión social como el factor preventivo más potente frente a la depresión, por encima de más de cien factores modificables analizados, incluyendo el ejercicio, la dieta y el entorno. Además, las personas con alto apoyo social percibido tienen un 63% menos de riesgo de depresión y un 52% menos de riesgo de mala calidad del sueño (APA, 2020).

Lo comunitario es, muchas veces, el motor que permite que una persona se sienta acompañada, reconocida y parte de algo compartido.

Las iniciativas comunitarias (actividades de ocio estructuradas, encuentros regulares, espacios compartidos, etc.) aumentan el bienestar emocional y la participación (Tuaf & Orkibi, 2023). Además, la relación entre comunidad y bienestar es bidireccional: formar parte de una comunidad mejora el estado mental, y un mejor estado mental facilita participar más y mejor en la vida comunitaria (Saeri et al., 2018).

La adolescencia, un grupo especialmente vulnerable

La soledad tiene efectos especialmente críticos durante la adolescencia y la adultez temprana. Entre el 17% y el 21% de los jóvenes de 13 a 29 años afirman sentirse solos, y cuando esta vivencia se vuelve crónica, puede asociarse con un mayor riesgo de conductas violentas, bullying e ideación suicida (Infocop, 2025). En estas etapas, las conexiones sociales, tanto con pares como con la comunidad educativa, tienen un rol fundamental. La adolescencia es una ventana neurobiológica particularmente sensible, en la que la influencia del grupo de iguales aumenta y puede actuar como un potente factor protector (Birell, 2025).

Otro grupo especialmente expuesto es el de las personas migrantes, cuyos procesos suelen implicar la ruptura de vínculos familiares, comunitarios y culturales. A esto se añaden barreras idiomáticas, discriminación o precariedad laboral, que incrementan el riesgo de soledad no deseada, aislamiento social y malestar emocional.

Beneficios colectivos versus beneficios individuales

Los grupos de apoyo entre pares, las iniciativas que fortalecen la vinculación escolar y las intervenciones urbanas que facilitan encuentros y actividades comunitarias son enfoques prometedores (CDC, 2024). Todas ellas desplazan la prevención del plano exclusivamente individual al relacional y comunitario, donde la evidencia señala efectos protectores más sostenidos.

La adolescencia es una ventana neurobiológica particularmente sensible, en la que la influencia del grupo de iguales aumenta y puede actuar como un potente factor protector.

Diferenciar entre beneficios individuales y colectivos permite entender cómo se complementan. Las intervenciones individuales, como el entrenamiento socioemocional o el acompañamiento psicológico, pueden mejorar la capacidad de identificar y pedir apoyo, pero su impacto depende en gran medida del contexto en el que vive cada persona. Los beneficios colectivos, en cambio, actúan sobre las dinámicas grupales: permiten detectar señales de malestar antes, distribuyen la responsabilidad, reducen el estigma y fortalecen la pertenencia. Los grupos de pares funcionan precisamente por esta lógica comunitaria de reconocimiento y sostén mutuo.

Ocio salud mental

Promover la salud mental a través del ocio

Prácticas que funciona en espacios con adolescentes

Más allá de las grandes políticas, la comunidad también se construye en lo cotidiano. En los espacios que compartimos con adolescentes, hay prácticas concretas que marcan la diferencia:

  • Hacer rituales sanos: generar una bienvenida que sea un espacio fijo para expresarse y una despedida que cierre el encuentro.
  • Dar roles, tareas o pequeños liderazgos, que fomenten su autonomía y pertenencia.
  • Proporcionar espacios sin juicio mediante un círculo de palabra, un rincón tranquilo o simplemente un rato de charla sin estructura. No todo tienen que ser actividades estructuradas.
  • Celebrar lo cotidiano, reconociendo avances, gestos de cuidado o pequeñas mejoras, para reforzar la confianza grupal.

Construir comunidad es un pilar de la salud mental. Las evidencias lo confirman, pero sobre todo lo hace la experiencia cotidiana de quienes acompañamos adolescencias. En un mundo que tiende al aislamiento, apostar por vínculos reales, desde las políticas hasta los espacios educativos, es una forma de cuidado colectivo y una inversión de futuro.

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